Las pesadas puertas de hierro de la sala del trono se abrieron de par en par con un estruendo que resonó en todo el castillo. El rey de las Sombras, sentado en su trono de obsidiana, vio entrar a su hijo Harry y a la princesa Hermayoni, seguidos por Kael y el gran lobo blanco. El monarca, paranoico y consumido por el odio, desenvainó su espada maldita, cuyo acero goteaba una energía purpúrea y corrupta.
—¡Traidor! —rugió el viejo rey, levantándose—. Traes a la heredera de la Luz a mi santuario y destruyes mis reliquias. No mereces llevar mi sangre.
—Esta sangre ya no te pertenece —respondió Harry con una voz gélida y firme, dando un paso al frente y levantando su espada negra—. He venido por la corona, padre. Por el derecho ancestral del acero. Un duelo formal. Que el trono decida quién es el verdadero soberano.
El rey soltó una carcajada desquiciada y se lanzó al ataque. El choque de sus espadas desató una ráfaga de chispas oscuras en el centro de la sala. El combate fue brutal; el viejo rey peleaba con la experiencia de mil batallas, presionando a Harry y obligándolo a retroceder hacia las columnas de piedra.
Varios consejeros reales y guardias leales al viejo monarca intentaron desenvainar sus armas para atacar a Harry por la espalda. Al notar la cobardía, Hermayoni dio un paso al frente. Sus ojos se tiñeron de un negro absoluto y, con un movimiento de su mano, desató una barrera de neblina oscura y relámpagos plateados que rodeó el área del duelo.
—Nadie interviene —sentenció Hermayoni con un eco sobrenatural que paralizó de terror a los presentes—. Este es el juicio de las Sombras. Si alguien da un paso, su alma pertenecerá al eclipse.
(Pensamiento de Hermayoni: "Ya nos quitaron todo una vez. No voy a permitir que jueguen sucio de nuevo. Harry ganará este trono con su propia fuerza, y yo seré el escudo que asegure su destino").
Harry, inspirado por la protección de Hermayoni, bloqueó un golpe descendente de su padre con el reverso de su escudo. La espada corrupta del rey quedó atrapada por un instante. Aprovechando la milésima de segundo, Harry giró sobre su propio eje y asestó un corte limpio y devastador que desarmó al monarca, enviando la espada maldita a volar por los aires.
El viejo rey cayó de rodillas, jadeando, con la punta de la espada negra de Harry apuntando directamente a su garganta. Al verse completamente acorralado y desprotegido, el miedo sustituyó a su arrogancia.
—Espera... Harry... —suplicó el rey con la voz temblorosa—. Si me matas, nunca sabrás la verdad. Tu preciosa princesa... su padre, el rey de la Luz, no la busca para salvarla. Él sabe lo que su sangre puede hacer. ¡Fue él quien envió la maldición oculta en esa flecha de plata para destruir a tu hijo! Él planeó todo desde el principio para que ella despertara el eclipse y usarla como un arma...
Hermayoni abrió los ojos de par en par, sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies al escuchar la terrible revelación sobre su propio padre. Harry miró de reojo a su esposa y vio el dolor reflejado en su rostro. La furia en el pecho del príncipe llegó a su límite.
—Ya no vas a envenenar más nuestras vidas con tus mentiras y tus guerras —sentenció Harry.
Sin titubear, Harry bajó su espada con una fuerza implacable, terminando con la vida del tirano en un golpe definitivo. El cuerpo del viejo rey se desvaneció en un montón de cenizas oscuras sobre los escalones del trono.
El silencio volvió a la sala. Harry guardó su arma y se giró hacia Hermayoni, tomándole las manos con ternura para transmitirle su apoyo ante el oscuro secreto revelado. Luego, caminó hacia el trono, tomó la pesada corona de hierro negro que yacía en el suelo y se la entregó a Hermayoni.
La princesa del eclipse se colocó frente a él. Con sus ojos grises llenos de una determinación inquebrantable, colocó la corona sobre la cabeza de su esposo.
—Larga vida al nuevo Rey de las Sombras —proclamó Hermayoni con firmeza.
Kael, los guardias y los consejeros se arrodillaron de inmediato en un saludo unísono, mientras el gran lobo blanco aullaba desde la entrada. Harry miró al horizonte a través de los grandes ventanales del castillo. Tenían el trono. Tenían el ejército. Y ahora, sabiendo la verdad sobre el rey de la Luz, la guerra final estaba a punto de comenzar.