Amor Eterno #1 - Todos los caminos me llevan a ti - Editando

Capítulo 27 - SÓLO EXISTE

Veo como Marco sale de mi casa y me derrumbo, mis piernas flaquean y caigo al suelo. No entiendo nada, no sé qué es lo que ha pasado, qué ha podido cambiar de una semana a otra. No entiendo nada, ni si quiera me puedo creer que vuelva a hacerme lo mismo otra vez, si tanto me quería, si tanto quería volver a estar conmigo… ¿Qué es lo que pasado? ¿Por qué parece que ha vuelto a jugar conmigo?

Es como las idas y venidas, ahora sí pero ahora no. Entras en una espiral de la que es muy difícil salir, por más que lo intentas no puedes. No dejas de dar vueltas una y otra vez por el mismo punto, sin salirte de la trayectoria marcada, sin opciones a cambiar las cosas.

Después de tranquilizarme un poco llamo a Igor con la intención de que me explique lo que está pasando, qué es lo que ha ocurrido.

  • Igor – digo como puedo cuando descuelga la llamada.
  • ¿María? ¿Estás bien? – me pregunta preocupado cuando oye mi voz y por las horas en las que le llamo.
  • Sí estoy bien – miento como puedo.
  • ¿Estás llorando? – vuelve a preguntarme - ¿Qué es lo que pasado? – me vuelve a preguntar para que le cuente.
  • Marco ha venido a mi casa y me ha dicho que solo quiere ser mi amigo, que no quiere ser nada más – intento explicarle resumidamente.
  • ¿Cómo? – pregunta sorprendido - ¿Por qué? – me dice sin entender nada.
  • No lo sé, no sé qué es lo que ha podido ocurrir de una semana para otra – me explico – la semana pasada íbamos a intentar algo y ahora… Ahora ya no – dejo de hablar porque los sollozos vuelven a arremeter empapando mis mejillas – Tú tienes que saber algo Igor, él te lo cuenta todo ¿qué es lo que pasado? – pregunto desesperada por conocer la respuesta a esta actitud.
  • No lo sé María – me dice Igor – te juro que no lo sé – me dice con la voz apagada - ¿Por qué no le preguntas a él? Mañana ve a Valdebebas al entrenamiento y habláis – me dice.
  • No lo sé Igor – respondo desganada.
  • ¿Pero le dijiste qué te explicará por qué? – me vuelve a preguntar para intentar entender lo que está pasando.
  • No he sido capaz, me siento rota, destrozada, es como si hubiera vuelto a jugar conmigo otra vez. Me lo ha vuelto a hacer, me prometió que no volvería a hacerme daño, me dijo que me quería… - dejo de hablar porque no puedo más.

Igor no me responde pero oigo ruidos al otro lado, unos susurros que me indican que Igor no está solo, que hay alguien más con él. Le oigo pronunciar mi nombre como si estuviera diciendo a la otra persona con quién está hablando. Después un “¿qué ha pasado?” Y un “tranquilízate ahora me cuentas”.

  • Está ahí ¿verdad? – pregunto a Igor sabiendo que la otra persona que acaba de llegar es Marco.
  • Sí – me responde dubitativo – Yo… - intenta decir pero le corto.
  • No importa Igor, gracias por hablar conmigo – le digo sinceramente mientras limpio las lágrimas que siguen surcando mi cara – creo que tenéis cosas de las que hablar. Además él es tu hermano así que… - intento dejar las cosas bien.
  • María – me dice – sabes que siempre puedes contar conmigo, para lo que sea – me asegura.
  • Lo sé – contesto – pero en esto tienes que estar de parte de tu hermano y aceptar sus decisiones – digo intentando hacerle entender que no tenía porque escoger ni bando ni posición, que entiendo perfectamente porque Marco es su hermano.
  • María… - me vuelve a llamar como regañándome por el hecho de pensar que yo no soy su prioridad, y la verdad es que no lo soy.
  • Buenas noches Igor – me despido.
  • Buenas noches peque – me contesta de manera dulce.

Cuelgo el teléfono y me tumbo en la cama, pensando en la conversación, en lo que había escuchado, en lo que había pasado hace minutos, en todo lo que puede cambiar una vida con tan solo unas palabras, cómo pueden cambiar tus sentimientos con una simple palabra.

Pero esto no se va a quedar así, necesito saber qué es lo que ha pasado, qué es lo que le ha llevado a tomar esta decisión. Mañana le esperaré a la salida del entrenamiento y espero que tenga buenas razones para volver a hacerme daño.

 

Me levanto a regañadientes ya que no he pegado ojo en toda la noche. No he dejado de llorar y el tiempo tampoco acompaña. Las nubes grises amenazan con lluvia y tormenta reflejando cómo me siento hoy.

Cuando estoy lista me voy hasta el autobús que me dejará en la entrada de Valdebebas. Al llegar no encuentro ningún tipo de problema ya que tengo pase y los chicos de seguridad se acuerdan de mí de alguna vez que había ido.

Cruzo los interminables pasillos hasta que llego al campo donde entrenan, miro por todos los lados, distinguiendo a todos los jugadores y buscando a uno en concreto. Hasta que al fin lo encuentro quedándome estática en el sitio, mientras la lluvia que comenzaba a caer con fuerza, se mezclaba entre las lágrimas que surcaban mis mejillas. Allí estaba, ahí estaba Marco. Pero no estaba solo, sino que estaba acompañado por una chica rubia preciosa, bueno más bien no pasaba el aire entre el uno y el otro. Ella le agarraba su brazo y Marco tenía sus manos en su cintura.




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