Max
La mañana inicia ajetreada, apenas puedo llevar el termo de café en mis manos para tomármelo en el camino y no despreciarle a mi esposa lo que ha hecho con esmero. Justo antes de poder cruzar la puerta me encuentra cara a cara con la mujer que ya me he acostumbró a ver desde que me casó por cuarta vez y que, a decir verdad, me ha traído en la mira.
—Disculpe que en esta ocasión no pueda atenderla, mi trabajo me espera y ni el café que me preparó mi esposa me he podido tomar. —Le muestro lo que llevo en las manos para confirmar lo dicho, además no estoy mintiendo.
—Me temo que tendrá que esperar unos segundos, necesito informarles algo con urgencia. A ambos. —Su cara de pocos amigos me da la idea de que tal vez no sean buenas noticias, aunque de ella se puede esperar lo que sea. Ingresamos a la casa y la invito a tomar asiento en lo que llamo a Ad.
—Amor, urge tu presencia en la sala. —Alzo la voz para que me escuche.
No es necesario que grite de nuevo, ya que ella llega con una sonrisa en el rostro misma que se tensa al ver a la mujer ya sentada. Ella no tarda en levantarse, parece que no le agrada estar ante nuestra presencia.
—Tienen una audiencia en dos días para poder resolver por fin su situación. Por mi parte, mi trabajo queda hasta aquí, ya he informado de toda la investigación realizada. —Nos entrega un sobre con la notificación y al tocarlo, respiro aliviado. A mi viene los recuerdos de lo mucho que esta mujer ha estado detrás de mí, siguiendo mis pasos, vigilándome al saber que me encuentro en mi quinto matrimonio.
La mujer por fin suelta el sobre, hecha un último visto al hogar que había visitado con frecuencia, de donde se desprende ese agradable aroma a café, mismo que más de una vez disfrutó.
—¿Gusta tomar un poco de café? —le propone Ad al verla mirando más de la cuenta.
—¿Usted no tiene que ir a trabajar? —le pregunta sabiendo que yo voy de salida.
—Hoy entro más tarde…
—Entonces. Acepto.
En lo que ella se vuelve a acomodar, yo aprovecho para despedirme de mi esposa, dejando ese beso unos segundos mas, para que ella separa que aquí todo se encuentra bien. Enseguida vuelvo mi vista a ella y de un apretón de manos me despido dirigiendo a mis actividades laborales, respirando tranquilo, sabiendo que ellas toman su café. Montado en mi auto, pongo algo de música para distraerme de los nervios que siento al saber que en poco tiempo estaré más cerca de la mujer que le dio vitalidad a mi aburrida vida, por lo menos un par de días.
—Tenemos una reunión. —Me anuncia mi jefe justo antes de que me sentara a archivar más documentos. Enseguida que escucho la orden, me levanto y me dirijo a la sala de junta. No es extraño que el responsable de área haga este tipo de reuniones a inicio de semana. Camino de tras de él hasta la sala y cuanto ingreso me quedo congelado.
Lo que no esperaba es ver a Isabella frente a todos, a punto de hablar. Su mirada se cruza con la mi tan solo unos segundos, mismos que son suficientes para hacer que mi piel se erice con el recuerdo de lo que sucedió el fin de semana. La electricidad se siente en todo mi cuerpo trayendo a mi cabeza imágenes no aptas para todo publico.
—Muy buenos días, espero que todos hayan descansado muy bien y si no fue así, que el cansancio de deba a aquello que disfrutan hacer. —De nuevo un cruce de miradas. Sin duda, esas palabras van dirigidas a mí—. El día de hoy traemos buenas noticias y quise informárselos, personalmente.
La seguridad con la que habla, hace que la admire no solo en el plano sexual. En su mensaje da a conocer que pronto vamos a tener un aumento y algunos pequeños cambios que se espera hagan más funcional las tareas que cada uno realiza. A este punto todavía no entiendo a que se debe mi presencia aquí, mi trabajo siempre ha sido tan insignificante que nunca han requerido de mi presencia en estas reuniones. Hasta aquí todo bien, a la expectativa de lo que dirá.
—Nuestro bufet ha ido en crecimiento y siempre hay casos nuevos que requieren de una perspectiva nueva. Siempre el trabajo en equipo ha sacado a flote todo esto. Es por esto que quiero anunciarles algunos cambios que considero traerán grandes beneficios. Quiero que le den la bienvenida al nuevo abogado que se integra a la platilla. Maximiliano, acércate por favor. —Algo en la manera en que ha dicho mi nombre me ha erizado la piel, pero también me deja inmóvil. Muy en el fondo sospecho que la decisión tomada tiene que ver con lo ocurrido el fin de semana y que esta es su manera de pagarme los favores recibidos.
El enojo se apodera de mi ser, en lugar de caminar hasta donde se encuentra ella, me doy la vuelta y salgo enojado de la sala, sin decir ninguna palabra. ¿Si me despiden por eso? En este momento, no es algo que me importe demasiado, no ahora que tengo la cabeza caliente. Soy consiente de lo que acabo de hacer y estoy dispuesto a afrontar las consecuencias de mis actos. Me meto al archivo que ha sido mi vida por mucho tiempo y comienzo a trabajar como desesperado para sacra un poco del enojo que traigo atorado. ¿Tengo que empezar a recoger mis cosas?
—¡Detente! —escucho su voz y lejos de obedecerla solamente hace que trabaje más a prisa—. Por favor. —Cambia su tono haciendo que al fin le ponga atención mirándola directamente a los ojos.
—No piense que no me doy cuenta que el puesto que me has designado no es por mis méritos. ¡Me estás pagando por lo que pasó el fin de semana! —grito lo que hubiera querido decir frente a todos, sin importar que alguien me pueda llegar a escuchar.