"Amor entre cenizas y plata"

El manifiesto de la verdad

La revelación en la sala del trono había dejado una herida abierta en el corazón de Hermayoni, pero también le había dado una claridad absoluta. Sentada junto a Harry en el gran consejo del Reino de las Sombras, la nueva reina del eclipse rechazó la idea de marchar con las espadas en alto para masacrar el hogar de su infancia.

—Mi padre los engañó a todos —dijo Hermayoni, con sus ojos grises fijos en los generales de las Sombras—. Les hizo creer que Harry me tenía secuestrada y que las Sombras eran el enemigo para justificar sus ataques. Si marchamos con un ejército para destruir la Luz, solo les daremos la razón. El odio engendrará más odio.

Harry le tomó la mano sobre la mesa de obsidiana, apoyando su decisión por completo.

—No busco ser el rey que gobierne sobre cenizas —declaró Harry, mirando con firmeza a sus hombres—. Queremos un mundo donde nuestro futuro hijo pueda nacer sin el peso de una guerra. Kael, activa nuestra red de espías. No enviaremos soldados; enviaremos la verdad.

Bajo las órdenes de los nuevos reyes, Kael y el gran lobo blanco coordinaron una misión silenciosa. En lugar de armas, los emisarios de las Sombras cruzaron la frontera llevando cartas mágicas escritas por la propia Hermayoni. En ellas, la princesa narraba la verdad de su escape, el amor puro que compartía con Harry, la dolorosa pérdida de su bebé por culpa de la flecha de plata y la locura de su propio padre, el rey de la Luz.

Esas cartas fueron entregadas en secreto a los rebeldes, a los campesinos y a los nobles descontentos del Reino de la Luz, quienes ya estaban cansados de los altos impuestos y de la tiranía del viejo rey.

(Pensamiento de Hermayoni: "Mi voz llegará a ellos. El pueblo de la Luz no es malvado, solo ha vivido en la ignorancia y el miedo. Cuando vean que la oscuridad no viene a destruirlos, sino a ofrecerles una alianza, las murallas de mentiras de mi padre caerán por sí solas").

El plan funcionó mejor que cualquier estrategia de guerra. Al enterarse de que su querida princesa estaba viva, que era la Reina de las Sombras y que su propio monarca había provocado la tragedia de su nieto, el Reino de la Luz comenzó a fracturarse desde adentro. El pueblo y gran parte del ejército real bajaron sus armas, negándose a pelear una guerra basada en los pecados y la ambición de un solo hombre.

Una noche, Kael regresó a la sala del trono con noticias urgentes.

—Majestades, los rebeldes y los capitanes del Reino de la Luz han tomado el control de las puertas de la capital —anunció Kael con una sonrisa de alivio—. Han sitiado al rey en su propio palacio. No quieren guerra. Nos están invitando a entrar para deponer al tirano y firmar un tratado de paz definitivo entre ambos reinos.

Harry se levantó, ajustando su capa de soberano, y miró a Hermayoni. El momento final había llegado, no como una masacre, sino como el amanecer de una nueva era.

—Es hora de volver a casa, Hermayoni —dijo Harry con ternura—. Pero esta vez, entraremos por la puerta grande.




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