Amor real entre tradiciones

Capítulo 37: Contra el reloj

La noche envolvía el hospital real de Copenhague en un silencio inquietante, roto solo por el pitido constante de los monitores en la habitación privada de Astrid Møller. Los latidos de las gemelas, Victoria y Isabelle , resonaban en la penumbra, uno fuerte, el otro aún frágil, como un recordatorio de la lucha que se libraba en el vientre de su madre. Astrid había dormido apenas un par de horas, agotada tras el susto de la madrugada anterior, pero bajo la vigilancia estricta de Mattias Bækgaard, su amigo y médico materno-fetal, y la presencia constante de Christian Valdemar, que no se había apartado de su lado ni un segundo.

A las tres de la madrugada, un calambre agudo arrancó a Astrid del sueño. Su rostro se tensó, y un leve sangrado, aunque menos intenso que la noche anterior, la llenó de pánico. Sus manos temblaron al tocar las sábanas, confirmando lo que temía.

—Christian… —susurró, su voz apenas audible, quebrada por el dolor.

Christian, que dormitaba en una silla junto a su cama, se incorporó de inmediato, su rostro pálido al ver la expresión de Astrid.

—¿Qué pasa, amor? —preguntó, tomando su mano con fuerza—. ¿Otra contracción? ¿Es el sangrado otra vez?

Astrid asintió, su respiración entrecortada.

—Es… más fuerte —logró decir, apretando su mano—. Y hay sangre… no mucha, pero…

Christian no esperó. Presionó el botón de llamada al equipo médico, su voz temblando pero firme.

—Mattias, ven ahora —dijo al interfono, sus ojos fijos en Astrid.

En minutos, Mattias entró en la habitación, su expresión seria pero controlada. Traía consigo su equipo portátil, y mientras colocaba los sensores en el vientre de Astrid, su calma profesional ocultaba la preocupación que sentía por su amiga de años.

—Respira hondo, Astrid —dijo, ajustando los monitores con manos firmes—. Vamos a ver qué está pasando.

El sonido de los latidos llenó la habitación, pero el ritmo más débil de Alma hizo que Mattias frunciera el ceño. Notó el leve sangrado en las sábanas y llamó a una enfermera para preparar más medicación.

—No me gusta esto —dijo en voz baja, mirando a Christian—. Está comenzando el trabajo de parto, y es demasiado pronto. Semana 31. Además, el sangrado indica que la placenta podría estar comprometida otra vez.

Christian, con el rostro tenso, apretó la mano de Astrid.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó, su voz quebrada—. No podemos perderlas, Mattias. Ni a Astrid, ni a las niñas.

Mattias lo miró, su tono firme pero tranquilizador.

—Vamos a intentar detener las contracciones con medicamentos y mantener el sangrado bajo control —explicó—. Necesitamos ganar al menos dos semanas para las gemelas. Cada día cuenta. Astrid, ¿puedes decirme cómo te sientes?

Astrid, con el rostro húmedo por el dolor y el miedo, respiró hondo.

—Duele… y estoy asustada —admitió, su voz temblando—. No quiero perder a Victoria … ni a Isabelle. Por favor, Mattias.

Mattias tomó su otra mano, su mirada llena de empatía.

—No las vas a perder —dijo, su voz suave pero decidida—. Estamos haciendo todo lo posible. Tú eres fuerte, Astrid, y tus niñas también. Vamos a pelear juntos, ¿sí?

Christian, sentado al borde de la cama, besó la frente de Astrid, intentando contener su propia angustia.

—Estoy aquí, amor —susurró—. No te dejo sola. Vamos a salir de esto.

Las horas siguientes fueron una carrera contra el reloj. Astrid fue trasladada a una sala de cuidados intensivos maternos, con monitores fetales conectados y un equipo médico que trabajaba sin descanso. Mattias aplicó un tratamiento para frenar las contracciones, mientras vigilaba el sangrado con una precisión casi obsesiva. Emil, que había llegado al hospital tras dejar a Oscar con su padre, Jens, estaba en la sala de espera, su rostro agotado pero alerta.

—¿Cómo está? —preguntó Emil a Mattias cuando este salió brevemente para actualizarlo.

Mattias suspiró, pasándose una mano por el rostro.

—Las contracciones están disminuyendo, y el sangrado está controlado por ahora —respondió—. Victoria está estable, pero Isabelle… su ritmo cardíaco sigue débil. Estamos haciendo todo lo posible, pero Astrid necesita reposo absoluto. Nada de estrés, nada de visitas, nada de prensa.

Emil asintió, su expresión seria.

—¿Y Oscar? —preguntó—. No queremos que se asuste, pero está preguntando por ella.

—Liv está con él en casa de tus padres —respondió Mattias—. Le dijimos que Astrid está descansando para cuidar a las gemelas. Pero… sería bueno que viera un mensaje de ella. Algo que lo tranquilice.

Emil asintió, sacando su teléfono.

—Voy a grabar un video con Astrid, si ella está de acuerdo —dijo—. Oscar necesita saber que su mamá está bien.

En la habitación, Astrid descansaba, su rostro pálido pero más tranquilo tras el tratamiento inicial. Christian, sentado a su lado, no soltaba su mano, su mirada fija en los monitores. Cuando Emil entró, Astrid levantó la cabeza, forzando una sonrisa débil.

—Emil… —susurró—. ¿Oscar está bien?

Emil se acercó, arrodillándose junto a la cama.

—Está con mamá, papá y Liv —respondió, su voz cálida—. Pregunta por ti cada cinco minutos, pero está bien. Quiere saber si sus hermanitas ya están listas para jugar.

Astrid rió débilmente, aunque el esfuerzo le costó.

—Dile que aún necesitan un poco más de tiempo en mi pancita —dijo, su voz temblando—. Pero que lo quiero mucho.

Emil sacó su teléfono, mirando a Christian.

—¿Puedo grabar un mensaje rápido para él? —preguntó—. Creo que lo ayudará.

Christian asintió, apretando la mano de Astrid.

—Hazlo —dijo—. Pero que sea corto. No quiero que se canse más.

Emil activó la cámara, enfocando a Astrid, que sonrió a pesar del dolor.

—Hola, mi pequeño guardián —dijo, su voz suave pero llena de amor—. Mamá está descansando para cuidar a Victoria e Isabelle. Pronto estaremos juntos, y tú vas a ser el mejor hermano mayor del mundo. Te quiero mucho, Oscar.



#6736 en Novela romántica

En el texto hay: amor, realeza

Editado: 31.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.