El viaje a través de los picos más altos y prohibidos de las montañas del norte fue un calvario silencioso. Hermayoni apenas podía mantenerse en pie; la magia oscura del eclipse que había desatado consumía su fuerza vital a un ritmo alarmante, pintando delgadas venas negras que subían por sus muñecas pálidas hacia su cuello. Harry la cargaba en sus brazos, ignorando el dolor de su propia herida vendada, mientras Kael y el gran lobo blanco abrían paso en la tormenta.
Finalmente, llegaron a la base de una grieta de obsidiana donde se ocultaba la morada de Morrigan, la bruja antigua de las montañas. El interior de la cueva olía a incienso de ceniza y raíces secas. Sentada frente a un caldero de fuego fatuo, una anciana de ojos completamente ciegos y cubiertos por un velo blanco los esperaba.
—Sabía que el fruto del dolor los traería hasta mí —siseó la bruja con una voz que parecía el crujido de hojas secas—. La princesa de la Luz ha bebido de la oscuridad, y el precio por su osadía es su propia vida.
Harry dio un paso al frente, con los ojos inyectados en sangre y una desesperación salvaje en el rostro.
—Cállate y sálvala —rugió Harry, deponiendo su espada a los pies de la anciana—. Pídeme lo que quieras. Mi sangre, mi alma, mi corona... pero no dejes que se apague.
La bruja soltó una carcajada lúgubre, pero al extender sus manos esqueléticas hacia Hermayoni, se detuvo en seco. Al tocar la frente de la princesa, la anciana experimentó una visión que la hizo temblar.
—No es una maldición ordinaria... —susurró la bruja, ahora con profundo respeto—. Su dolor ha despertado la magia del Eclipse Primordial, aquella que los antiguos textos del Reino de las Sombras profetizaban. Una magia capaz de doblegar tanto a la luz como a la oscuridad. Niña... tu cuerpo no la soporta porque tu mente aún se aferra a la culpa. Debes aceptar tu nueva naturaleza si quieres sobrevivir.
(Pensamiento de Hermayoni: "Culpa... Sí, me culpaba por perder a mi bebé, por arrastrar a Harry a la nieve. Pero la culpa no me devolverá lo que perdí. Si tengo que convertirme en un monstruo para que mi esposo viva y los culpables paguen, que así sea. Acepto las sombras").
Con un suspiro profundo, Hermayoni abrió los ojos. Los destellos negros regresaron a sus pupilas, pero esta vez de forma controlada. Las venas oscuras de sus brazos dejaron de quemarle la piel; la magia se asentó dentro de ella, obedeciendo a su voluntad. La debilidad desapareció, reemplazada por una presencia imponente y majestuosa.
La bruja se retiró, asintiendo con la cabeza.
—Has domado a la bestia que llevas dentro, princesa del eclipse. Pero una magia tan grande requiere un escenario digno. No podrás esconderte en estas montañas para siempre.
Harry se acercó a Hermayoni y le tomó la mano, sintiendo que por fin su piel ya no estaba helada, sino cargada de un poder electrizante. Kael dio un paso al frente y desenvainó su espada, arrodillándose ante ambos.
—Es el momento, mi príncipe —declaró Kael con firmeza—. Con el poder de la princesa y mi conocimiento de las defensas, es hora de marchar hacia la capital. Tu padre se ha vuelto débil y paranoico. Debemos reclamar el trono del Reino de las Sombras. Solo con su ejército completo a nuestra disposición podremos aplastar al Reino de la Luz y construir el nuevo mundo que juraron proteger.
Harry miró a Hermayoni, y en los ojos grises de ella vio reflejada la misma sed de justicia y poder que ahora habitaba en los suyos. El tiempo de esconderse y sufrir había terminado.
—Prepara los caballos, Kael —ordenó Harry, con una voz que heló el ambiente—. Marchamos hacia el Reino de las Sombras. Vamos a reclamar lo que es mío.