Amor Incondicional

El Encuentro

5

Al aceptar que había llegado muy tarde a la vida de Aby, no hizo más que producir un shock en mí.

Me sorprendió el dolor que me causó llegar a esa resolución, pues finalmente comprendí que ella me gustaba más que mucho. Finalmente acepté que la mujer me gustaba como jamás me gustó alguien, pero debía hacerme a un lado y con el buen propósito llegó una clase de resignación, porque eso era lo correcto.

Por mucho que me emocionara haber encontrado, quizás, el amor de mi vida, simplemente no podía conseguirlo de ninguna manera.

Claro que también reconocía que algo que me ayudaba mucho era el hecho de que Aby no fuera a la casa; no verla aplacaba mi ansiedad.

Con todo, me había dado cuenta que el que Aby se resolviera a guardar la distancia conmigo, mientras que a mí me beneficiaba, a Rosa le estaba afectando. La pasada noche había escuchado la siguiente conversación entre ella y su esposo:

—Estoy preocupada por Aby. No ha venido a la casa y cuando voy a la suya, nunca está.

—Compréndela mujer, está muy ocupada con su trabajo y su futura boda.

—Sí, lo sé. Espero que no sea algo que los niños o yo hayamos dicho o hecho.

—¡Por supuesto que no es eso, cariño! Sabes cuánto nos quiere a todos. ¿Por qué no le hablas por teléfono? Tal vez hasta te pida que le ayudes con los preparativos de la boda.

—Eso haré. Tienes razón, falta tan poco para su boda. Aunque tal vez no me pida ayuda, su suegra y cuñadas se están encargando de todos los preparativos.

Roby y yo sabíamos por qué Aby se retiró de sus frecuentes visitas a su hermana. No quería verme. Para ella era una persona detestable, alguien que había llegado a su vida para trastornarla. Visto estaba que mi presencia ya la había alejado de su querida hermana.

Y eso también me dolía mucho, pero tenía que luchar contra cualquier clase de sentimiento relacionado con ella. No dejaba de decírmelo para que no se me olvidara.

Así que para distraerme, ese miércoles que visité a mi amigo en su trabajo, estuve a su lado durante el resto de sus clases.

Cuando él terminó de dar sus materias en la secundaria, nos trasladamos a la preparatoria. al concluir allí, ya era muy tarde, así que ambos regresamos al hogar muy hambrientos. Devoramos todos los alimentos que Rosa nos puso en la mesa.

Mientras Roby se retiraba a su estudio para revisar algunos exámenes de sus alumnos, yo decidí volver a salir y dar otro corto paseo. Necesitaba ayuda para digerir todo lo que comí.

El paseo me pareció excelente, realmente lo estaba disfrutando.

Mis pasos me dirigieron a la plaza principal del pueblo que a esa hora estaba muy tranquila. Los frondosos árboles ubicados alrededor y al lado de los caminos que se usaban para circular por en medio, y a lo largo y ancho de la plaza, le daban una hermosa vista.

Me ubiqué en una de las muchas bancas pintadas de blanco, pero en cuanto me senté, me levanté bruscamente y me negué a aceptar lo que mis ojos contemplaron.

En la banca que estaba frente a mí, se encontraba Aby acompañada de él.

Su prometido.

Lo supe por la forma en que la sujetaba y le hablaba, envolviéndola en una luminosa mirada que le contaba ilusiones y sueños, planes de un futuro juntos. Ese futuro que les aguardaba prometedor. Yo lo visualicé por los dulces besos que él plantaba en el risueño rostro de ella; en esos labios que se habían negado a sonreír para mí.

Y observar eso hizo que arrojara en el olvido el buen propósito de portarme bien, de olvidarla, de echarla fuera de mi mente. Abandoné mis buenos intentos de hacerme a un lado porque había llegado en el ocaso de la oportunidad para encontrar a mi alma gemela.

¡Ay de mí! Porque sin que me importara nada deseché mi verdadera esencia, contaminando el perfil de mis meditaciones.

Lo único que no olvidé fue que ella me gustaba y en ese instante quedó claro que no soportaba verla con él,

Con ese hombre que sin conocerlo, destestaba como jamás pensé detestar a alguien.

Por lo tanto, a grandes pasos me acerqué a ellos. Mis ojos se entrecerraron por la furia que me dominó hasta convertirme en su esclavo. Temblaba airado porque no me gustó ver lo feliz que era a su lado. Cuando estuve ante ellos, ambos me miraron. Rubén muy sorprendido y Aby... preocupada, tal vez, no lo sé.

Como sea, no pude evitar preguntar con voz seca y muy recriminadora.

—¿Qué haces aquí? —refrené mi lengua a tiempo para no terminar la pregunta: "¿Y con éste?".

Abigail abrió mucho los ojos, los que brillaron de manera extraña.

—¿Se refiere a nosotros? —preguntó fría, muy molesta.

—A ti en especial —respondí enojado y luego deseé llevármela de allí.

Rubén se levantó de inmediato y exigió una explicación.

—¡Oiga! ¿Quién se cree? ¿Por qué se dirige de esa forma a mi prometida?

Lo miré con desagrado. La antipatía que sentía por él creció más al escucharlo decir "mi prometida". Rubén me devolvió la mirada de igual manera. Era un sujeto alto, aunque no tanto como yo y dentro de lo que cabe, de apariencia agradable. En otras circunstancias seguro que el tipo me hubiera caído bien, pero en ese momento deseaba desquitar mi furia... esa ira irracional, con él.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.