Amor Inmarcesible

Capítulo VII. La mujer ideal

—¿Sonya? ¿Por qué con ella? —Pregunta, Tareq. Sonya es la más joven de sus hermanas. Badra y Mirah son mayores.

—Tiene espíritu fuerte. Pienso que podemos complementarnos. —Tareq se sorprende de su respuesta.

—Muy bien. Hablaré con ella. —Se sienta más erguido, hace una mueca de dolor. Su herida aun no sana por completo. —Rayan, yo no obligo a mis hermanas a casarse. Con esto quiero dejar en claro que depende solamente de ella el aceptarte como esposo. —Rayan se desconcierta un poco. Su tío Mounir no consultaba a nadie y menos a una mujer.   

—Comprendo. ¿Cuándo tendré la respuesta de ella?

—Cuando salga del hospital hablare con ella. Yo te avisaré.

—Muy bien. Te dejo descansar, Tareq. —Él asiente y Rayan sale.

Al cerra la puerta Rayan percibe un cumulo de emociones luchando por querer salir a flote. Ha permanecido demasiado tiempo en el hospital y su límite de tolerancia se sobrepasó. Camina a paso ligero hacia la salida. No se fija en nadie. Le urge salir cuanto antes de allí. Gira al pasillo que conduce a la salida y choca accidentalmente contra un cuerpo liviano.

—¡Alá, lo siento! —Expresa una voz conocida.

Rayan baja su mirada para encontrarse con los ojos que más tiene grabados en su memoria, aunque su mente racional y consciente no lo quiera admitir. Su nivel de ansiedad baja automáticamente. Ella lo mira, un tanto confundida.

—¿Te lastime? —Pregunta, preocupado. Ella no responde. —Mirah, ¿estás bien? —Ella al fin reacciona al escuchar su nombre en su boca y como si le tuviera miedo se aleja unos centímetros de él.

—Estoy bien, Rayan. Yo… yo no lo vi. —Baja su mirada. —¡Discúlpeme! —Se retira casi corriendo.

—¡Mirah! ¡Espera! —Intenta detenerla, pero es demasiado tarde. La ha perdido de vista. Molesto sale del hospital. No entiende porque ella siempre lo evade, ¿tan mal le cae?

Mirah es una mujer de pocas palabras, recatada y sumisa. Toda su infancia fue muy bonita. Era la preferida de su padre, pero a pesar de eso cuando cumplió 19 años su padre la quiso comprometer con un hombre de 50 años. Ella no se negó, respetaba demasiado a su padre y jamás lo iba a desobedecer. Dos días antes del compromiso él hombre elegido por su padre sufrió de un paro cardiaco fulminante.

Dos años más tarde fue pedida nuevamente, pero esta vez era un hombre un poco más joven. A Mirah le agradó cuando lo conoció, pero nuevamente Alá decidió que no era él. Su propio padre se dio cuenta a tiempo de que era un charlatán que buscaba un buen puesto en su corporación y que no tenía la solvencia económica que decía tener.

Mirah ya no quería saber más de pretendientes y se excusó con estas dos situaciones para que su padre no la obligara a casarse. Si era una excusa porque ella no quería casarse tan joven. Él cedió por un tiempo y cuando ya tenia al mejor partido para ella, su padre Mounir sufrió un accidente aéreo que acabó con su vida.

Su único hermano varón, Tareq, se hizo cargo de la familia Falú. Mirah respeta y adora a su hermano. Tareq es mayor unos meses que ella. Hace unos días él ha sufrido un intento de asesinato, pero Gracias a Alá ha sobrevivido. ¿Qué harían ellas sin la cabeza de familia? Perderían protección ya que ninguna de las tres está casada. Hoy le darán el alta y está emocionada por verlo. Ha organizado una cena especial para su hermano.

Rayan termina de salir de la piscina. Había hecho una hora de natación. Es muy exigente con su estado físico ya que lo ayuda a mantener sus emociones inalterables.

—Entonces, ¿sobrevivió?

—Sí, señor. —Confirma, Hasan.

—Mantén vigilado a ese cobarde. —Toma una toalla para secarse. Gotas de agua resbalan por su cuerpo esculpido. —No quiero errores esta vez.

—Señor, recién descubrimos algo delicado. El señor Ghadabi oculto información que implica a más personas en el atentado del señor Falú. —Rayan, se pone más serio de lo normal.  —El papá y tío de la esposa del señor Tareq se confabularon con Ghadabi para deshacerse de ellos dos.

—¿Cómo dices? ¿Por qué razón? —Toma una bata de baño y se la coloca.

—Tareq no se lleva bien con la familia de su esposa. El tío de ella es el que manda en esa familia y es quien dio la autorización de que ella se casara con el señor Tareq. Todo apunta a intereses económicos. El tío pensó en resolver los problemas económicos de la familia casando a la señora Nailea con el señor Tareq.

—Ya veo... continua, por favor.  

—El señor Tareq se dio cuenta de eso antes de casarse. Inclusive le entrego una suma grande de dinero al tío de la señora Nailea, además, de la dote. —Rayan, esta sorprendido. Su primo de verdad que está enamorado de Nailea. —El tío y papá de Nailea la trataban mal, hubo maltrato físico y verbal cuando vivió con ellos. Ya como esposa del señor Tareq, él no permitió que el maltrato continuara y les puso un alto. De hecho los hundió económicamente y eso desato la irá del tío de ella quien ya conocía a Ghadabi por proyectos juntos. Ambos estaban heridos en su orgullo, además de económicamente.

—Ahora todo encaja muy bien. —Rayan da pequeños toques a su cien derecha con su dedo índice. Algunas personas definitivamente no tenían límites. Después de todo su familia no era la única disfuncional.




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