Amor, magia y brujas

Prólogo

Prólogo:

Natalie Bloom estaba desesperada. Desde pequeña su sueño era ser madre y hace un par de años sus médicos le dijeron que eso no sería posible. Ella no podría quedar embarazada a menos que un milagro ocurriera.

Ella estaba devastada. Su esposo ya no sabía qué hacer para alegrarla. Un día llevó un cachorro a la casa con la esperanza de robarle una sonrisa a su amada, pero no fue exactamente lo que sucedió. Lo demás es historia. El cachorro fue adoptado por sus vecinos y, en ocasiones, Natalie lo miraba con añoranza.

Unas semanas antes de que el año se acabara se cruzó con una mujer. Quien le dio un papel arrugado y no dijo nada más. Al abrir el papel se encontró con una dirección que llevaba a las afueras de la ciudad. Cuando volvió a su casa se la mostró a su esposo. Él la llevó en un intento de alegrarla.

Se encontraban en una pequeña cabaña machacada por los años. Natalie la miraba con un deje de desconfianza en su mirada. Aun así tocó la puerta. Ésta se abrió sola. Los jóvenes esposos entraron de la mano caminando cautelosos. La habitación era oscura, pero gracias a la luz que entraba por la puerta distinguieron algunos objetos. Unas botellas de diferentes colores y tamaños en el centro. Una olla grande y oscura al lado. Aquella casa era digna de una película de brujas.

De entre las sombras salió una mujer vestida de negro y rojo. Tenía unas pocas arrugas en la cara y una sonrisa sin dientes. Les hizo una seña para que se acercasen, ellos lo hicieron con cuidado. El señor Bloom tomaba fuertemente a su esposa de la mano, en señal de protección.

La mujer los hizo tomar asiento y les aseguro que no les iba a hacer daño. Les contó todo lo que sabía de ellos. En resumen, todo. Sabía sobre los tratamientos, los abortos espontáneos, los dolores y reposos. Lo sabía todo.

Natalie no estaba asustada, de alguna manera sabía que ella no les haría nada. Es más, sentía que podría ayudarlos.

Y así fue.

La mujer les dio la solución. Les dio un bebé. Pero con él venían una serie de advertencias y condiciones, que los futuros padres gustosos aceptaron sin chistar.

−El bebé será niña y su nombre deberá ser Demetria, sin importar qué digan los demás. Demetria tendrá ciertos dones al llegar a los dieciséis años. Probablemente no se los diga, pero ustedes deben sospechar.

»Natalie, no sufrirás dolor alguno en toda la gestación. Al nacer la pequeña, tu cuerpo volverá a la forma en la está ahora con el paso de los días. Demetria será sana y muy valiente. Ustedes deben cuidar de ella, animarla a probar cosas nuevas y estar allí cuando necesite hablar.

»Puede que le cueste expresar sus sentimientos, pero no se preocupen, si algo realmente malo sucede, ella se los dirá.

»Tu gestación será de exactamente nueve meses. Ella nacerá en luna llena, no será una mujer lobo, tranquilos. Esos no existen son puras invenciones humanas.

»Les deseo mucha suerte.

Ninguno podía con la felicidad que sentían. Las sonrisas no desaparecían de sus caras. Si estaban un poco preocupados por las advertencias que les dio aquella mujer.

El embarazo transcurrió tal y como predijo la misteriosa mujer. Sin dolores. Se vientre crecía cada día un poco más. Natalie estaba sana. No sentía miedo de perder a su bebé, pues sabía que eso no formaba parte de las advertencias. Al fin eran felices.

El día doce de mayo nació Demetria. Sus padres estaban tranquilos. Fueron al hospital y los atendieron rápido. Los doctores le pedían a Natalie que describiera su dolor, pero éste era casi nulo. Después de una hora y media Demetria decidió salir a conocer al mundo.

Era rubia, con los ojos color miel de su padre y las delicadas facciones de su madre. Sus pequeñas manitos estaban cerradas en puños. Sus ojos estuvieron cerrados gran parte del tiempo que pasaron en el hospital.

Era hermosa. La combinación perfecta de sus padres. Ellos jamás estuvieron tan felices.



¡Lulu!

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Editado: 09.03.2018

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