Amor Que Se Rompe Y Se Reconstruye

EXPECTATIVAS— SOPHIA

El edificio de la firma Whitmore siempre imponía respeto.
Una estructura imponente de vidrio y piedra en pleno corazón de Londres, hogar de una de las firmas de abogados más prestigiosas del país. Había crecido entrando y saliendo de ese lugar, pero esa mañana tenía un motivo distinto: Emily terminaría una reunión en una hora y yo aprovecharía el tiempo para visitar a mi padre antes de irnos a comprar los muebles para mi oficina.
Atravesé el vestíbulo amplio, saludé a algunos rostros conocidos y me dirigí al ascensor con una calma que no sentía del todo.
—Buenos días, Sophia —dijo la secretaria de mi padre cuando llegué a su piso.
—Hola —respondí—. ¿Mi papá está ocupado?
—Está en una reunión —contestó—, pero puedes pasar si quieres. No creo que le moleste.
Asentí, agradecida.
—Emily sale en una hora —añadí—. Así que aprovecharé para saludarlo.
—Claro —dijo con una sonrisa—. Pasa.
Caminé por el pasillo alfombrado hasta el despacho de mi padre. La puerta estaba entreabierta. Golpeé suavemente y empujé con cuidado.
El despacho era exactamente como siempre: madera oscura, estanterías repletas de libros jurídicos, ventanales altos dejando entrar una luz sobria. A un costado, separada del escritorio principal, estaba la pequeña sala: sillones de cuero perfectamente cuidados y una mesa de centro baja donde se cerraban acuerdos importantes con más intimidad.
Ahí fue donde lo vi.
Cassian Sterling estaba sentado en uno de los sillones de cuero, relajado, con una copa de whisky entre los dedos, conversando con mi padre como si nunca se hubiera ido.
Como si cinco años no hubieran pasado.
Como si no hubiera desaparecido sin una explicación.
Mi corazón dio un vuelco.
Mi padre fue el primero en notar mi presencia.
—Sophia —dijo—. Justo hablábamos de ti.
Por supuesto que lo estaban haciendo.
Cassian levantó la mirada lentamente y se puso de pie.
—No sabía que vendrías hoy —dijo.
—Yo tampoco sabía que estarías aquí —respondí, manteniendo la voz firme.
Edward Whitmore nos observó con atención, con esa mirada que usaba cuando algo le resultaba… interesante.
—Ven, siéntate —dijo—. Estamos revisando un posible acuerdo con la empresa de Cassian.
Avancé hasta la pequeña sala y me senté frente a él, con la mesa de centro como única distancia entre nosotros.
Demasiado cerca.
Demasiado pronto.
—¿Quieres whisky? —preguntó mi padre.
—No, gracias.
—Sophia nunca ha sido de bebidas fuertes —comentó Edward—. Siempre prefiere tener el control.
Cassian sonrió apenas.
—Eso no ha cambiado.
—Emily llega en una hora —aclaré—. Luego iremos a comprar los muebles para mi oficina.
—Perfecto —asintió mi padre—. Así puedes escuchar un poco. Cassian quiere expandir algunos de sus hoteles y busca asesoría local.
—Londres no perdona errores —dijo Cassian—. Prefiero hacer las cosas bien esta vez.
—Siempre fuiste meticuloso —respondió Edward—. Incluso cuando eras joven.
—Y ambicioso —añadió—. Eso también.
—Ambición y precisión suelen ir de la mano —replicó Cassian—. Usted lo sabe mejor que nadie.
Mi padre sonrió, complacido.
—Me sorprende verte aquí —dije entonces—. Pensé que evitabas este tipo de compromisos a largo plazo.
Cassian sostuvo mi mirada.
—Las circunstancias cambian.
—Algunas —respondí—. Otras no.
Edward carraspeó suavemente, pero no intervino de inmediato. Estaba observando.
—Cassian me estaba contando sobre The Aurelian London —dijo finalmente—. Un concepto elegante, sobrio. Muy bien pensado.
—Es uno de sus hoteles —dije—. Ya lo conozco.
Cassian alzó una ceja.
—¿Sí?
—Sí. Londres es pequeño —respondí, sin suavizar el tono.
—O quizá algunos mundos se cruzan más de lo que creemos —dijo mi padre, con calma calculada.
Cassian inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso espero —dijo—. Por eso pensé que la firma Whitmore sería el socio ideal.
—No tomamos decisiones apresuradas —respondió Edward—. Nos gusta estudiar bien a las personas… y sus antecedentes.
—Lo entiendo —asintió Cassian—. Yo haría lo mismo.
Mi padre me miró entonces.
—Sophia está empezando su propia empresa —anunció—. Diseño de interiores.
—Lo sé —dije—. Y no tiene nada que ver con la firma.
—Nunca dije que lo tuviera —respondió él—. Pero es interesante cuando los talentos coinciden.
Cassian se giró hacia mí con atención genuina.
—No lo sabía —dijo—. Me alegra.
—No tenías por qué saberlo —respondí—. No nos hemos puesto al día.
—Aun así —insistió—, es un paso importante. Felicidades.
—Gracias.
Edward sonrió, satisfecho.
—Siempre dije que tenías talento —añadió—. Y que tú y Cassian hacían un gran equipo.
—Papá… —advertí.
—¿Qué? —replicó—. Es verdad. Él entiende espacios, conceptos, experiencia. Tú entiendes cómo hacerlos vivir.
Cassian me observó con una intensidad nueva.
—Tal vez podríamos explorar algo juntos —dijo—. En algún momento.
—Tal vez —respondí, sin compromiso—. Aunque no suelo mezclar pasado y trabajo.
—Ni yo —dijo él—. Pero a veces vale la pena reconsiderarlo.
Mi padre sonrió, claramente disfrutando el intercambio.
—Nada está decidido —dijo—. Me lo pensaré. Me gusta dejar a la gente… con expectativa.
Cassian asintió.
—Entonces esperaré.
—Emily no tardará —dije, poniéndome de pie—. No quería interrumpir.
—No interrumpes —dijo mi padre—. Al contrario. Quédate un momento más.
Cassian también se levantó.
—Me alegra verte, Sophia —dijo en voz baja.
Lo miré apenas un segundo.
—A mí también —mentí—. Supongo.
Salí del despacho con el pulso acelerado.
Porque ya no había dudas:
💔 Cassian no estaba regresando a mi vida por accidente.
🔥 Estaba entrando otra vez en mi mundo por la puerta principal.
⚡ Y esta vez… no parecía dispuesto a irse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.