Amor Mágico

Capítulo 41

 ─¿Me extrañaste? ─volvió a preguntar.

Di un paso hacia atrás por la impresión de verlo. El hombre de ojos amarillos hizo un gesto y mi abuela voló hacia él para agarrarla por el cuello. Él tenía el poder para lastimarla.

 ─Déjala en paz ─gruñí enojada─. Me quieres a mí, no a ella.

 ─Alana ─murmuró Eliot advirtiéndome.

Giré mi cabeza para fruncir el ceño pues no quería advertencias de su parte sino su apoyo para idear un plan de cómo salir ilesos de esa situación. Miré al frente dando un paso hacia adelante haciendo que el fuego en mi palma desapareciera. Me solté de Eliot, aunque él intentó detenerme de seguir caminando hacia el intruso. Alcé ambas manos demostrándole que no tenía nada para lastimarlo, excepto mi magia. El hombre de ojos amarillos se encontraba en el medio del jardín y a unos buenos metros lejos de mí y de la casa, dándome tiempo de pensar un plan de acción.

 ─Iré contigo. Solo suéltala, por favor.

 ─Quiero a los dos ─gruñó.

 ─Él no es parte de esto. Yo fui quien te ató, mi abuela y él son inocentes en este asunto.

Caminé hacia él y Eliot me siguió lentamente ya que no quería dejarme sola con el hombre que nos quería comer como su postre favorito. No sabía si besarlo por protegerme o golpearlo por seguirme, no quería que le sucediera nada malo. El hombre apretó el cuello de mi abuela y escuché el sonido de los huesos rompiéndose antes de que él la lanzara como una muñeca de trapo al otro lado del patio.

 ─Ella ya no me sirve ─dijo sonriendo.

Mi corazón se fragmentó al ver a mi abuela en la rara posición en la que había caído. Corrí hacia ella y escuché pasos detrás de mí, sabía que era Eliot. Me dejé caer en el suelo junto a ella y moví mis manos temblorosas sobre el cuello de mi nana esperando sentir algún pulso, sin embargo, todo estaba en silencio.

Solté un grito de dolor y me derrumbé en lágrimas. Todo era mi culpa, si no hubiera ido a la cita doble no hubiera conocido al brujo de ojos amarillos, ni tenido mi primer beso y mucho menos nuestras almas se fusionarían en una sola. La decisión infantil que había tomado estaba pasándome factura en ese momento.

 ─Alana ─gimió Eliot con dolor.

Miré sobre mi hombro y noté que el hombre de los ojos amarillos lo tenía por el cuello. Observó a Eliot con una gran sonrisa de satisfacción en su rostro. Sacudí mi cabeza para concentrarme en lo que estaba sucediendo e hice un gesto con mi mano haciendo que ambos salieran volando hacia la valla que separaba nuestro jardín con el del vecino. Limpié mis lágrimas, tenía que perder a alguien para que mis conductos lagrimales se abrieran. «¡Qué irónico!».

Miré a mi abuela para cerrarle los ojos. La había perdido a ella, pero no podía a perder a alguien más, y mucho menos a Eliot, si él moría yo moriría con él.

 ─Vestra es mihi in magica, nana[1] ─murmuré besando su frente─. Vestra es mihi in potentiam.[2]

Me levanté del suelo apretando mis manos en puños para encarar al mal. Tomé una respiración y mis costillas me dolieron. Eliot tuvo que haberse lastimado para que yo estuviera sintiendo dolor en ese momento. Hice un ademán y Eliot fue levantado en el aire como un muñeco, traje mi mano a mi pecho para moverlo con delicadeza a donde estaba mi abuela, los necesitaba juntos mientras me enfrentaba al maniático.

 ─Alana ─jadeó Eliot.

 ─Quédate con mi nana ─ordené.

 ─Ala…

 ─¡Quédate con ella! ─grité.

No necesitaba estar preocupándome por él cuando debía tener mi mente centrada en el enemigo. El hombre de ojos amarillos se irguió del suelo gracias a la magia, él enarcó una ceja esperando que yo hiciera algo. Bufé y él hizo un movimiento mágico hacia Eliot, pero alcé mi mano y detuve su magia antes de que alcanzara a mi novio. Sentí el poder recorrer por todo mi cuerpo.

Él se movía en cámara lenta ya que mi magia le impedía moverse con normalidad. Tenía que concentrarme para poder mantenerlo a raya mientras me acercaba a él. No tenía idea de que iba a hacer con el hombre, pero el enojo y el dolor de la muerte de una persona tan importante para mí estaban provocando algo raro en mi organismo. Gruñí cuando Eliot se movió y un rayo de dolor atravesó mis costillas. «¡Necesitaba que se quedara quieto!».

 ─¿Cómo te llamas? ─gruñí.

 ─No te lo diré.

 ─¿Seguro? ─enarqué una ceja.

Entrecerré mis ojos hacia él y apreté la mano que tenía alzada. El aire a nuestro alrededor desapareció. Miré fijamente como sus ojos se abrían en demasía y sus fosas nasales se dilataban intentando capturar algo de aire. Una sonrisa sádica apareció en mis labios. El dolor de la pérdida de mi abuela estaba sacando mi lado malo. Una sensación de placer me invadió al ver como él luchaba por tomar una bocanada de aire.

 ─¡Alana! ─balbuceó Eliot con temor.

Giré mi cabeza hacia él y mi concentración flaqueo un poquito al observar como él también luchaba por aire. Mi reacción no solo estaba perjudicando al brujo si no a Eliot y a las personas de nuestro alrededor. Todos ellos terminarían muertos por mi culpa. Dejé caer mi mano y el aire volvió a circular con normalidad.




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