Amor entre rejas

Capítulo 16 - La familia reunida -

 

En seis meses yo y Omar nos habíamos conocido más a fondo y ambos habíamos aceptado y querido las virtudes y los defectos del otro. Yo ya me había acostumbrado a sus rodillazos durante la noche y su pasión incesable por el mismo libro del oso perezoso, que teníamos que leer todas las noches y cuando lo acabábamos, volver a empezar, tanto que ya lo conocía de memoria; en cambio, él se había habituado a mis suaves ronquidos cuando dormía o al adorable olor de frutos rojos que dejaba mi vela favorita por la casa.

Él en un par de semanas habría empezado el segundo año de primaria, en un nuevo instituto, aunque ya conocía algún compañero, ya que pasábamos los días en el parque del barrio; mientras yo ya había empezado mi nuevo trabajo en la FPA, mi compañero de confianza era Gonzalo que había pasado el verano opositando y conseguido la vacante en mi comisaría; ellos para Omar ya eran los tíos y durante aquellos meses quedábamos los cuatro un par de veces por semana.

 

Nos encontrábamos enfrente la entrada de la cárcel, esperando que Nacho saliese, faltaban unos pocos minutos a las doce, yo y Omar dábamos vueltas alrededor del coche, sin hablar, ambos estábamos nerviosos y emocionados de aquel reencuentro; durante los seis meses habíamos conseguido ver a Ignacio muchas veces, dejarle actualizado sobre las novedades, pero aún no habíamos vivido fuera de aquellas paredes los cuatro juntos.

Escuchamos el ruido oxidado de la puerta metálica, dimos la vuelta y finalmente estaba allí, a pocos metros de nosotros, vestía como aquella famosa mañana de la operación, pero las cosas habían cambiado mucho. Omar fue hacia él abrazándolo fuerte y yo me acerqué hasta caer en sus brazos; sentí una sensación de bienestar interrumpible. 

-Ahora puedo estar con mi familia, por fin- susurró, mientras abrazaba a los dos.

-¡Podremos jugar al detective!

-Claro, los tres- afirmó Nacho, mientras su mano acariciaba mi rostro.

-Sí, yo, tú y mamá- dijo. 

Mi mirada se movió hasta Omar, en seis meses seguía llamándome por nombre y lo había entendido completamente, en aquel momento, emocionada, cogí en los brazos a Omar, le besé la nariz y le susurré:-te quiero hijo- le dejé caer suavemente al suelo y cogí las manos a mis dos hombres. Había maldecido tanto aquella investigación, pero en aquel momento, donde en mi vida brillaba el sol, me di cuenta de que fue la cosa mejor que me había pasado en la vida.

 

Fin

 

 




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