Pasaron los días y ella llegó al salón donde estaba Luis. Él, para llamar su atención, comenzó a contar chistes para que ella se riera. El plan de Luis funcionó: ella reía y las profesoras también. Cada día, él buscaba un motivo para ir a la escuela, tanto para aprender como para verla a ella.
Luis dejó pasar un año. Al siguiente, le pidió que fuera su novia y ella dijo que sí. Luis pensó que ese sería un día muy especial, imaginando que se enviarían mensajes constantes, pero la historia fue otra. De todas formas, a Luis no le importó al principio, pensando que era una conducta común.