Amor pirata

Capítulo 26 >> ¿Qué hará Juan ahora?

-¡Perdón, nana, no quise gritarte, yo… estoy algo estresada!- dijo Ana  apenada

-No te preocupes mi niña- dijo la mujer muy dolida

Ana abrazo a la mujer pidiéndole disculpas por su exabrupto mientras esta la abrazaba de vuelta, aceptando las disculpas.

-¡Ya no sé qué hacer nana, tengo los nervios de punta, estoy mintiendo y engañando a mi esposo, no encuentro una solución en la que todos salgamos ganando!- dijo Ana algo nerviosa

-Así es la vida mi niña, las decisiones que tomamos siempre tienen alguna consecuencia, pero debes arriesgarte- aconsejo la mujer

-Lo se nana, pero tengo mucho miedo, no quiero perder a Juan ni a mis hijos-

-Niña, tus hijos deben ser lo más importante para ti, eres madre ahora, cuando una mujer tiene hijos  se olvida de sí misma, primero están sus hijos-

-¿Es algo injusto, no lo crees?, Mis hijos pronto me abandonaran para formar sus propias familias y yo ¿debo envejecer al lado de un hombre que no amo?, ¿Por qué las mujeres debemos renunciar a todo por ser madres?- cuestiono Ana frunciendo el ceño

-No lo sé niña pero así es la vida, para eso fuimos creadas las mujeres, nuestro deber es atender al marido y criar a nuestros hijos, cuando tus hijos tengan los suyos tú les ayudaras a criarlos, así son las cosas- respondió la mujer calmadamente

-No estoy de acuerdo, espero que eso cambie en un futuro, ya ves, los hombres dicen que las mujeres no podemos hacer lo mismo que ellos, yo fui la mejor pirata del golfo de México, lidere mi propia flota, tuve que dejar esa vida que tanto amaba  y mírame ahora, la esposa de un ganadero, vivo aburrida en una hacienda sin hacer otra cosa que cuidar a mis hijos- dijo Ana frustrada

-Disculpe señora, la esperan para merendar- interrumpió una sirvienta

-Ahora bajo- respondió Ana

-Niña ve con tu familia, es con ellos con los que siempre debes estar- dijo la mujer mirándola fijamente

Ana pensativa se dirigió al comedor donde su familia ya la estaba esperando, los contemplo por unos segundos, sus hijos discutían como siempre por alguna tontería, Joaquín  tratando de calmarlos.

 

-¡Papá, dile a mi hermana que ese era mi vaso!- gritaba Santiago

-¡Claro que no, ese es el tuyo y este es el mío!- respondía María señalando ambos vasos con leche

-¡Basta, eso no interesa, compórtense los dos, su madre bajara pronto, comamos en paz!-  ordeno Joaquín

Ana sonrió para sí misma al contemplar esa escena, aunque el pobre de su marido estaba perdiendo la paciencia con las frecuentes discusiones de sus hijos, Ana atesoraba cada momento. Antes de que los jovencitos intensificaran su discusión Ana se sentó en el comedor a poner orden, la familia disfruto de una comida deliciosa acompañado por platicas y risas.

-Buenas noches papi, buenas noches mami- decían los muchachos mientras se retiraban a sus respectivas alcobas para dormir, después de unas horas Ana y Joaquín hicieron lo mismo.

-Buenas noches mi amor- dijo Joaquín acercándose a ella para besarla

-Buenas noches- respondió Ana esquivando el beso que iba dirigido a sus labios para darle su mejilla

-Descansa- dijo Joaquín algo tristón mientras Ana lo miraba con una media sonrisa y se despedía ingresando a su habitación.

Una voz familiar despertó a Ana muy temprano en la mañana, tapo su cara con las sabanas deseando que fuera un sueño, cerró los ojos intentando reconciliar el sueño cuando unos toques en su puerta lo impidieron.

-¡Mamá, el abuelo está aquí!- gritaron los muchachos.

>> ¡Lo que me faltaba!<< pensó Ana disgustada, de nuevo unos toques en su puerta.

-¡Ya oí, ya voy!- grito Ana

-¡Soy yo!- grito Rigoberto detrás de la puerta

-¡Me cambio y salgo!- respondió Ana echando maldiciones en su mente

Después de algunos minutos Ana salió de su habitación, reunió valor para enfrentarse al tedioso sermón de su padre, que ya lo imaginaba en su cabeza.

-¡Buenos día hija!- saludo su padre

-¡Buenos días!, ¿Por qué ha venido?- dijo Ana seriamente

- Debo hablar contigo seriamente- respondió Rigoberto

-¿Sobre?-

-¡Ese filibustero! – respondió despectivamente descubriendo su cuello en el cual tenía una cicatriz de una pequeña cortada

-¿Qué le paso?- pregunto asustada

-Ese hombre entro a mi casa hace unos días, me exigió que le de la dirección de esta hacienda, por supuesto no lo hice y ¡me ataco!- dijo Rigoberto enfadado

- No justifico a Juan, pero lo que le hizo a usted no fue solo por su negativa, usted nos separó, le deformo el rostro, Juan está lleno de furia y venganza, dese  por agradecido al menos no lo mato- 

-¿Cómo defiendes a ese hombre?, ¡Yo soy tu padre!- dijo Rigoberto muy exaltado

-¿Mi padre?, Padre no es solo el que engendra, usted jamás se preocupó por mí, no me quería, pero no por eso le deseo la muerte, yo misma pedí a Juan clemencia por su vida-

-¿Debo agradecerte entonces?- pregunto  Rigoberto irónicamente

- No lo hice por eso, al fin y al cabo llevo su sangre ¿no?-

-No soy perfecto, pero soy tu padre, es verdad que no fue de mi agrado el no haber tenido el hijo varón con el que siempre soñé, al morir tu madre cuando naciste yo tuve miedo a fallar y he fallado mucho hasta hoy, siempre pensando que hacia lo mejor para ti- explico Rigoberto muy afligido

-Padre, a pesar de todo usted sabe que siempre le tuve cariño, pero también sabe que estoy molesta con usted, no vale la pena repetir lo mismo- respondió Ana entristecida

- Ana…  hija-

- Padre, mejor terminemos con esta plática, vamos a desayunar- interrumpió Ana  dirigiéndose al comedor, Rigoberto la siguió sin decir palabra

El día transcurrió tranquilamente, en la noche todos compartieron la comida y como todas las noches los jóvenes se retiraron a sus cuartos dejando a los adultos hablar tranquilamente.




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