Venecia.
Observarlo en silencio se ha vuelto mi arte.
Cada dia siento que estoy mas loca de amor por él y me vuelvo una mejor mentirosa por intentar callar y ocultar todo lo que siento.
Pero con él, el amor es un arte digno de un museo, porque no me pide nada y yo siento que daria todo por él y eso me enloquece de tal manera que quisiera que el me escuche gritarle que lo amo, pero me da miedo que él decida terminar con todo esto que estoy sintiendo.
Amarlo en secreto siento que me quema el pecho de tal forma que solo con un grito podria sentirme liberada.
Nicholas camina hacia mi con algunos documentos.
—¿Qué es esto? —le pregunto empezando a leer.
—Tu "hermana" te ha enviado esto. —me informa. Lo miro sin entender.
—¿Qué se supone que esto?
—Tu hermana te ha enviado un contrato donde acuerdan que tu le entregas una propiedad que aparentemente esta a tu nombre y ella presenta pruebas que te harian comprobar tu inocencia, solo queria informartelo, porque vamos a investigar esa propiedad, pero no te dejare aceptar tal bajeza, tu no tienes porque aceptar un trato como si fueras culpable de algo, tu eres inocente y yo lo comprobare.
Se acerca a mi para darme un beso en la sien.
—Yo te protegere, no debes preocuparte por nada. —murmura.
Todo mi cuerpo se eriza.
No importa cuántas veces Nicholas me toque de manera inocente, siempre consigue el mismo efecto en mí.
Mi corazón late tan fuerte que temo que pueda escucharlo.
Él se aleja unos pasos para guardar los documentos sobre el escritorio, completamente ajeno al caos que provoca dentro de mí, como él se vuelve la causa de mi inestabilidad y mi seguridad por completo.
—No deberías fruncir tanto el ceño —dice sin levantar la vista—. Vas a terminar con arrugas antes de tiempo.
Una pequeña risa escapa de mis labios.
—¿Eso te preocuparía?
Nicholas finalmente me mira.
Y por un instante, solo me observa, con esa intensidad tranquila que siempre parece desnudarme el alma.
—Claro que me preocuparía.
Mi respiración se detiene por un instante.
Él suspira y deja los papeles a un lado.
—Eres mi esposa, Venecia.
Esas palabras.
Dios.
Nunca dejan de afectarme.
Aunque para él solo sean parte de un acuerdo, y solo nosotros sepamos que somos lo que somos, se siente tan real que mañana podria desaparecer y se haria realidad mi mayor pesadilla..
Aunque para mí signifiquen el mundo entero.
—Ven aquí.
Parpadeo.
—¿Qué?
—Ven.
Mis pies se mueven solos hasta quedar frente a él.
Nicholas alza una mano y acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja. Sus dedos rozan mi mejilla con una delicadeza que me hace querer llorar.
—Has estado muy tensa estos días. —dice mientras masajea levemente mis hombros. —Noto demasiada tensión acumulada aqui.
—Estoy bien.
Él entrecierra los ojos.
—Esa es una mentira terrible.
Una sonrisa temblorosa aparece en mis labios.
—¿Tan mala soy mintiendo?
—Con el resto del mundo, quizá no. Pero conmigo... —su pulgar acaricia mi mejilla—. Nunca deberias siquiera intentarlo, aunque no lo creas se todo de tí.
Siento un nudo formarse en mi garganta.
Porque si supiera la verdad...si supiera que estoy enamorada de él.
Que cada pequeño gesto suyo alimenta una esperanza absurda.
Tal vez se alejaría.
Tal vez este matrimonio terminaría.
—Nicholas... —Mi voz sale apenas en un susurro.
Él inclina ligeramente la cabeza.
—¿Sí?
Lo miro.
Sus ojos.
Su expresión tranquila.
La forma en que me observa como si yo fuera alguien importante y, por un segundo, quiero decírselo todo.
Quiero decirle que lo amo.
Que me enamoré de él sin darme cuenta.
Que cada día a su lado se siente como un regalo y una condena al mismo tiempo.
Pero el miedo me gana.
Siempre me gana.
—Gracias... —termino diciendo.
Sus facciones se suavizan.
—No tienes que agradecerme.
—Sí, lo hago. —Mi voz se quiebra ligeramente.
—Nadie me había protegido antes.
El silencio cae entre nosotros.
Entonces, para mi sorpresa, Nicholas lleva una mano hasta mi mentón.
Con una suavidad infinita.
—Eso cambia desde ahora.
Mis ojos arden.
—Porque mientras yo esté aquí, nadie volverá a hacerte daño.
Una lágrima resbala por mi mejilla antes de que pueda detenerla.
Él frunce el ceño.
—¿Por qué lloras?
Intento reír.
—No estoy llorando.
—Otra mentira terrible.
Suelta una pequeña sonrisa y, con una ternura que me rompe por completo, limpia mi lágrima con el pulgar.
—Venecia... —murmura mi nombre tan despacio que parece una caricia—. No tienes que cargar con todo sola.
Mi pecho duele.
Porque él no entiende.
Él es precisamente la razón por la que mi corazón pesa tanto.
Sin pensarlo, doy un pequeño paso hacia él y otro.
Hasta que mi frente termina apoyada en su pecho.
El mundo se queda en silencio.
Puedo escuchar los latidos de su corazón.
Fuertes.
Tranquilos.
Y, para mi sorpresa, Nicholas me rodea con los brazos.
Con cuidado.
Como si yo fuera algo precioso.
Mis ojos se cierran inmediatamente.
—Todo estará bien —susurra sobre mi cabello.
Sus manos acarician mi espalda lentamente.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Me permito imaginar.
Imaginar que esto es real.
Que este matrimonio no es un acuerdo.
Que él me abraza porque me quiere.
Que podría amarme algún día.
—¿Sabes? —murmura de repente.
Levanto un poco la cabeza.
—¿Qué?
Sus labios se curvan apenas.
—Creo que te ves bonita cuando sonríes.
Mi corazón deja de funcionar.
—¿Q-qué?
Él parece darse cuenta de lo que ha dicho y su expresión cambia ligeramente.