En la habitación aprovecharon para acostar a la tarotista mientras los profesores se habían ido a sus casas para descansar. Lorena ocupó la otra cama, había llegado al hotel con la promesa de arreglarse para salir a pasear como lo había querido desde que llegó. Sin embargo, el cansancio fue más y se quedó dormida.
La amiga había sido una pieza clave para todo eso. Era una prueba viviente de que en cada vida puedes conocer personas diferentes que te ayuden. Ella no había sido parte de aquella época, de hecho su última vida fue en una época y lugar distintos, pero algún motivo el destino la puso ahí para ayudar a la pareja. Una persona que lo hizo sin dudar y con todo el gusto del mundo.
Ella había crecido feliz y no tuvo carencias, era una persona muy comprometida y feliz alguien que no dudó en ayudar a su amiga y ahora a su amigo. En el fondo agradecía el poder haberse unido a la experiencia y convivir con aquellos espíritus, había sido la mejor experiencia de su vida.
Con eso en mente se acostó para disfrutar de la victoria mientras disfrutaba de un hermoso sueño que la hizo sonreír.
Mientras tanto, los profesores se tomaron el tiempo para conversar y así asimilar lo que había pasado ahí. Aún estaban dudosos de cómo explicar y si era bueno decirle a alguien lo que vivieron, pero al final, sin poder llegar a una solución o decisión, optaron por dejarlo para después y enfocarse en cantar victoria.
A pesar de todos los años que llevaban como amigos, nunca habían vivido algo así en equipo o de manera individual. Aquel era un tema que hablarían por siempre a partir de ese día.
Se sentaron en el balcón y mientras miraban el hermoso paisaje, comenzaron a hablar de sus vidas uniendo aquel magnífico momento.
La tarotista estaba tan cansada que no se conectó con el mundo de los sueños. Su cuerpo y su mente le permitieron descansar y recuperarse, aquella heroína se lo merecía. Aunque el temor de ser nuevamente poseída por el espíritu de la bruja no se desvanecía ni lo haría por él resto de sus días. Había sido una explicación única que la dejó marcada, incluso le haría dudar de seguir en el camino de la magia.
Por su parte, la ahora pareja salió a caminar en el hotel.
Dieron un pequeño paseo para intentar adaptarse a la nueva situación. No se soltaron de la mano ni un momento, sentían que esa era la manera de comenzar el vínculo después de todo lo que habían pasado.
—¿Te sientes diferente?—Preguntó Luis mientras se recargaba en el balcón que daba hacia la hermosa ciudad.
—Si, aunque no sé exactamente cómo debería sentirme después de romper una maldición.—Le dijo riendo un poco.—Es algo que nunca me había sucedido. Pero sí me siento diferente, contenta, feliz, con mi energía renovada y muy esperanzada en lo que pueda pasar con nosotros.
—Yo me siento igual, incluso creo que el cansancio se me ha ido.—Respondió el joven con una sonrisa.—Este ha sido el mejor viaje de mi vida pero creo que está lejos de terminar.
—¿Por qué lo dices? ¿qué más te gustaría hacer?
—Estoy en una ciudad hermosa al lado de la mujer más bella que existe.—Sonrío pícaramente.—Creo que la pregunta se responde sola.
Berenice comenzó a sonreír pues se sintió complacida con aquel comentario.
Después comenzaron a caminar más por el hotel. Lo recorrieron a forma de conocerse más aunque oficialmente ya habían declarado tener una relación.
Había muchas cosas que aún tenían que saber el uno del otro y conocerse mejor.
Caminaron hasta que se terminó el camino, llegaron nuevamente a aquel balcón y se percataron que también se habían acabado las excusas para hablar de lo suyo. Tenían que conversar y dejar las cosas claras para continuar aquella relación, una que sin duda había iniciado de una manera muy extraña.
—Respecto a tu pregunta sobre ¿Qué más me gustaría hacer?—Dijo Luis muy animado.—Sería capaz incluso de ir con un padre, con un juez o con un chamán para casarme contigo inmediatamente.
—¿En serio?, ¿Por qué has tomado esa decisión?—Su tono de voz hacia ver que seguía complacida aunque sorprendida por aquello.
—Porque estoy seguro que estoy con la persona correcta.—Dijo entre risas.—Y sin importar ese pésimo carácter que te cargas sé que voy a ser muy feliz contigo.
Se acercó lentamente hacia ella para besarla. Berenice no se resistió ni un poco, se dejó seducir por el momento y suspiró mientras Luis la tomaba de la cintura y la pegaba lentamente a sus labios para fusionarse el uno con el otro.
El beso duró unos segundos, tiempo en que ambos corazones palpitaron tan rápido y emocionados que se conectaron.
—Además, ¿Qué mejor ciudad que esta para hacerlo?—Continuó Luis con la misma emoción.—Ya nos casamos una vez aquí y al parecer nuestros antepasados fueron muy felices. Una ciudad mágica para un amor mágico.
—Creo que eso suena bien, sin embargo creo que nosotros debemos buscar nuestro propio lugar mágico.—Dijo ella mientras miraba hacia el horizonte.—Conozcamos más lugares y hagamos nuestra propia historia y al final, si aún nos llama este lugar, vendremos.
Ambos estuvieron complacidos con no acordar nada. Sabían que sonaba a locura el hecho de casarse en ese momento e iniciar una vida juntos, sin embargo ninguno de los dos tenía duda en hacerlo, no tendrían problema en tomar aquella decisión pero les pareció más sensata la opción de Berenice... comenzar una historia en otro lugar y al final regresar ahí para completar su cometido.
Decidieron entonces continuar con el resto de su agenda, habían quedado en ir a comer con sus amigos para festejar el triunfo y para anunciar oficialmente su relación.
Los profesores los habían invitado a un lujoso restaurante en el centro de la ciudad. Con ellos tendrían que ir Madam Citlali, Lorena y por supuesto la feliz pareja. Los profesores aprovecharon para llevar a sus esposas y familias y así presentar a sus nuevos amigos sintiéndose comprometidos con aquella relación. Incluso entre bromas la feliz pareja les había pedido ser padrinos cuando ellos se casaran.