Amor imprevisto

CAPITULO 27 “VERDAD”

Unos días pasaron luego del accidente. El padre de Gabriel, por fortuna, solo se había quebrado algunos huesos debido al fuerte impacto del vehículo, pero no corría peligro.

Gabriel estaba avergonzado del comportamiento que había tenido su padre. Durante muchos días estuvo disculpándose con Liz, pero esta, le hizo saber que no le afectó lo sucedido. Liz creía que, con aquel accidente, había pagado aquella humillación. El karma solo hizo su trabajo.

Cuando Leon fue dado de alta, pidió hablar personalmente con Liz para ofrecerle una disculpa y para contarle la cruel verdad de que había sido Rose, quien lo había contactado y convencido de que era una mala mujer para su hijo.

Liz retuvo las lágrimas que amenazaban con derramarse cada vez que lo recordaba. Liz era consciente de que su madre no era como las demás, de que Rose era una persona que solo se preocupaba por ella misma, pero se le hacía duro confirmar que su madre, buscaba destruir la poca felicidad que ella había encontrado.

Liz trató de no pensar más en su madre, de lo contrario, el esfuerzo de Maggie en su maquillaje se vería estropeado.

Tal y como indicaba la invitación, Liz se encontraba en un hotel que llevaba por nombre “The Rose”, lo cual la hizo sentir incomoda debido a la mala casualidad.

Liz, tomó una fuerte respiración, se acomodó el vestido y camino hacia la entrada del local.

Para la ocasión, Liz llevaba un vestido que pertenecía a Maggie, haciendo que aquella inocencia que la caracterizaba se hubiese ido. Liz lucia como una versión oscura de ella misma, se veía imponente con aquel vestido negro, el cual era largo hasta llegar al suelo y se ajustaba a las curvas que poseía. Lo tacones ayudaban a que ganara unos centímetros más. Y el maquillaje que llevaba, mostraba los bellos rasgos de su rostro.

Cuando Liz se observó en el espejo, se sintió fuera de lugar, pero rápidamente la imagen que le devolvía el espejo le decía que aquella, era una versión mejorada de ella misma. No podía lucir como una adolescente toda su vida.

Liz aún estaba en la entrada de hotel, no se sentía lista para ingresar. Desde que se había bajado del coche de Maggie, una extraña sensación se había instalado en su pecho, de pronto, quería correr a su casa y taparse hasta la cabeza con sus cobijas.

Respira y entra de una vez. No eres ninguna extraña. Ellos te invitaron. Dijo una profunda voz en la cabeza de Liz. No comprendía porque de pronto tenía pánico de ingresar al hotel.

—Su invitación, por favor—dijo la profunda voz de uno de los guardias que cuidaban la entrada.

Liz buscó en su pequeño bolso de noche, y le tendió la invitación. El guardia la inspeccionó y la entregó nuevamente. Los guardias se hicieron a un lado, y dejaron que Liz ingresara al local.

Liz caminó con paso inseguro, ya que no conocía a ninguna de las personas que estarían en la fiesta. Las personas del centro de rehabilitación no estarían, debido a que ninguna pudo dejar espacio en sus agendas para asistir.

Liz, una vez en la sala principal se dio cuenta de que no había muchas personas, quizás se debía a que la fiesta era algo privado. De pronto, Liz se sintió especial y una sonrisa se dibujó en su rostro. De manera inevitable, los recuerdos que tenía junto a Gabriel se hacían presente. Esta vez, se aseguraría de no beber.

—Un dólar por sus pensamientos—dijo de pronto la característica voz de Shinichi.

Liz sonrió al ver un rostro familiar.

—Es bueno encontrar un rostro conocido, me sentía un poco extraña—confesó la joven.

Shinichi asintió.

—Una completa lástima que sus colegas no hayan podido asistir. —Liz asintió con pesar.

Shinichi se acercó a Liz y le ofreció su brazo, el cual ella aceptó con gusto.

Ambos comenzaron una caminata lenta por los alrededores del lugar. Liz no se sentía incómoda con el silencio que había entre ambos, por alguna razón, Shinichi le transmitía calma.

—Espero no esté incómoda, no soy un buen hablador—bromeó el secretario.

—Me incomoda pensar que soy una intrusa. —confesó Liz. —Y me intimida no conocer a nadie en este lugar. Antes, estuve a punto de no entrar por los nervios que sentía.

Shinichi sonrió ante la sinceridad de la muchacha, y le dio unas pequeñas palmaditas en el antebrazo para darle ánimos.

—Esta reunión no hubiese tenido propósito si usted no hubiese aparecido—dijo Shinichi, a lo cual Liz reaccionó frunciendo el ceño. Sin embargo, cuando el secretario comenzó a reír, ella se tranquilizó y su corazón comenzó a latir con regularidad. Aquellas palabras la habían asustado.

Shinichi hizo un recorrido por los alrededores del hotel, una posesión del señor para el cual trabajaba. Aquel hotel, había sido el primero de una larga cadena que había adquirido, por lo cual, era el único que poseía otro nombre. El secretario, guio a Liz hasta llegar a el jardín, el cual, tenía una colección de todo tipo de flores.

Liz estaba fascinada.

—Es hermoso—dijo Liz mientras giraba en un ángulo de trescientos sesenta grados.

Shinichi asintió.




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