Amor Prohibido

AMOR PROHIBIDO, TRIUNFO EN EL CORAZÓN

El sol brillaba sobre el pueblo de San José, tiñendo de dorado los caminos de tierra y los tejados de paja. En el patio de la escuela primaria, Carlos corría tras una pelota de trapo, sus pies descalzos levantando polvo. María, con su trenza negra atada con una cinta roja, lo miraba reír mientras se agachaba para recoger la pelota que se había detenido a sus pies.
—¡Toma, Carlos! —gritó ella, lanzándole la pelota con fuerza.
Carlos la atrapó con las manos y sonrió, mostrando sus dientes de leche. —Gracias, María. ¿Quieres jugar a los padres con nosotros? —preguntó, señalando a un grupo de niños que se reunían cerca de un árbol grande.
María asintió con entusiasmo. —Sí, me gusta mucho ese juego. Yo seré la mamá y tú el papá, ¿vale?
—Vale —respondió Carlos, y juntos se unieron al grupo. Pasaron la tarde jugando, construyendo casas con ramas y piedras, imaginando una vida juntos en la que no había límites ni prohibiciones. No sabían entonces que esos juegos infantiles serían el comienzo de una historia que marcaría sus vidas para siempre.
Cuando el sol empezó a ponerse, las madres llamaron a los niños desde las puertas de sus casas. Carlos y María se despidieron con un abrazo rápido, prometiendo volver a jugar al día siguiente.
—Hasta mañana, María —dijo Carlos, corriendo hacia su casa.
—Hasta mañana, Carlos —respondió ella, entrando en la suya con una sonrisa en los labios.




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