Hubo un día en que, por fin, tras años de una relación que existía solo en el papel, decidieron terminar definitivamente. No hubo vuelta atrás. Ella se fue de la escuela y Luis, quien se había quedado rezagado en sus estudios por priorizar aquel amor doloroso sobre sus metas, se quedó solo, sumido en el vacío de la ruptura.
Durante mucho tiempo, la prioridad de Luis no fueron las materias ni el éxito académico, sino intentar sanar el corazón que ella había dejado hecho pedazos. Sin embargo, el tiempo, que todo lo cura, comenzó a hacer su trabajo. Pasaron muchos, muchos años, los suficientes para que las heridas empezaran a cerrar y Luis pudiera volver a ver la luz al final del túneles