La relación continuó por inercia. Llegó febrero, el día del amor y la amistad; Luis, con mucho esfuerzo, ahorró dinero para comprarle una rosa y unos chocolates. Él no esperaba nada a cambio, solo quería tener un detalle con su novia. Con la ayuda de su amiga, ya tenía todo planeado para entregárselos. Era un último esfuerzo, un intento de ver si, finalmente, el corazón de ella se abría un poco ante aquel gesto sincero.