Amor Inmarcesible

Capítulo III. Linaje

Amir sube a su avión privado junto con su guardaespaldas de confianza. Luce un atuendo semiformal; jeans oscuros, camisa básica color blanca, blazer café y zapatos de amarrar tipo burro. Es un hombre bastante atractivo a sus 38 años. Aun no esta casado, pero pretende hacerlo antes de cumplir los 40.

—Señor, no pienso que sea buena idea desafiar a Marrash. —Le menciona su guardaespaldas.

—El convocó a una reunión a la cual no me invitó. —Ríe con suficiencia.

—No lo subestime, por favor. Hasta el momento lo que hemos planeado ha resultado sin consecuencia alguna, pero realmente no creo que Marrash a estas alturas no sospeche nada. —Asegura.

—¿Me estás subestimando? —Pregunta, divertido y el avión comienza su despegue sin problema.

—No es eso, señor. Solamente no debemos confiarnos. Por mi parte he vuelto a repasar todo y al parecer no hay cabos sueltos. Pero creo que…

—¡Basta! Tranquilízate. Marrash no tiene ni idea. Es un niño aún. —Hace un ademan con la mano. —No tiene la capacidad para enfrentarme y si él es el líder del linaje es porque le correspondía por sucesión, pero yo voy a demostrarles a todos que él no tiene la capacidad para ocupar ese lugar. —La azafata del vuelo le trae una copa de licor. El huele la copa y toma un sorbo haciendo ruido de placer con su garganta. —Yo soy el único que tiene el potencial para ese cargo.

De repente sonidos de alarma comienzan a sonar por todo el avión y los pilotos hacen lo imposible por encontrar el problema. Después de un minuto logran solucionarlo. Amir se levanta furioso y va donde los pilotos.

—¿Qué demonios sucede?

—Nos marca una falla en uno de los motores. Tendremos que aterrizar en el aeropuerto más cercano para que lo revisen. —Informa el piloto. Amir no contento con la respuesta, regresa a su asiento. El aeropuerto más cercano esta a 10 minutos.

—Esto nos retrasará. ¡Maldita sea! Ve gestionando un vuelo privado por si estos inútiles no solucionan rápido. —Ordena a su guardaespaldas.

Minutos después el avión aterriza sin problema alguno e inmediatamente comienza a revisar los motores. Les piden que no bajen del avión ya que el problema es algo que se solucionarán en 15 minutos. Nadie se mueve de su sitio y Amir se relaja terminándose de beber su trago. La azafata de repente se pone de pie y abre la puerta del avión. Sin decir una palabra baja junto con los pilotos.

—¡Que carajos! —Se levanta, furioso, dispuesto a bajar y ver que sucede, pero cuando esta a punto de llegar a la puerta Rayan ingresa y Amir se frena de inmediato al verlo.

—¡Buen día! —Lo saluda y Amir no sabe que decir. Velozmente el guardaespaldas de Amir desenfunda su arma y Rayan niega con la cabeza. —¿Es una amenaza? —Levanta una ceja. —¿Por qué? —Pregunta, divertido. Coloca su mano derecha en el bolsillo y con la izquierda desabrocha su elegante saco.

—¿Qué significa esto? —Pregunta, Amir, en tono molesto y algo nervioso. Rayan da dos pasos hacia él y Amir junto con su guardaespaldas retroceden.

—Siéntate. —Ordena.

—¿Qué te sucede, Marrash? ¿Cómo te atreves a abordarme así? —Dice, con seguridad y levanta la cabeza.

—No lo repetiré dos veces, Amir. Siéntate. —Este lo observa dubitativo, pero después de unos segundos cede y su guardaespaldas se sienta atrás de él. —Tú, entrégame tu arma. —Rayan extiende su mano. El guardaespaldas mira a Amir esperando una orden. —Si no lo haces varios de mis hombres entraran a quitártela. —Amir, afirma con un gesto y su guardaespaldas le da el arma a Rayan.

Con categoría Rayan libera el cargador del arma y ágilmente abre la corredera revisando que este vacía. Luego se la devuelve totalmente limpia. Ambos lo ven asombrados.  

—Mira, Marrash a mi no…

—¡Cállate y escucha! —Toma asiento de manera elegante. —Amir, hay una sola cosa en el mundo la cual yo no puedo dejar pasar y esa es la deslealtad. Mi presencia no debería asombrarte. Sin embargo, no me conoces bien y ante eso pondré como justificante que hiciste lo que hiciste sin tener idea de a quién se lo hacías.

—No sé de qué rayos estás hablando, Marrash.  —Intenta fingir y justo en ese momento comprende que no debió subestimarlo.

—Mataste a mis tíos y eres el amante de mi madre. —Amir, agranda los ojos con sorpresa por la frialdad con que lo dice. —¿Qué? ¿Acaso pensaste que no me enteraría? —Amir guarda silencio. —Amir, amir, ¿con quién crees que estas tratando?

Cinco hombres armados ingresan al avión. Dos de ellos se dirigen a la cabina tomando las posiciones del piloto y copiloto. Los otros tres colocan cerca de los pilotos dos bolsas negras al parecer algo pesadas. Proceden a abrir las bolsas ante la atenta mirada de Amir quién al ver el contenido de las bolsas se pone de pie para intentar huir. Rayan se pone de pie más rápido y coloca un paralizador eléctrico en su cuello, por lo que este ante el choque eléctrico cae nuevamente sentado. El guardaespaldas se abalanza sobre Rayan, pero él lo noquea de un solo golpe.  

—¡Oye! —Rayan chasquea los dedos sobre la cara de Amir. —Mírame. —Le ordena. —Te di la orden de no meterte con la familia Falú y no obedeciste. En cambio, mataste a mis tíos y te acostaste con mi madre. Ahora tus cómplices están muertos y tu hermano se podrirá de viejo en la cárcel. —Los tres hombres comienzan a atarlos bien al asiento del avión.




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