Amor Eterno #1 - Todos los caminos me llevan a ti - Editando

Capítulo 9 - REALIDAD

 

 

REALIDAD

 

Me limpio las lágrimas con mis manos mientras todos nos observan y yo solo puedo mirar los ojos arrepentidos de Marco. La familia de Marco está expectantes a lo que está pasando, nos miran asombrados y a la vez preocupados por nosotros, por lo que nos estamos diciendo.

—¿Y tú eres quien quería que lo arregláramos? —consigo decir al fin con la voz rota.

Lo miro fijamente, dispuesto a hablar, a decirme algo, pero ya ha hablado suficiente, estoy cansada. Ahora va a ser él quien me tenga que escuchar a mí.

—No puedes pretender hacer como si nada hubiera pasado, Marco. Las cosas no son así, porque pasaron. Pasaron muchas cosas y parece ser que la única que lo ha perdido todo y la que más ha sufrido, he sido yo —lo miro decepcionada—. ¿Queréis saber por qué no fui al entierro? —pregunto ahora mirando a su familia—. Aquí mi supuesto “mejor amigo” —hago las comillas con mis manos en tono irónico—, me pidió que no fuese, que ni se me pasase por la cabeza ir. ¿Y por qué lo hizo? Por su novia, esa que acaba de salir enfada de aquí. Le dio un ultimátum, teniendo que elegir entre ella y yo —los miro fijamente—. Podéis deducir cuál fue su decisión —vuelvo a centrarme en Marco de nuevo.

Cojo aire de nuevo e intento tranquilizarme, no alterar mis nervios para poder seguir hablando. Porque aunque la mirada de Marco me suplica que no siga, tengo que hacerlo, por respeto a mí misma.

—Le conté a Marco que su novia lo había engañado, pero él no me creyó —sigo hablando—. Lo vi con mis propios ojos, vi como le ponía los cuernos, pero prefirió creerla a ella antes que a su mejor amiga. Su mejor amiga, esa que siempre ha estado con él en todo el momento, esa que nunca lo ha abandonado, aun en los momentos más difíciles —sigo recordando ese momento—. Pero la eligió a ella, que ni siquiera fue un triste día al hospital para estar con él —mis lagrimas vuelven a amenazar con salir—. Pero en realidad, fuiste tú quien me abandonó a mí —lo miro fijamente—. Y ni siquiera tienes idea de cuánto me dolió saber que ella estaba por encima de mí. Después de todo lo que hemos pasado… Fue como si me clavaran un cuchillo por la espalda. Me sentí traicionada, dolida y usada, Marco. Como si para ti no significara nada —miro al suelo porque no soporto mirarlo, me hizo sentir tan mal…—. Pero me acabas de confirmar que yo no soy nada para ti, Marco —alzo la mirada para decirle eso a los ojos.

—Yo… —intenta volver a intervenir, pero levanto una mano en dirección a él, u simple gesto que indica que se calle.

—Y ahora sí que sí —miro a todos y luego centro mi mirada de nuevo en él—, no te preocupes que voy a desaparecer de tu vida para siempre. He intentado olvidar todo lo que pasó, de verdad, Marco. Quiero cerrar esa herida que tú me hiciste, pero no es tan fácil, no cuando la herida es tan grande —digo finalmente.

Me levanto de la mesa aguantando las lágrimas y casi corro a refugiarme en el baño. Entro dentro y cierro el pestillo, después me siento en la taza y lo suelto todo, lloro con fuerza, desahogándome. Ya no puedo más con esto, no puedo seguir viviendo con esto dentro.

Los minutos pasan hasta que consigo tranquilizarme y controlar mi respiración. Así que salgo del baño y vuelvo a la mesa. Al llegar veo que varios sitios están vacios, entre ellos el de Marco y el de su hermano. Los busco por la sala y los encuentro tras el gran ventanal, sentados en el jardín que hay, hablando.

—Siento mucho que haya pasado esto, Gilberto —digo acercándome a él—, no quería que esto sucediera en ningún momento, creo que se nos ha ido de las manos —me disculpo con él.

—No tienes nada de qué preocuparte, cariño —me mira con tristeza mientras me acaricia la mejilla, en un gesto tierno—. ¿Estás bien? —me pregunta preocupado y yo simplemente asiento, no quiero hablar más del tema—. ¿Tienes dónde quedarte a dormir esta noche? — me mira preocupado.

—Voy a pedir una habitación en un hotel —contesto sincera.

—De eso ni hablar —me mira negando con la cabeza como queriendo quitarme esa idea de la cabeza—, te vienes con nosotros a casa y no admito discusión —me sonríe—. Llevarla a casa, tiene que descansar porque mañana sale temprano su tren —habla con alguien que está a mi espalda.

Al girarme me encuentro con Marco e Igor, que acaban de volver de su charla. No me da tiempo a replicar cuando Gilberto me coge del brazo y me lleva a rastras hasta su coche. Igor y Marco se meten dentro, este último de conductor. Yo miro a Gilberto que me abre la puerta, y cuando entro, cierra la puerta quedándose fuera. Él no va a venir con nosotros por lo que parece.

Durante todo el transcurso del viaje nadie dice una sola palabra. El ambiente es tenso e incomodo, pero no me importa. Prefiero el silencio a tener que discutir con alguno de ellos.

Al llegar a su casa, entramos en silencio y miro a mi alrededor, admirando la maravilla de casa que tiene, pero unos ruidos extraños nos hacen quedarnos quietos en nuestros sitios. Seguimos escuchando para ver de dónde proceden los ruidos y el primero en moverse es Marco. Camina y se dirige hacia el pasillo, supongo que hacia las habitaciones, Igor y yo lo seguimos. Se para en una de las puertas y la abre. Al hacerlo se quedan estupefactos con la boca abierta, pero yo no me sorprendo, ni mucho menos.




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