"Amor entre cenizas y plata"

El asalto a las puertas y el juicio del trono

Decidieron que la fuerza era el único lenguaje que el Reino de las Sombras respetaría. Con el sigilo de Kael guiándolos a través de los desfiladeros de obsidiana, Harry, Hermayoni y el gran lobo blanco llegaron a las imponentes puertas de hierro negro de la capital. Sabían que el rey los esperaba con una trampa mágica, pero no pensaban esconderse en los túneles secretos. Entrarían por el frente.

Al cruzar el umbral exterior, las antorchas de fuego azul del patio de armas se encendieron de golpe. Decenas de soldados de las Sombras salieron de las almenas, apuntando con ballestas pesadas. En el centro del patio, flotando sobre un altar de piedra, un artefacto ancestral del reino comenzó a brillar: el Corazón de la Noche, una gema mística activada por el padre de Harry para anular cualquier magia invasora.

—¡Es una trampa de supresión! —advirtió Kael, desenvainando su espada con esfuerzo mientras sentía cómo el aire se volvía pesado y drenaba sus fuerzas—. El rey activó la reliquia. Ninguna magia puede funcionar aquí.

Harry dio un paso al frente, sintiendo el vacío de la energía en su propio pecho, pero Hermayoni no retrocedió. Cerró los ojos, conectando con el dolor de su pérdida y la sabiduría que la bruja Morrigan le había entregado en las montañas. La magia del Eclipse Primordial no pertenecía solo a la luz o a la oscuridad; estaba por encima de las leyes de ambos mundos.

(Pensamiento de Hermayoni: "Creen que una joya antigua puede apagar lo que llevo dentro. No entienden que mi poder ya no nace de sus reinos. Nace del vacío que nos dejaron. El eclipse no se puede contener").

Hermayoni abrió los ojos, completamente teñidos de un negro absoluto. En lugar de debilitarse por la trampa mágica del rey, el Corazón de la Noche comenzó a temblar. El aura oscura y plateada de la princesa brotó con tanta violencia que la gema del altar se agrietó, estallando en mil pedazos de cristal negro. La trampa del rey había sido pulverizada en un segundo.

El impacto de la onda expansiva arrojó a los soldados de las murallas al suelo. Al ver a la princesa de la Luz dominar una magia de las sombras más pura y antigua que la de su propio monarca, el pánico y el respeto se apoderaron del ejército.

—¡Soldados de las Sombras! —la voz de Harry resonó con la fuerza de un verdadero líder, alzando su espada negra en medio del patio destruído—. Mi padre los ha llevado a una guerra de cobardes, persiguiendo a inocentes en las montañas mientras el reino se cae a pedazos. ¡Yo he regresado para reclamar el trono que me corresponde por derecho de sangre! ¡Únanse a mí, o caigan ante el eclipse!

Kael hincó la rodilla en el suelo helado frente a sus antiguos subordinados. El gran lobo blanco emitió un rugido imponente que sacudió las estructuras del castillo.

Los soldados se miraron entre sí. Uno a uno, impresionados por el poder devastador de Hermayoni y la determinación inquebrantable de su legítimo príncipe, bajaron las ballestas. El capitán de la guardia del patio avanzó, envainó su arma y golpeó su armadura en señal de respeto, arrodillándose ante la pareja. El resto del ejército lo siguió de inmediato, entregando su lealtad sin derramar una sola gota de sangre.

Harry miró a Hermayoni, cuyos ojos regresaban a su gris natural mientras le ofrecía una sonrisa cómplice y decidida. Tenían al ejército. Las puertas de la sala del trono estaban justo delante, y el rey los esperaba adentro, completamente desprotegido.




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