El sol matutino, filtrándose tímidamente entre las cortinas de lino, pintaba la piel de Alexa con pinceladas doradas, resaltando la suave curva de su hombro y la delicada línea de su mandíbula. Seth despertó con la visión de una cascada de cabello rubio extendida sobre su pecho, un mar de hebras doradas que se movían suavemente con su respiración. Dios, pensó, con una mezcla de admiración y cariño, incluso dormida es una visión. La luz tenue de la mañana revelaba la serenidad en su rostro, una calma que contrastaba con la energía vibrante que irradiaba cuando estaba despierta.
—Buenos días —murmuró Seth, con la voz aún ronca por el sueño, depositando un beso suave en su frente. Sus labios apenas rozaron su piel, un gesto íntimo y tierno.
Alexa se removió entre las sábanas de algodón egipcio, sus ojos abriéndose lentamente, como si despertara de un sueño profundo y placentero. —Buenos días, bb —respondió, con una sonrisa adormilada que iluminó su rostro.
—¿Cómo dormiste? —preguntó Seth, acariciando suavemente su cabello.
—Súper bien —respondió Alexa, estirándose como un gato perezoso—. ¿Qué hora es? —preguntó, incorporándose de golpe, con una repentina chispa de preocupación en sus ojos.
Seth consultó el reloj en la mesita de noche de caoba. —Son las nueve... ¿Pasa algo? —preguntó, notando el cambio repentino en su actitud.
—¡Seth! Les dije a mis padres que llegaría temprano —exclamó Alexa, con los ojos muy abiertos—. ¡Me van a matar!
Un escalofrío de pánico recorrió a Seth, como si una corriente helada le hubiera recorrido la espina dorsal. —¡Rayos! —exclamó—. Será mejor que te alistes rápido para que vayamos.
—Sí, sí —respondió Alexa, ya fuera de la cama, buscando a tientas su ropa en el suelo—. Le pediré a Becky que me cubra con mis padres. Ella es la única que puede ayudarme con esto.
—Ok, me cambio en un santiamén —dijo Seth, saltando también de la cama, sintiendo la urgencia del momento.
Minutos después, Alexa, ya vestida y con el cabello recogido en una coleta improvisada, apuraba a Seth, quien luchaba con los botones de su camisa. —Amor, ya estoy lista, vámonos —dijo, con un tono de impaciencia en su voz.
—Bien, bien, ya voy —respondió Seth, finalmente logrando abrochar su camisa—. Vamos.
Al salir de la habitación, una voz resonó desde el salón, interrumpiendo la atmósfera de prisa y secreto.
—Uyy, a alguien le fue de maravilla anoche, ehh —Dean, con su habitual sarcasmo y una sonrisa burlona en su rostro, los interceptó en la puerta. Vivían juntos, después de todo, compartiendo un espacioso apartamento en el centro de la ciudad.
—Cállate, Ambrose —gruñó Seth, con una mirada fulminante—. Y ni se te ocurra mencionar nada a Román, ¿entendido? —advirtió, refiriéndose a su otro compañero de piso, conocido por su carácter serio y su estricta moral.
—Se fue muy temprano —murmuró Dean, encogiéndose de hombros con una expresión inocente, aunque sus ojos brillaban con picardía.
—Hola, Dean. Ya nos vamos Seth y yo —se despidió Alexa, intentando aligerar el ambiente tenso con una sonrisa forzada.
—Hola, Lexi... ok —respondió Dean, con una sonrisa pícara que decía más de lo que las palabras podían expresar.
Mientras conducía por las calles de la ciudad, Alexa hablaba por teléfono con Becky, urdiendo una coartada elaborada para engañar a sus padres. La amenaza de un castigo severo pendía sobre ella como una espada de Damocles si descubrían su noche con Seth. Sus padres, conservadores y estrictos, no aprobarían su relación, y mucho menos sus escapadas nocturnas.
—Becs, por favor, ayúdame —suplicó Alexa, con la voz llena de ansiedad—. Ya sabes cómo son mis padres, me castigarán si les digo la verdad. Me prohibirán salir durante meses.
—Está bien, Alexa, no te preocupes —respondió Becky, con un tono tranquilizador—. Solo lo hago para que puedas ir a la fiesta de mañana. No quiero que te la pierdas.
—Ayyy, gracias, te quiero —dijo Alexa, sintiendo un alivio momentáneo.
—Yo más —respondió Becky, con una sonrisa en su voz.
—Ya casi llegamos —anunció Seth, estacionando el coche a unas cuadras de la casa de Alexa, en una calle tranquila y poco transitada.
—Déjame aquí —dijo Alexa, abriendo la puerta del coche—. Si mis padres te ven, todo se arruinará.
—Ok, ten cuidado —respondió Seth, con una mirada de preocupación en sus ojos—. Te amo.
—Yo más —respondió Alexa, antes de desaparecer rápidamente por la calle, corriendo con la agilidad de una gacela, decidida a llegar a casa antes de que sus padres sospecharan algo.
Becky recibió la llamada de Alexa pidiendo cobertura mientras estaba sentada en su escritorio, rodeada de libros y apuntes. Apenas unos minutos después, la madre de Alexa la telefoneó para confirmar si Alexa había pasado la noche en su casa.
—Buenos días, señora Rodríguez —dijo Becky, con un tono de voz dulce y natural—. Sí, Alexa durmió aquí anoche. Estuvimos estudiando hasta tarde para el examen de historia.
Confirmó la historia sin dudar, manteniendo la compostura y la credibilidad. Justo cuando terminaba la llamada, su teléfono volvió a sonar. Era Fin.
—Hola, cariño —dijo Fin, con un tono de voz cálido y afectuoso.
—Hola, Fin —respondió Becky, con una sonrisa en su rostro.
—Me preguntaba si podríamos vernos esta tarde —dijo Fin—. Podríamos ir al cine o dar un paseo por el parque.
—No creo que pueda —respondió Becky, sintiendo una punzada de culpa—. Ya sabes, tenemos que avanzar con el trabajo de la universidad. El profesor Smith es muy exigente.
—Ummm, tienes razón —dijo Fin, con un tono de decepción en su voz—. Bueno, tal vez otro día.
—Nos vemos mañana en la fiesta, ¿te parece? —propuso Becky, intentando compensar su negativa.
—Bueno, hasta mañana —dijo Fin, resignado.
—Hasta mañana, Fin —respondió Becky, colgando el teléfono con un suspiro.
Becky pasó la tarde entera sumergida en el trabajo de la universidad, luchando con complejas teorías y análisis de datos. Finalmente, cuando lo terminó, sintió una sensación de alivio y satisfacción. Decidió llamar a Sasha, su mejor amiga, para distraerse un poco. Necesitaba desesperadamente ir de compras; no tenía absolutamente nada que ponerse para la fiesta de mañana. Su armario estaba lleno de ropa, pero ninguna de las prendas parecía adecuada para la ocasión.