El viaje fue largo y agotador aunque de vez en cuando nos encontrábamos con bestias con mi ayuda los soldados no perdían la fe al igual que la gente que nos cruzábamos. Los días se convirtieron en semanas y estás en meses y nada que encontrábamos el bendito castillo.
- Capitán cuando llegaremos.
- ¿Al castillo del que nadie sabe exactamente donde queda?
- Tiene las direcciones, tampoco tiene que ser tan grosero.
- Dicen que el castillo está rodeado por una impenetrable barrera de las bestias más fuertes y hasta ahora no hemos visto nada. Supongo que todavía nos queda mucho que recorrer. Descansamos esta noche aquí y revisemos los mapas.
- Bien, se lo comentaré a la princesa.
Ahh esta mujer es un castigo en vida, todos los días es un reclamo nuevo como si yo fuera adivino, ya he revisado este maldito mapa un millón de veces y nada que me diga cuál es el camino correcto por el cual ir.
Mientras estoy intentando descifrar un pasaje que antes no vi, una voz sutil me susurra al oído. - Por ese lugar no es, capitán.
- Princesa me quiere matar del infarto.
- Porque... ¿Así de fea estoy?
- Princesa por favor que está haciendo aquí. Ya le dije que no es apropiado que usted visite mi tienda.
- Esto es importante.
- Al igual que la última vez y la anterior.
- Ross me dijo lo sucedido y pensé que era buena idea ayudar. Déjame ver el mapa.
- Claro aquí lo tiene aunque dudo que lo pueda leer.
Intento no reírme de su cara concentrada mientras da vuelta el mapa de un lado para el otro. En estos meses me he acostumbrado demasiado a su presencia, a su buen humor y a su imprudencia como esa vez en que me encontraba cambiado y entró en mi tienda viéndome casi desnudo.
O como aquella vez en que rodé por el lodo porque ella gritó al ver un ciervo blanco y ni hablar de aquella vez en que se cayó encima de mí desde un árbol..
- Es por aquí.
- Qué...
- Este es el camino correcto, Sir.
- ¿Cómo lo sabe?
- Simplemente lo sé, después de todo en ese lugar está mi futuro esposo del cual yo tengo su corazón.
Esposo... Claro mi deber es llevarla para que se case con otro aunque no sabemos si siquiera está vivo o si la va a recibir como su mujer. En que estoy pensando ese no es mi problema. Una vez que cumpla con mi misión por fin podré ir al frente aunque si lo pienso bien si la princesa une su vida al emperador ya no habrá una guerra con la cual acabar.
- Capitán hoy está actuando extraño, no tan extraño como aquella vez en que me ignoro por una semana entera, pero extraño igual.
- Porque mejor no se va a descansar antes de que Ross se la lleva a rastras como siempre.
- Buena idea, un día de estos me va a dejar sin orejas. Nos vemos Sir Vlard.
No digas mi nombre de esa manera mientras te alejas porque todo deja de funcionar y unas ganas locas se apoderan de mí de ir y retenerte. Tengo que llevarla antes de perder la cabeza.
Ignorando toda lógica posible seguimos el camino que la princesa Ayla indicó como borregos siguiendo a su pastor, eso nos llevo otra semana más de un doloroso y agotador viaje aunque a su lado cada día se siente diferente y único.
- Llegamos.
- No, esta es la frontera en donde el ejército detiene a los invasores de invadir las tierras del rey.
- Eso es imposible capitán, según las indicaciones esa batalla se llevaba al sur y nosotros viajamos al norte. ¿Hemos estado dando vueltas en círculos?
- Yo tampoco lo sé señorita Ross.
- Como que no lo sabe ese es su deber como líder.
- Ya le he dicho en reiteradas veces que yo no soy un adivino.
- Por favor Ross calmate, estamos en el lugar correcto.
- Princesa.
- Detrás de esta sangrienta batalla está el castillo lo puedo sentir en mi corazón, el destino nos guió hasta aquí por algo y los cielos nos estan llamando.
- Como se supone que crucemos este campo lleno de bestias.
- Con esto y esto y sobre todo con valor para demostrarle a quien quiera que este del otro lado que somos dignos de pisar sus dominios.
Esta pequeña mujer no solo es valiente sino que también determinada. - La princesa tiene razón, aquel que tenga miedo a morir puede volver ahora. Acampamos aquí está noche y diseñamos un plan para mañana.
- Princesa Ayla está segura de esto.
- Aunque lo dudes estoy muy segura Ross.
Desde hace tiempo las jaquecas me atormentan cada noche haciendo que sea muy difícil concentrarme en lo más mínimo, no se que me está pasando, pero el dolor es tan intenso que no lo soporto.
- Sir no se ve en buenas condiciones. ¿Le sucede algo?
- Me duele un poco la cabeza, nada grave que impida mi misión.
- Déjeme ayudarlo.
Ayla coloca sus manos en mi cabeza y pega su frente a la mía, puedo verla pararse sobre las puntas de sus pies para alcanzarme mientras obligó a mis manos quedarse quieras y no tomarla de la cintura.
- Su mente está nublada, tiene que despejar sus dudas o su juicio se puede ver afectado.
- ¿Cómo lo hace?
- Simplemente lo hago y ya, ahora se siente mejor.
- Mucho mejor. Princesa esto es sumamente peligroso, toda mi vida soñé con llegar a este lugar y ahora que por fin estoy aquí quiero irme lejos.
- Todo estará bien, yo estaré bien.
No lo puedo evitar más y la beso, era imposible resistirme cuando ella está tan cerca de mi rostro con ese dulce perfume y su mirada que siento que me penetra hasta lo más profundo de mi ser.
Ayla no me rechaza en lo más mínimo así que la levanto entre mis brazos y la dejo en la mesa mientras ella me abraza con fuerza impidiendo que retroceda.
- Esto está mal.
- Al menos por hoy olvidémonos de todo, de quien soy yo y de quien es usted. Puede que mañana nuestras vidas se escapen así que por esta noche seamos nosotros mismos Vlard.
Si antes apenas me podía resistir después de escuchar esas palabras perdí la razón y me aferre a ella como si mi vida dependiera de ello. Al menos está noche quiero ser yo y admitir que me he enamorado de la mujer a la cual le sirvo.
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Editado: 22.08.2025