Amor Entre Tiempo

Capitulo 5

Alice

Es viernes, después de clase, hay fiesta.

Estoy en mi habitación con Kate y Emma, ​​preparándome y escuchando música. «Pocketful of Sunshine» suena a todo volumen y el ambiente está lleno de risas y algún que otro paso de baile que me animo a hacer junto con Emma.

—Vamos, la abeja reina ya está calentando motores para la noche increíble que nos espera.

—¿Qué puedo decir? —me encojo de hombros—. Voy a bailar hasta que me duelan los talones.

Emma da una vuelta dramática, con los brazos extendidos. —¡Esa es la actitud! ¡Vamos a arrasar en la fiesta esta noche!

Kate se sienta en mi cama, observándonos mientras se aplica brillo labial. —Espero que haya buena música, no solo pop genérico.

—¡Ay, por favor! —Se burla Emma mientras se echa el pelo hacia atrás—. Bailaremos de todo. ¿Y si no nos gusta? Nos escapamos y vamos a otro sitio mejor.

Coge un tubo de rímel de mi tocador y empieza a maquillarse.

La habitación huele a perfume, a un spray corporal caro mezclado con champú y me miro en el espejo por un segundo: con vaqueros pitillo negros, un top corto brillante debajo de una chaqueta abierta y tacones de plataforma plateados que me hacen parecer al menos cinco centímetros más alta de lo normal.

¡Qué guapa estoy!

—Joder... —Dice Emm con dos pausas, arrastrando a Kate hacia donde estoy frente al espejo, y ahora vemos el reflejo de las tres—. Somos tan guapas, tan perfectas, te juro que no sé cómo seguimos solteras.

—Nos falta un chico.

—Sí, Kate, pero los chicos son tan... Uf, asquerosos, irrespetuosos, es tan raro encontrar a alguien bueno.

—Vale, —me coloco entre ellas y las abrazo por los hombros—, esta noche no es para chicos, es para nosotras, y nos lo vamos a pasar genial.

Emma levanta los brazos dramáticamente.

—¡Bien dicho, hermana! ¡Nada de chicos! ¡A menos que sean dignos de nosotras! —Guiña un ojo.

Kate asiente, arreglándole un mechón suelto del pelo a Emma con los dedos. —Exacto. Nosotras somos las protagonistas esta noche.

Miro a Kate con una sonrisa; suele ser tan callada y tímida, pero Emma y yo siempre conseguimos que se arriesgue un poco. No creo que haga nada extraordinario, pero quiero que se lo pase bien.

Cojo mi bolso de mano y lo coloco bajo el brazo antes de girarme hacia ellas con una sonrisa.

—Muy bien, chicas, ¡es hora de ser icónicas!

Salimos de la habitación juntas, apago la música y bajamos las escaleras, donde mamá nos espera junto a la puerta.

—¡Guau! —Exclama en voz baja al acercarnos—. Están guapísimas.

Los ojos de mamá brillan de orgullo al vernos.

—Esta noche van a ser el centro de atención, —dice, arreglándole el blazer a Emma, las costumbres de mamá son inquebrantables.

Emma ríe y se deja llevar por su caricia. —Gracias, señora Johnson.

Kate le sonríe tímidamente a mamá, quien luego me besa la mejilla con cuidado para no arruinarme el maquillaje.

—Tengan cuidado, —murmura mamá antes de soltarme—. Y avísenme si se van temprano o se quedan hasta tarde.

Asiento con la cabeza contra su hombro antes de separarme.

—¡Lo haremos! ¡Te quiero! —Le doy un beso rápido en la mejilla.

Salimos afuera, donde el papá de Emma nos espera junto a su auto; es el conductor designado, ya que ninguna de nosotras tiene edad para conducir todavía y menos mal.

El papá de Emma nos saluda desde el auto, ya sentado al volante con el motor encendido.

—¡Suban, chicas! —grita alegremente.

Nos apretujamos en el asiento trasero, Kate y yo en el asiento trasero y Emma alante al lado de su papá, mientras que el señor Williams sube el volumen de Taylor Swift en su altavoz Bluetooth.

—¡Ooooh! —digo cuando empieza a sonar «Love Story» —. Perfecto.

Emma sonríe y enseguida empieza a cantar desafinada pero con la misma emoción como siempre. Kate se ríe en voz baja a su lado, disfrutando de lo ridículas que somos.

El auto sale de mi entrada hacia nuestra tranquila calle residencial; la luz dorada de las luces baña todo con un cálido resplandor a través de las ventanas.

El trayecto es corto, apenas quince minutos hasta la fiesta, que se celebra en casa de Jake Miller.

La familia de Jake tiene una mansión enorme a las afueras de la ciudad, de esas con piscina, varias plantas y espacio suficiente para más de cien personas.

—Me llamas cualquier cosa.

—Sí papá.

—Te ves hermosa, mi niña ya ha crecido. —Le acaricia el cabello—, disfruten chicas.

—Gracias, señor Williams. —Decimos al unísono Kate y yo.

Emma se estira para darle un beso en la mejilla a su padre. —Chao papi.

Bajamos del carro y mientras subimos por el largo camino de entrada, repleto de coches siento un ligero cosquilleo en el estómago. Las fiestas no son nada nuevo para mí... pero esta se siente diferente.

Emma se inclina hacia adelante. —¡Uf! ¡Va a ser una locura ahí dentro!

Kate se muerde el labio nerviosamente a mi lado; le aprieto la mano para tranquilizarla.

—¿Listas? —les pregunto a las dos.

Kate respira hondo y exhala lentamente, su manera de prepararse mentalmente, antes de asentir.

—Yo nací lista, bebé. —Sonrie mi otra mejor amiga.

La puerta de entrada de Jake está abierta de par en par, con música a todo volumen, un remix de hyperpop y luces de neón parpadeantes desde dentro. El bajo retumba en el pavimento bajo mis tacones.

Un grupo de chicos está junto a la entrada fumando cigarrillos; sus ojos se dirigen inmediatamente hacia nosotras al acercarnos.

Uno silba en voz baja.

—Ya han empezado… —digo con irritación.

Emma pone los ojos en blanco al oír el silbato.

—¡Uf, chicos!

Kate se tensa ligeramente a mi lado; no está acostumbrada a tanta atención.

Los pasamos de largo sin decir palabra y entramos en el caótico salón. El lugar está abarrotado: gente bailando sin control, vasos por todas partes —algunos derramados— y esa luz de neón parpadeando como un corazón.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.