Amor pirata

Capítulo 1 La Huida

Ana subía corriendo las escaleras de su casa con dirección a su cuarto, al llegar a este trato de cerrar la puerta pero el pie de su padre se lo impedía mientras este con facilidad logró empujar la puerta para abrirla totalmente e ingresar en la habitación mientras Ana con los ojos rojos por las lágrimas y con mucho temor observaba a su padre ingresar furibundo a su habitación.

-¡Me vas a oír jovencita!- dijo mientras cerraba la puerta detrás de él.

-No, ¡papá por favor, no quiero hacerlo!- sollozaba la niña.

-Eres mi hija y harás lo que yo te ordene- 

-¡Papá, por favor, no quiero, te lo ruego, no lo hagas!- 

- Ya estoy cansado de tu actitud, tú me obedeces y punto-

La niña lloraba amargamente, mientras él repetía una y otra vez que debía obedecer sin chistear por ser su hija y por ser mujer; El padre de Ana, el almirante Rigoberto Baldelomar era un hombre muy duro y severo, trataba a su hija igual que lo hacía con sus soldados y Ana no tenía una madre en quien apoyarse ya que la suya había muerto cuando ella nació, un hecho que su padre le repetía cada vez que podía, como si la culpara.

-¡Papá, por favor te lo ruego, soy tu hija, no lo hagas!

- ¡Exacto, porque eres mi hija, harás lo que yo ordene, y esto es lo mejor para ti, para tu futuro, si hubieses nacido hombre...

-No, ¡no quiero casarme y menos con ese tipo que escogiste!- dijo la niña con determinación.

- Ya te dije, harás lo que yo diga y punto, ahora alístate que mañana mismo daremos una reunión para anunciar tu compromiso con Don Pablo Miranda-

-¡No!- grito la niña

-Es un viejo, bien podría ser mi abuelo, no me voy a casar con él-

-Es un hombre muy rico, estarás bien acomodada, y ya estás en edad de casarte-

-Papá por favor no con él, tengo 16 años y él es muy viejo para mí - 

Ana miro a su padre con irritación, decidida a enfrentarse a él, aunque el cuerpo entero le temblaba, estaba dispuesta a aguantar aunque una golpiza pero no dejaría que su padre la casara con un hombre de 50 años.

- ¡He dicho que me obedecerás y punto, ahora...! dijo con furia Rigoberto cuando su hija en un movimiento rápido corrió por su lado izquierdo, esquivándolo, abrió la puerta y corrió a toda velocidad.

- ¡Vuelve aquí!- gritaba furibundo Rigoberto mientras corría hacia el inicio de las escaleras observando a su hija bajar por estas.

-¡NO!- grito la niña con un nudo en la garganta, tratando de aguantar su llanto.

Ana corría sin mirar atrás esperando no ser detenida por su padre, corrió hasta toparse con la puerta principal de su casa, al abrirla observó por unos segundos la pequeña entrada que separaba su casa del mundo exterior, solo un caminito de piedras y un portón de fierro la separaban de su libertad y lo que sería una horrible tortura de quedarse un segundo más ahí, decidida la niña estaba a punto de cruzar la puerta.

-¡Si sales de esta casa no vuelves nunca más!- Rigoberto gritaba desde las escaleras.

Parada en la puerta principal de su casa con su mano en la perilla se detuvo, giro lentamente su cabeza para mirar a su padre, parado en las escaleras con sus manos sobre las barandas, observándola, los ojos de Ana se le llenaban de lágrimas al ver los ojos de su padre llenos de odio, sin decir palabra la niña solo volteo, abrió la puerta y salió de esa casa, corrió y corrió sin rumbo fijo, las lágrimas en sus ojos nublaban su vista pero aun así ella no dejo de correr.

< <  ¿Ahora qué voy a hacer?, no tengo a nadie más en el mundo, ¿dónde voy, que hago, vuelvo?, ¡No, si vuelvo mi padre me obligara a casarme con ese horrible viejo < < 

Abstracta en sus pensamientos y con la vista borrosa por sus lágrimas Ana no se había percatado del lugar en el que se encontraba, mientras ella seguía corriendo, unas miradas lascivas la seguían sin que ella lo percibiera 

-¡Auch!- dijo Ana al golpearse en el piso, tras tropezar con una piedra que sobresalía del empedrado,sin tiempo a reaccionar, sintió como cuatro manos la sujetaban y alzaban al mismo tiempo, dos en cada brazo

-¡Mira nada más lo que nos trajo el viento!- dijo un hombre con aspecto descuidado, sucio y con dientes podridos.

-Ahora si nos vamos a divertir!- continuo otro hombre con el mismo aspecto

-¡Auxilio, ayudaa!- gritaba Ana mientras trataba de zafarse de aquellos hombres,pero sus patadas al aire y sus jalones eran inutiles ya que ambos hombres aunque delgados eran más fuertes que la jovencita.

-¡ja ja ja, aqui nadie te va ayudar!- dijo uno de los hombres 

Ana con profundo temor recien se percato que había llegado hasta la parte de un muelle donde se encontraban tabernas de mala muerte a las que generalmente asistían piratas y otros delincuentes, Ana lloraba y gritaba por ayuda pero sus gritos fueron callados por uno de los hombres que le tapó la boca con una pañoleta que llevaba en el cuello, mientras se dirigían a un oscuro callejón detrás de una de esas tabernas.

-¡Como me voy a divertir con esta preciosura!- dijo uno de los hombres mientras pasaba su lengua por la mejilla de la jovencita que estaba mojada por sus propias lágrimas.

-Nooo- apenas lograba decir Ana detrás de la pañoleta que le habían puesto.

Aquellos hombres se reían y burlaban de las suplicas de la jovencita mientras hacían comentarios groseros con relación a ella, uno de ellos estaba a punto de tocarla en lo más íntimo de su ser, cuando el sonido de un disparo al aire los asusto.

-Dejen a esa niña, ¡ahora!- dijo una voz de  mujer a la que no alcanzaban a ver bien por lo oscuro de aquel callejón 

-No te metas mujer, vete o...-

Otro disparo se escuchó, esta vez la bala golpeo el piso cerca del hombre quien paro de hablar y aterrado miro a la mujer, quien apuntaba su pistola hacia ellos

-¡Déjenla, he dicho!-  grito furiosa aquella extraña




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