Amor Que Se Rompe Y Se Reconstruye

TENSIONES

SOPHIA….
La conversación continuó, pero ya no era la misma.
Había algo suspendido en el aire, una incomodidad elegante que nadie parecía dispuesto a nombrar. Cassian permanecía a unos pasos de mí, conversando con Andrew y dos socios del despacho, con esa calma calculada que siempre había sido su armadura.
—Aún no entiendo cómo lograste levantar todo eso tan rápido —decía Andrew—. Cinco años fuera y vuelves con medio mundo hablando de ti.
Cassian encogió apenas un hombro.
—Estados Unidos te obliga a moverte rápido… o te deja atrás.
—La prensa no estuvo de acuerdo contigo —intervino Max, con una sonrisa diplomática—. Según ellos, no fue solo rapidez. Fue visión.
Cassian lo miró por primera vez con atención real.
—La prensa exagera.
—No cuando vende —respondió Max—. Y tú vendes muy bien. Experiencias, lujo… y una imagen difícil de ignorar.
Sentí la mirada de Cassian deslizarse hacia mí en ese instante, como si el comentario tuviera un doble filo. No dijo nada, pero sus ojos grises se detuvieron un segundo de más.
Alicia, apoyada a su lado, bebió de su copa con calma.
—También exageran otras cosas —añadió con una sonrisa ladeada—. Lo pintan como el soltero más codiciado del sector. Una fantasía para revistas.
—¿Y no lo es? —preguntó Emily, con curiosidad genuina.
Alicia rió suavemente.
—Depende de a quién le preguntes.
Cassian apretó la mandíbula apenas. Un gesto mínimo, casi imperceptible… si no lo conocieras.
—He intentado convencerlo de que trabaje con la firma —dijo Andrew, cambiando el tono—. Pero sigue pensándolo.
—No tomo decisiones importantes a la ligera —respondió Cassian—. Mucho menos cuando implican volver a mezclar pasado y negocios.
No me miró al decirlo.
Pero lo sentí.
—Sería una alianza sólida —insistió Max—. La firma Whitmore tiene presencia, experiencia. Y tú estás creciendo en Europa.
—Lo sé —dijo Cassian—. Por eso estoy escuchando.
Alicia lo observó con atención nueva, como si empezara a notar algo que no encajaba del todo.
—Parece que aquí todos tienen historias interesantes —comentó—. Algunas más… densas que otras.
Le sostuve la mirada.
—Eso es Londres —respondí—. Nunca olvida.
Cassian dejó escapar una leve exhalación, casi una risa sin humor.
La música cambió entonces, deslizándose hacia un ritmo más lento, más envolvente. Como si la noche hubiera decidido intervenir.
Max fue el primero en moverse.
—¿Bailamos? —me dijo en voz baja—. Esto empieza a parecer una reunión más que una fiesta.
Asentí. Necesitaba el movimiento. El aire.
Pero antes de llegar a la pista, me excusé con una sonrisa automática.
—Ahora vuelvo.
Me alejé del centro de la sala, dejando atrás el brillo y las conversaciones medidas. La esquina más apartada estaba protegida por una columna de mármol y un arreglo exagerado de flores blancas. La música llegaba amortiguada, lejana.
—Andrew.
Mi voz lo detuvo antes de que pudiera fingir que no me había escuchado.
Se giró despacio. La sorpresa duró poco; la tensión llegó demasiado rápido.
—Sophia… pensé que estabas—
—Bailando —lo interrumpí—. O fingiendo que esta noche no me importaba.
Lo miré de frente.
—¿Desde cuándo?
Frunció el ceño.
—¿Desde cuándo, qué?
—No juegues conmigo —bajé la voz—. ¿Desde cuándo Cassian volvió a Londres?
El silencio fue respuesta suficiente.
Sentí el impacto en el pecho, seco, controlado.
—¿Semanas? ¿Meses? —insistí—. ¿Y tú lo sabías?
Andrew suspiró, pasándose la mano por la nuca.
—No era tan simple.
Solté una risa breve, sin humor.
—Nunca lo es cuando se trata de él, ¿verdad?
Di un paso más cerca.
—¿También omitiste decirme que nunca dejaron de hablar? ¿Que siguieron en contacto todos estos años como si yo no hubiera existido?
—Sophia…
—No —lo detuve—. No me hables de negocios. No me hables de tiempos inconvenientes.
Porque el momento para decirme la verdad sí existía.
Andrew evitó mirarme.
—Cassian pidió discreción —admitió finalmente—. Dijo que no quería remover cosas innecesarias.
Sabía que volver a verlo iba a removerte todo.
Lo miré fijo. Sin elevar la voz.
—No —respondí—. No me ha removido nada.
Andrew levantó la vista, sorprendido.
—Yo estoy con Max —continué—. Lo sabes. Estoy bien. Soy feliz.
Las palabras salieron firmes, ensayadas quizá… pero no falsas.
—Lo único que no quería —añadí— era enterarme así. No quería una sorpresa. No quería verlo entrar y darme cuenta, por su mirada, de que yo no lo esperaba aquí.
Respiré hondo.
—Eso fue lo que dolió.
Andrew apretó los labios.
—Quería protegerte.
—No tenías derecho a decidir eso por mí.
No grité. No hizo falta.
—Confié en ti —dije—. Pensé que si él regresaba, yo lo sabría. Que no tendría que descubrirlo en medio de una fiesta, bajo luces bonitas y sonrisas falsas.
Andrew bajó la mirada.
—Lo siento.
Asentí una sola vez.
—Yo también.
Me di la vuelta antes de que pudiera decir algo más. Porque si me quedaba, iba a pedir explicaciones que no necesitaba… o perdones que no estaba lista para aceptar.
Regresé a la luz. A la música. Al ruido controlado de la fiesta.
Max me tendió la mano.
—¿Ahora sí?
Asentí.
Cuando su mano se posó en mi cintura y me guió hacia la pista, sentí la mirada de Cassian clavarse en mi espalda. No ardía. Pesaba.
—No te vayas tan rápido —dijo Alicia, mirándolo—. Apenas empieza lo interesante.
Cassian tardó un segundo en responder.
—Vamos.
Max me atrajo hacia él con naturalidad. Su mano firme marcó el ritmo. Yo seguí los pasos, correcta, contenida.
Cuando levanté la vista, Cassian ya estaba en la pista.
Alicia se movía con descaro, pegándose a él, exagerando cada gesto. Sus manos subieron por su pecho, se deslizaron con intención. Ella sonreía, consciente de cada mirada.
Cassian la sostenía… pero rígido.
No la miraba a ella.
Me miraba a mí.
Max me giró suavemente.
—Relájate —susurró—. Estás muy tensa.
Tal vez.
O tal vez estaba sosteniendo demasiado bien una verdad que nadie debía notar.
Max inclinó el rostro y me besó. Un beso breve, correcto… un poco más largo de lo habitual.
Cuando abrí los ojos, Cassian había cambiado.
La mandíbula dura.
Los hombros tensos.
La copa ya no estaba en su mano.
Alicia siguió la dirección de su mirada y sonrió, satisfecha. Se acercó aún más, rozándolo sin pudor.
Yo respondí sin pensarlo.
Me pegué más a Max. Dejé que su mano bajara un poco más. Incliné el rostro, fingiendo una calma que no sentía.
Cassian dio un paso más cerca de Alicia. No por deseo… sino por desafío.
Nuestros ojos se encontraron.
Y sin decir una sola palabra, lo supe:
💔 Esto no era el pasado regresando.
🔥 Era el presente provocando.
⚡ Y el juego acababa de empezar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.