La primavera comenzaba a dar sus primeros indicios en las montañas del norte, derritiendo la nieve gruesa y dejando al descubierto los primeros brotes verdes entre los pinos. Una tarde, mientras Harry cortaba leña cerca de la cabaña, un crujido profundo entre los arbustos lo obligó a ponerse en guardia.
De la espesura del bosque emergió una criatura imponente: un lobo de las montañas, de un tamaño mucho mayor al de un animal común. Su pelaje era de un blanco tan puro que brillaba como la luz del sol, pero sus ojos eran de un color negro profundo y místico, idéntico a las sombras de la noche. Era un espíritu del bosque neutral, una criatura mágica que representaba la unión perfecta de ambos mundos.
Harry bajó el hacha lentamente al notar que el lobo no mostraba agresividad. El animal caminó con pasos elegantes hacia la entrada de la cabaña y se echó pacíficamente junto a la puerta, como si reclamara su lugar como el nuevo guardián del hogar.
Hermayoni asomó su rostro por la puerta, abriendo los ojos de par en par ante la belleza de la criatura. Al ver que el lobo bajaba la cabeza en señal de respeto, ella se acercó sin miedo y acarició su espeso pelaje blanco.
—Es hermoso, Harry... —susurró ella, sonriendo—. Parece que ha decidido protegernos.
Harry se acercó por detrás, rodeando la cintura de Hermayoni con sus brazos mientras observaban al lobo, que cerraba los ojos disfrutando de las caricias de la princesa.
Sin embargo, al abrazarla, Harry notó que Hermayoni respiraba con un poco de agitación y que su piel se sentía más cálida de lo normal. En las últimas semanas, ella había estado más cansada y distante, perdiéndose a menudo en sus propios pensamientos.
—Hermayoni... ¿te encuentras bien? —preguntó Harry con preocupación, girándola con suavidad para mirarla de frente—. Has estado muy pálida estos días.
Hermayoni guardó silencio por un momento, bajando la mirada hacia sus propias manos, que temblaban ligeramente por la emoción. Tomó la mano derecha de Harry, la guió con ternura hacia su propio vientre y la presionó suavemente allí. Levantó sus ojos grises, empañados en lágrimas de felicidad pura.
—Estoy bien, Harry. Mejor que nunca —dijo en un hilo de voz, con el corazón latiéndole a mil por hora—. Es solo que... ya no somos solo nosotros dos en esta cabaña.
Harry se quedó completamente estático, procesando las palabras de la princesa. Miró su mano sobre el vientre de ella y luego volvió a mirarla a los ojos, con una mezcla de incredulidad y un amor tan inmenso que le cortaba la respiración.
(Pensamiento de Harry: "Un hijo... Un milagro nacido de la Luz y de las Sombras. La sangre de nuestros reinos enemigos, unida en el ser más puro del mundo. Mis padres y su padre querían destruirnos por estar juntos, pero la vida ha ganado. Este niño será la prueba viviente de que el amor es más fuerte que cualquier guerra").
Una lágrima de pura felicidad resbaló por la mejilla de Harry, algo que jamás le había sucedido al rudo príncipe guerrero. Se inclinó y la abrazó con una desesperación llena de ternura, levantándola un poco del suelo mientras escondía su rostro en su cuello.
—Gracias... gracias, Hermayoni —susurró él con la voz rota de la emoción—. Te prometo que daré mi vida entera por protegerlos a ambos. A partir de hoy, nuestro futuro empieza de verdad.
A los pies de la pareja, el gran lobo blanco de ojos oscuros emitió un suave aullido hacia el cielo despejado, como si celebrara el anuncio del nuevo heredero que algún día traería la paz definitiva a las tierras divididas.