El consultorio de la tarotista había estado cerrado por varios días. Nadie sabía el motivo pues aunque varias de las personas que la conocían la habían visto por ahí ella decidió mantener cerrado.
Esto comenzó a generar sospechas de que quizá alguien le había hecho algo. Algunos más afirmaban que ya no era tan buen negocio, pero eso era fácilmente repelido pues tenía muchos clientes que incluso no se daba abasto.
Solo Madame sabía que pasaba realmente y era un asunto místico.
*Ya no aguanto este dolor de cabeza.
Se quejaba mientras estaba recargada en su mesa con la cabeza reposando ahí.
"Las visiones no se terminan, cada día es peor.
Estaba dentro de su consultorio aunque este estuviera cerrado. Ella se había refugiado ahí intentando luchar contra las visiones y los dolores de cabeza que cada día aumentaban.
La falta de luz hacía ver a ese lugar aún más misterioso y tenebroso de lo que era. Mantenía la puerta y las ventanas cerradas pues decía que la luz aumentaba sus dolores.
El lugar también contaba con algo de basura pues en esos días no se había hecho el tiempo de limpiar y todo lo que comía o bebía era de los productos que se consiguen en una tienda.
"Esto es muy doloroso pero, ¿Qué se supone que haga?
Se cuestionaba y miraba hacía arriba como si alguien le estuviera escuchando.
"No puedo tirar el amuleto así como así. Se supone que si lo tengo es por algo. Además, ¿Qué podría pasar si lo dejo por ahí?
Nuevamente bajó la mirada hacía la mesa y dejó caer su cabeza para reposar. Lo único que tenía a su lado eran las cartas de tarot que para ella eran como un uniforme, algo especial en su día a día y no una simple herramienta de trabajo.
"Esa chica tenía razón. El amuleto del amor trae consigo algo oculto.
Se veía cansada y con los ojos rojos. Además de una expresión de miedo.
"Ese amuleto debió despertar algo, no logró entender qué es.
De la nada, una sombra se manifestó en el consultorio justo a un lado de ella. Fue muy difícil de percibir para la tarotista pero esa sombra parecía ser su amiga.
De pronto, la sombra metió la mano en su cabeza, la atravesó por completo provocando un fuerte dolor en ella. Se retorció como si un ataque le estuviera ocurriendo.
Después de moverse en repetidas ocasiones muy bruscamente, dejó de hacerlo y su cabeza quedó en la mesa.
Pasaron varios segundos así, mientras su cuerpo estaba inerte, la energía en el lugar comenzaba a sentirse cada vez más pesada. Incluso la sombra aumentaba de tamaño. Hacía parecer que se alimentaba de ella mientras manipulaba sus visiones. Solo podía escucharse un susurro diciendo…"aún estoy muy débil, debes ayudarme...
Ese susurro que perdió fuerza cuando la tarotista se levantó tomando aire con desesperación como si se hubiera estado ahogando en esos momentos. Abrió sus ojos tanto que podían verse las venas en ellos.
—¿Quién eres tú?—Preguntó la tarotista muy sorprendida y confusa.—¿Cómo puede existir un ser con tanto poder?
—Soy un espíritu antiguo que desea volver... necesito de tu ayuda para lograrlo...ven conmigo.
La voz era débil y costaba trabajo entenderle pero con el ruido nulo en el resto del lugar, podía hacerlo.
—Pero ¿Por qué yo?. No tengo tanto poder.—Seguía dudosa y nerviosa.—Yo no puedo hacer nada por ti.
—Ten confianza por favor, eres lo que necesito.—El espíritu seguía tratando de convencerla. —El guerrero tiene lo que necesitamos, no es tu amigo pero tienes que hacerle creer que lo eres.
De pronto, un fuerte ruido interrumpió el silencio y la tarotista se asustó.
Alguien llamaba a su puerta con desesperación, una persona deseosa por sus servicios.
—¿Quién es?, ¡No estoy atendiendo a nadie!—Gritó con desesperación y muy molesta por el ruido que se ocasionaba.
Después de la insistencia de su consultante, ella lo vió como una buena opción para despejarse de los espíritus y poder respirar tranquilamente. Se levantó muy rápido y se acercó a la puerta para abrir aún con la temblorina.
La persona que había tocado la puerta ya había dado la media vuelta para irse. Era Gonzalo quien con muchas dudas había ido ahí. Al no salir la tarotista pensó que era una señal para no hacerlo.
—Buenas tardes, dígame.
Dijo la tarotista al abrir la puerta y un momento antes que se fuera. Fue lo suficiente rápida para retenerlo ahí.
—Buenas tardes señora.—Respondió ya sin remedio.—Me dijeron que usted me podría hacer una lectura de cartas.—Dijo *p*n*s susurrando pues no quería que lo escucharan.
—¿Qué puedo qué?—Preguntó ella con dificultades para escuchar.
Gonzalo se acercó lentamente para usar el mismo tono de voz pero esta vez si ser escuchado.
—Me dijeron...que usted podía...leerme las cartas.
—Claro que sí joven, a eso me dedico.—Lo tomó de la mano para jalarlo y que pudiera pasar.—Disculpe el desorden, estamos en remodelación y por eso llevamos varios días sin abrir pero sin ningún problema le puedo dar una lectura de calidad.
Gonzalo caminó con muchas dudas aún pero más intrigado por la energía que se sentía y por las figuras que veía. Ya había notado que la iluminación hacía falta ahí.
Caminaron rápidamente hasta la parte trasera donde la tarotista tenía todo lo necesario para hacer la lectura. Elementos como veladoras, incienso, agua, símbolos, entre otras más.
Gonzalo se veía inquieto, esto no era solo por la energía que se sentía, también era porque era su primera vez y no sabía cómo se desarrollarían las cosas.
Pensaba en la desesperación que le había llevado ahí y en las muchas otras soluciones que podría probar antes que eso. Pero ahí estaba, se dejó convencer por una tía fanática de lo espiritual y que con varios engaños y estrategias de convencimiento, había embaucado al buen Gonzalo en aquella aventura en la que trataría de solucionar varios aspectos de su vida. Sintiéndose sin un rumbo fijo y con varias dudas sobre decisiones que tendría que tomar.