La vida tiene formas muy curiosas de poner a prueba nuestra sanación. Un día, a través de una red social profesional, Luis recibió una notificación inesperada: una solicitud de contacto de su primer amor, la chica del muro de la indiferencia. Al ver su fotografía en la pantalla, el corazón de Luis no dio un vuelco, ni se aceleró. La curiosidad lo llevó a aceptar la solicitud y, poco después, llegó un mensaje de ella felicitándolo por sus logros laborales, seguido de un sutil intento de recordar "los viejos tiempos".
Luis leyó el mensaje con total calma. En el pasado, un texto de ella habría sido motivo de desvelo y sobreanálisis. Ahora, lo vio con la claridad que dan los años. Respondió con amabilidad y cortesía, deseándole lo mejor en su vida, pero manteniendo una línea clara de distancia. No había rencor en sus palabras, pero tampoco cabida para que ella volviera a entrar en su mundo. Al cerrar la aplicación, Luis se miró en el espejo y se reconoció: la prueba estaba superada. El pasado ya no tenía poder sobre su presente.