Amor Que Se Rompe Y Se Reconstruye

SIN RUTAS DE ESCAPE — SOPHIA

Al salir del despacho de mi padre, por fin pude respirar.
No fue inmediato.
Fue como si el aire regresara poco a poco a mis pulmones, como si el edificio entero hubiera estado conteniéndome. Caminé por el pasillo con paso firme, pero por dentro seguía temblando.
No por miedo.
Por control.
El teléfono vibró en mi mano.
Emily: Me desocupé antes 🙌 Te espero en recepción.
Exhalé despacio.
Al menos algo salía según lo previsto.
—Hasta luego, Rebeca —dije al pasar por el escritorio de la asistente de mi padre.
Rebeca tenía unos cuarenta y cinco años, siempre impecable, siempre amable. Había sido parte de la firma desde que yo era adolescente y su sonrisa nunca cambiaba.
—Cuídate, Sophia —respondió con calidez—. Salúdame a Emily.
—Lo haré.
Le devolví la sonrisa y entré al ascensor.
Las puertas se cerraron y el reflejo del espejo me devolvió una imagen que no reconocí del todo. La postura seguía siendo la misma. La seguridad también. Pero había algo rígido en mis ojos, una tensión que no lograba disimular.
Respiré hondo mientras descendía, intentando ordenar lo que acababa de pasar.
Convencerme de que había sido solo un encuentro incómodo.
Nada más.
Cuando las puertas se abrieron en la planta principal, vi a Emily de espaldas, hablando animadamente con la recepcionista. Reía, gesticulaba, como si el mundo fuera ligero.
Hasta que me vio.
Su sonrisa se apagó apenas. No del todo. Lo justo. Lo suficiente para que yo lo notara.
No llevábamos tantos años de amistad, pero había aprendido a leerme con una facilidad inquietante.
—¿Qué pasó? —preguntó sin rodeos, acercándose.
—Nada —respondí—. Vámonos.
Emily frunció el ceño, pero no insistió de inmediato.
Salimos del edificio, atravesando las puertas de vidrio que nos devolvieron el ruido de la ciudad. El aire frío de Londres me golpeó el rostro y, por un segundo, lo agradecí.
Caminamos unos pasos en silencio.
—Sophia —dijo al fin—. No me mires así si no quieres que pregunte.
—No te estoy mirando de ninguna forma.
—Sí lo estás —replicó—. Y no hace falta conocerte desde hace veinte años para saber que algo te pasó.
Suspiré.
—Entré a ver a mi papá… y estaba Cassian.
Emily se detuvo.
—¿Cassian? ¿El del hotel?
—Ese.
—Vaya… —murmuró—. No sabía que se movía en el mismo círculo que tu padre.
—Yo tampoco lo esperaba —respondí con honestidad.
—¿Fue incómodo?
—Sí.
—¿Solo incómodo? —preguntó, observándome con atención—. Porque pareces más… afectada que incómoda.
—Fue inesperado —dije—. Eso es todo.
Emily asintió, aceptando la respuesta sin terminar de creerla.
Reanudamos el paso.
—No pasó nada más —añadí—. Hablamos lo justo. Profesional. Tenso.
No mentía.
Pero tampoco decía todo.
Emily me miró de reojo.
—No sé qué historia hay ahí —dijo—, pero está claro que no es cualquiera.
No respondí.
—Tranquila —añadió enseguida—. No tienes que contarme nada si no quieres.
Agradecí eso más de lo que podía decir.
—Pero —continuó—, sí escuché algo en el edificio.
Mi estómago se tensó.
—¿Qué cosa?
—Que Cassian probablemente va a aceptar trabajar con la firma de tu padre.
Me detuve.
—¿Trabajar… cómo?
—Asesoría legal para un nuevo proyecto —explicó—. Un hotel grande, fuera de Londres. Parece algo importante.
—Claro —murmuré—. Él no hace nada pequeño.
—Y al parecer —añadió con cautela— piensa quedarse en Londres.
Sentí el golpe seco en el pecho.
—¿Quedarse?
—Sí. Dirigir la empresa desde aquí. Estados Unidos quedaría a distancia.
Me quedé quieta un segundo.
Cassian en Londres.
Cassian trabajando con mi padre.
Cassian cruzándose conmigo no por casualidad… sino por rutina.
—Sophia —dijo Emily con cuidado—. ¿Estás bien?
Asentí, aunque tardé demasiado en hacerlo.
—Supongo que no puedo evitarlo —murmuré.
—¿Evitar qué?
—Encontrármelo. Si trabaja con mi papá… será inevitable.
Emily caminó a mi lado en silencio unos segundos.
—Mírame —dijo al fin—. Sea lo que sea que haya entre ustedes, tú no estás obligada a revivirlo.
—Lo sé.
—Y no tienes que demostrar nada —añadió—. Ni fortaleza, ni indiferencia.
Respiré hondo.
—No voy a dejar que un pasado me desarme —dije—. No ahora. No después de todo lo que he construido.
Emily asintió.
—Eso sí lo creo.
Seguimos caminando, pero ya no pensaba en muebles ni en oficinas.
Pensaba en límites.
En decisiones.
En lo inevitable.
💔 Cassian no solo había vuelto.
🔥 Había decidido quedarse.
⚡ Y mi mundo acababa de volverse demasiado pequeño para esquivarlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.