Amor imprevisto

CAPITULO 18. “CASUALIDAD”

Maggie no cesaba de llorar. Sus sollozos llenaban toda la habitación.

Ver a Maggie en aquella situación le rompía el corazón, sobre todo, porque Maggie era siempre una persona risueña.

— ¿Me dirás como pasó todo? —. Pregunto Liz. Quizás podían pensar juntas en una solución o algo que la ayudara.

Maggie hipó una última vez y rompió el abrazo. Ahora que ya estaba un poco más calmada, se dio cuenta de que Liz no estaba sola en casa. Gabriel estaba con ella.

En cualquier otra situación, se hubiera puesto colorada de la vergüenza e incluso hubiera molestado a Liz, pero no esta vez. Maggie se llevó una mano hacia su rostro y seco sus negras lágrimas. Una media sonrisa de incomodidad se formó en el rostro de Maggie al ver que la playera de Liz estaba empapada con sus lágrimas de color negro.

Maggie se dijo a sí misma que la próxima vez compraría una máscara de pestañas a prueba de agua.

—Disculpa por eso— dijo Maggie refiriéndose a la playera. Liz le sonrió y se encogió de hombros para hacerle saber que no era de importancia.

Gabriel, incomodo debido a que no sabía qué hacer se quedó de pie, quieto y esperó a que las amigas hablaran. No quería interrumpir el delicado momento, pero aun así se acercó a Liz y le susurró en el oído que se tenia que ir.

—Las dejo para que puedan charlar con más calma. —dijo Gabriel a modo de despido. Liz asintió y le dedicó una mirada de agradecimiento. Maggie lo despidió con un asentimiento de cabeza.

Gabriel besó tiernamente los labios de Liz y se marchó, dejando a las amigas completamente solas.

— Maldición, no era mi intención interrumpir tu tiempo con él—. Dijo Maggie con pesar.

Liz se sonrojo un poco al recordar loque estaban haciendo minutos antes, pero aun así le restó importancia para que Maggie no se sintiera mal. Después de todo, Maggie era alguien importante y siempre estaría para ella cuando y donde la necesitara.

—Ahora cuéntame que paso, te escucho—. Dijo Liz.

Maggie se llevó una de las mangas de su abrigo y se limpió las nuevas lagrimas que se deslizaban por sus mejillas y luego se sonó la nariz.

—Esta tarde, papá llegó a casa luego de unos días en el extranjero—comenzó a relatar Maggie—. Esta vez estuvo en Alemania. —Maggie se detuvo unos segundos debido a que las lágrimas no se detenían y su voz se había debilitado, así que hizo unas pequeñas respiraciones y siguió su relato.

—Llegó más radiante que nunca—Maggie esbozo una sonrisa que no llegó a sus ojos—, nos saludó, trajo presentes y después nos sentamos a comer. Como siempre.

>>Luego, mientras comíamos, papá soltó la bomba—. Dijo Maggie mientras lágrimas cristalinas, ausentes de rímel se deslizaban por sus mejillas. —Dijo que el socio de su compañía alemana le había propuesto una fusión entre empresas si nosotros, sus hijos menores se casaban—. Maggie se carcajeo con amargura.—¡Y papá dijo que era algo bueno, ya que así podría obtener más ganancias! ¡Ganancias a costa de mí!

Liz escuchó el relato de Maggie sin creer lo que estaba escuchando. Liz ni siquiera sabía que decir. Liz sabía que Maggie quería mucho a su padre pese a que él nunca estaba presente, pese a que no se preocupaba mucho por el ámbito emocional de su familia.

—Entonces le dijiste que tenías ya tenías a Lucas—. Dijo Liz en una afirmación.

Maggie asintió.

—Al principio creí que estaba bromeando y me reí—Maggie jugueteo con un mechón de su rubio cabello. —Le dije que era imposible tener un matrimonio arreglado en esta época, que eso era del siglo pasado. —

Liz asintió con la cabeza. Podía imaginar claramente esa escena.

—Cuando no vi que me contradecía y esquivó mi mirada, decidí contarle que tenía un novio con el que estaba saliendo—. Maggie se atragantó con sus palabras—. Fue entonces cuando se enfureció. Era la primera vez que lo veía así, estaba como loco, gritando y botando las cosas de la mesa—. La expresión de Maggie era de horror mientras recordaba lo acontecido. —Dijo que teníamos que hacer sacrificios y que era hora de ser una adulta.

Liz abrazó a Maggie mientras las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos. A Liz nunca se le pasó por la cabeza que ser hija de una familia adinerada suponía un problema tan grande. No obstante, al ver de cerca, supo que nada era siempre como aparentaba ser.

—Entonces discutimos—. Confesó Maggie—. Yo nunca he discutido con él de aquella forma, pero, cuando comenzó a decir cosas feas de Lucas, me enfadé.

>>Le dije muchas cosas feas que en realidad no sentía de verdad. Le grité que me iría de casa, que viviría con Lucas o contigo y que renunciaría al apellido Wayne. Que jamás en la vida me volvería a ver. Por eso, cuando se agarró el pecho y comenzó a quejarse, pensé que me estaba chantajeando—. Maggie tenía la mirada perdida—, pero cuando cayó al piso y no se movió más—las lágrimas inundaron los ojos ambas amigas—, cuando no se movió más pese a que lo llamé muchas veces, me asusté mucho. Luego de eso, mamá se puso como loca mientras les decía a los empleados que llamaran a la ambulancia. —Maggie tenía los ojos hinchados.

—Lo que pasó no fue culpa tuya—. Dijo Liz entre lágrimas—Tú y yo sabemos que un infarto es debido a que se obstruye una arteria coronaria, y eso hace que el aporte sanguíneo se interrumpa—. Trató de razonar Liz para aliviar la pena de su amiga—Eso lo vimos el semestre pasado. —Maggie alzó la mirada y le sonrió con pesar.




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