Amor oscuro

Capítulo 4 un romance oculto

Isa se quedó completamente muda. Durante unos largos e intensos segundos, se limitó a clavar sus ojos en Valeria, procesando la magnitud de lo que su mejor amiga le acababa de confesar. Finalmente, soltó un largo suspiro, dejando ir toda la tensión acumulada, y le tomó las manos con cariño.

—Amiga... te conozco desde que teníamos seis años, hace ya más de quince años. Y te juro que es la primera vez en mi vida que te veo con esa luz en los ojos. Si de verdad sientes en el alma que hay un amor real con Gael, no lo dejes ir. Ve detrás de él.

Valeria bajó la mirada, sintiendo el peso de la realidad sobre sus hombros.

—No lo sé, Isa. Tengo muchísimo miedo —confesó con un hilo de voz—. Tú sabes perfectamente cómo es mi papá. Es extremadamente estricto. Él solo quiere que viva metida en la inmobiliaria, trabajando sin parar. Y ya sabes la opinión tan cuadriculada que tiene sobre los noviazgos. Dice que solo son distracciones.

Valeria se encontraba atrapada en la peor de las encrucijadas: hacerle caso a los latidos desbocados de su corazón, o someterse a la estricta voluntad de su padre.

***

Pasaron dos días eternos. Dos días de un silencio sepulcral, sin una sola llamada, sin un mísero mensaje de texto. Valeria no volvió a buscar a Gael para no invadir su espacio, y Gael, sumido en sus propios demonios, tampoco intentó contactarla. Eran dos almas perdidas en el mismo laberinto, destinadas a chocar tarde o temprano.

Para no volverse loca, Valeria se sepultó bajo toneladas de trabajo. Visitaba clientes a cualquier hora, cerraba ventas complejas de apartamentos y se mostraba impecable y al pie del cañón en la inmobiliaria junto a Arturo, su tío Ricardo y la tía Martha. En la superficie, todo marchaba "normal", con la rutina de siempre. Pero por dentro, su corazón no dejaba de latir por un solo hombre: Gael.

Gael, por su parte, acababa de dar un paso gigantesco: había conseguido su primer empleo formal como abogado en una prestigiosa firma. Estaba feliz, casi aliviado. Después de haber transitado por el mismísimo infierno y de cargar con las barbaridades que cometió en su juventud, la vida por fin parecía sonreírle y decirle: *sí se puede cambiar*.

Sin embargo, el destino tenía otros planes. Esa misma tarde, mientras organizaba unos expedientes en su nuevo escritorio, su celular vibró. En la pantalla aparecía un número desconocido.

—Aló, buenas tardes. Habla Gael D'Angelo —contestó con su habitual tono profesional.

—Buenas tardes, "abogado" —respondieron al otro lado de la línea. La voz era áspera, pausada y cargada de una ironía venenosa—. ¿Me hace un favor? ¿Se encuentra por ahí Gael D'Angelo? ¿O debería llamarlo por su verdadero nombre... "El Carnicero"?

Aquellas palabras resonaron en sus oídos como un disparo a quemarropa. A Gael se le congeló la sangre y el color se le fue del rostro en un segundo. El vaso de agua que sostenía con la otra mano se le resbaló de los dedos, estrellándose contra el suelo y salpicándole los zapatos. Sin pensarlo, colgó el teléfono de inmediato. Las manos le temblaban de una manera incontrolable.

¿Quién era ese hombre? ¿Cómo lo habían localizado? ¿Por qué sabía su pasado en Costa Norte y que ahora ejercía como abogado en Villasol? ¿Acaso su oscuro pasado acababa de tocarle la puerta para cobrarse todas sus deudas?

Esa noche, a kilómetros de distancia, ninguno de los dos pudo pegar el ojo. En su cama, Valeria abrazaba la almohada pensando en el calor de los brazos de Gael. En la suya, Gael miraba el techo con la respiración agitada; quería correr hacia ella y protegerse en su pureza, pero sabía perfectamente que cargaba con un muerto a la espalda. Y ahora, ese muerto estaba llamando a cobrar su parte.

***

A la mañana siguiente, Valeria se vistió con su armadura de siempre: traje sastre gris, tacones altos y una carpeta llena de planos. Su mente solo repetía una consigna: *vender, vender, vender*. Pero antes de ir a la inmobiliaria, pasó por la casa de Isa para desahogarse.

—Si de verdad es el hombre al que amas, tienes que arriesgarte y darle una oportunidad a ese amor —le aconsejó Isa mientras le servía un café—. Tu papá es duro, sí, pero al final tendrá que entender que ya eres una mujer adulta y que tienes derecho a ser feliz.

Valeria sabía que el camino no sería fácil, pero contaba con un aliado inmejorable: su tío Ricardo, su cómplice de toda la vida. Decidida, lo llamó desde el auto.

—Tío... quiero estar con Gael. Sé que es él. Pero mis papás jamás lo van a aceptar. Necesito tu ayuda.

Al otro lado del teléfono, Ricardo soltó una carcajada cómplice.

—Tranquila, mi niña consentida. Tú sabes que tu tío favorito siempre está para respaldarte. Yo te ayudo a cubrir las espaldas, como siempre lo hemos hecho.

El tío alcahueta volvía a la acción. Aunque esta vez, esa alcahuetería familiar estaba a punto de costarles demasiado caro a todos.

Armándose de un valor que no sabía que poseía, Valeria buscó el número de Gael y marcó. El teléfono sonó tres veces antes de que contestaran.

—Aló... —dijo la voz de Valeria, tratando de sonar firme—. Señor Gael D'Angelo... ¿cómo está usted?

Del otro lado se produjo un silencio eterno. Gael, con el corazón en la garganta tras la llamada extorsiva del día anterior, buscaba desesperadamente las palabras adecuadas para no involucrarla en su peligroso mundo.

—Aló —respondió finalmente Gael, con una voz seca, distante y carente de cualquier emoción.

—Señor Gael... yo... solo llamaba para saber si finalmente fueron a declarar lo del problema de las tuberías de agua en la nueva propiedad —preguntó ella, desconcertada por su frialdad.

—Sí, ya quedó solucionado —respondió él, cortante—. Tengo que colgar.

Y la línea se cortó. A Valeria se le congeló la sangre en las venas. ¿Ese era el mismo hombre que la había besado con tanta pasión hacía apenas dos días? ¿Por qué se comportaba ahora de una manera tan gélida y distante? Su cabeza se transformó al instante en un mar de dudas y dolor.




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