Amor por conveniencia

Siempre protegerte.

Venecia.
Sus miradas siento que tienen una especie de magia, porque comienzo a sentirme cada vez más pequeña.

Un gran silencio hay en toda la sala.

Conozco perfectamente ese sentimiento de incomodidad, creo que es el sentimiento que mi cuerpo más reconoce, debido a toda la experiencia que tengo con él.

—¿No sé presentarán con ella? —Nickolas es quien rompe con ese dramático silencio.

Un hombre de unos treinta y tantos se pone de pie y se acerca a nosotros.

—Soy Oliver, Oliver Thobers, hermano de Nickolas.

Me ofrece su mano y yo la tomo.

—Venecia Ommers.

—Mi esposa Alicia, y mi hija Amaia.

—Un placer. —sonrío.

Una señora carraspea.

—Soy Grace Ommers, tu suegra o eso espero si todo esto no termina siendo solo un chiste de mal gusto de mi hijo o si no resulta en otra cosa, mi esposo, Richard. —la señora suspira. —A todo esto, ¿Cuéntanos eso de la estafa? Porque de principio debo creer la palabra de mi hijo, pero tú eres una perfecta extraña y no quiero sabes que una criminal se encuentre bajo mi techo.

Miro hacia el suelo en cuanto dice eso.

«Criminal.» Debo suponer que toda persona que me conozca y sepa lo que sucedió estará dándome ese título.

—Puedo explicarlo yo, tengo más claras los hechos de lo que los tiene ella. —se me adelanta Nick. —Fue detenida en el aeropuerto, por una orden de detención del Juez Meliz, su causa habla sobre una estafa por malversación de fondos y emisión de cheques sin un respaldo, debido a que su cuenta bancaria está en ceros.

Me sorprendió escuchar lo de mi cuenta bancaria, porque yo no recuerdo tener una.

—No tengo una. —le informó. —Yo todos mis trabajos los cobro en efectivo, pero no los depósito en ningún lugar, jamás he tenido la necesidad de tener alguna cuenta bancaria.

Nickolas frunce el ceño.

—¿Estás segura?

Asiento.

—Bien … piensa ¿Alguna vez te han hecho firmar algo? Porque tú para tener una cuenta bancaria a tú nombre debes haber firmado algunos papeles.

—No que yo recuerde.

—Bien, deberías comunicarte con algún perito. —sugiere Grace. —Creo que Hermann está en la ciudad en estos días.

—Si luego lo llamó, para que mañana se presente en el estudio, ahora creo que es mejor que ella se vaya a descansar.

Toma mi mano y comienza a caminar por toda la casa.

—¿A dónde vamos?

—A dormir, llevas días durmiendo en una celda, me imagino que lo que más quieres ahora mismo es un baño y dormir un poco, yo tendré que salir a buscar algunas cosas, iré a ver al fiscal de tu causa, para ver los documentos de esa cuenta bancaria, dentro de dos días tienes la primera presentación ante el juez y quiero por lo menos saber realmente a qué nos enfrentamos.

—¿Crees que me volverán a detener?

—Podría mentirte y decirte que no, que todo está bien, pero prefiero que tengas claras las cosas … pude sacarte con una fianza, no porque ellos crean que seas inocente, mi única tarea será demostrar tu inocencia, pero de igual forma la principal tarea de fiscalía es demostrar que tú eres culpable, y si ellos han podido demostrarle al primer juez que tú debías ser detenida antes de que salieras al extranjero, es porque de alguna forma ellos a él le han podido generar una gran duda sobre tú inocencia.

Me siento en la cama.

—Entonces, ¿Tú si me crees? —le pregunto y él asiente. —¿Por qué me crees? Eres igual de extraño que ellos.

Él se acerca a mí y se arrodilla frente a mí.

—Creo en tí, porque llevo involucrado a temas judiciales más tiempo del que soy capaz de recordar, he visto a inocente y a culpables, se diferenciarlos, y tú tal vez si tienes algo de enojo, con algo de odio en tu mirada, pero no veo los ojos de una estafadora, y créeme mis instintos no me engañan. —se vuelve a poner de pie. —Tienes un pijama en mi armario y en el baño algunas cosas de aseo personal.

—¿Por qué mejor no me llevas a mi casa? No quiero estar aquí incomodando a tu familia.

—No te preocupes por ellos, duerme un poco y luego si quieres ir a tu casa, te llevaré.

«Tampoco es como que tenga otro lugar, como para poder optar por no estar allí.»

Minutos después.

Me recuesto en el sillón, bajo la atenta mirada de Nickolas.

—Voy a salir, vengo más tarde, si necesitas algo, solo baja y pídele lo que necesitas a alguna de las chicas que trabajan en la casa.

—¿No puedo ir contigo?

—Te ves bastante cansada, recupera energías.

Sale de la habitación y yo me quedo en una habitación desconocida, cálida, pero sola y es como volver a estar en esa celda, pero con una bonita vista.

«¿En qué estabas pensando?» comienzo a reprocharme cuando veo el pequeño anillo en mi dedo.

Viendo a su familia entiendo totalmente que nosotros no somos ni parecidos, me siento tan pequeña frente a ellos, incluso la niña pequeña denota una sensación de poder absoluto, mientras que yo con cada pequeña mirada quiero salir huyendo por esa puerta principal.

Camino hasta el gran espejo de pie que está junto a la puerta.

En el reflejo de este, solo veo a una niña miedosa.

—No quiero verme más así.

«De la chica del espejo ya se han aprovechado, y ya no quiero más.»

Es como si la chica del espejo fuera una niña inocente, una niña con la han estado jugando y haciéndole pequeñas heridas, heridas que ya son cicatrices.

En la soledad comienzo a cuestionarme todo, pero absolutamente todo.




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