Amor real entre tradiciones

Capítulo 44: Reposo impuesto

El suave murmullo del viento otoñal se colaba por la rendija de la ventana, meciendo las cortinas blancas de la sala privada del Palacio de Frederiksborg. Isabelle y Victoria, las gemelas de apenas unas semanas, dormían acurrucadas en su cuna doble, sus respiraciones suaves sincronizadas en un ritmo apacible. La habitación estaba en calma, un raro momento de silencio en la vida de la familia Valdemar.

Astrid Møller, sentada en el sofá, intentaba mantener la compostura mientras Mattias Bækgaard, su amigo y médico materno-fetal, hojeaba una carpeta de informes frente a ella. Christian Valdemar, a su lado, sostenía su mano, su rostro tenso pero lleno de apoyo silencioso. El ambiente, aunque cálido por el fuego crepitante de la chimenea, estaba cargado de una inquietud palpable.

—Hay algo más que debes saber, Astrid —dijo Mattias, ajustándose las gafas con un gesto serio pero tranquilo—. Tus niveles hormonales siguen desequilibrados, y tu cuerpo no se ha recuperado completamente del parto múltiple. La insuficiencia tiroidea posparto es solo una parte del cuadro. Tu sistema está agotado, y el estrés de las últimas semanas no ha ayudado.

Christian apretó la mano de Astrid, su ceño frunciéndose mientras miraba a Mattias.

—¿Qué significa eso exactamente? —preguntó, su voz baja pero firme—. ¿Qué tan serio es?

Mattias suspiró, apoyando los codos en las rodillas para mirarlos directamente.

—Significa que Astrid necesita un reposo mucho más estricto de lo habitual tras un parto —explicó, su tono profesional pero cargado de empatía—. Nada de caminatas largas, nada de reuniones públicas, y mucho menos compromisos diplomáticos. Ni siquiera actividades domésticas intensas, como cargar a Oscar por mucho tiempo o cuidar de las gemelas sin ayuda. Cualquier esfuerzo físico o estrés prolongado podría provocar una recaída grave, como otro desmayo o algo peor. No quiero correr ese riesgo.

Astrid bajó la mirada, sus manos temblando ligeramente en su regazo. Sentía una mezcla de frustración y vulnerabilidad que no estaba acostumbrada a enfrentar.

—¿Por cuánto tiempo? —murmuró, su voz apenas audible.

Mattias la miró con compasión.

—De tres a seis meses, dependiendo de cómo responda tu organismo al tratamiento —respondió—. Después, reevaluaremos con nuevos análisis. Pero, Astrid, esto no es negociable. Tu salud está en juego.

Christian acarició el dorso de la mano de Astrid con el pulgar, su expresión endureciéndose con determinación.

—Entonces haré los arreglos —dijo, su voz firme—. Cancelaré mis próximos viajes. Si tengo que quedarme aquí todo el tiempo que haga falta, lo haré. No te dejaré pasar por esto sola, amor.

Astrid levantó la mirada hacia él, sus ojos brillando con gratitud pero también con culpa.

—Christian, no puedes parar todo por mí —susurró—. El reino… tus responsabilidades…

Christian la interrumpió, girándola suavemente para mirarla a los ojos.

—El reino puede esperar —dijo, su tono inquebrantable—. Tú eres mi prioridad. Tú, Oscar, Isabelle y Victoria. Nada más importa ahora.

Mattias asintió, visiblemente aliviado por la respuesta de Christian.

—Esa actitud ayudará muchísimo —dijo, mirando a ambos—. Pero también necesitarán un entorno de apoyo. ¿Sus familias están al tanto de la situación?

Astrid negó con la cabeza, mordiéndose el labio.

—Emil y Nikolai sospechan que no estoy bien —admitió, su voz temblando—. Me han preguntado por qué estoy tan cansada, pero no les he dicho nada, tampoco les dije a mi padre … no quiero preocuparlos más. Ya pasaron por suficiente con el parto.

Christian frunció el ceño, apretando su mano.

—Amor, no puedes cargar con esto sola —dijo, su tono suave pero firme—. Ellos querrán saber. Querrán ayudarte.

Astrid suspiró, una lágrima rodando por su mejilla.

—No quiero que la prensa se entere —susurró—. Ya están especulando porque no he aparecido en actos oficiales. Si se filtra algo sobre mi salud, será un circo.

Mattias levantó una mano, tranquilizándola.

—No diré una palabra a nadie que no deba saber —aseguró, su tono serio—. Pero, Astrid, no te estás rindiendo al descansar. Estás priorizando tu salud. Eres madre de tres ahora. Oscar, Isabelle y Victoria te necesitan sana.

Christian limpió la lágrima de la mejilla de Astrid con delicadeza, su mirada llena de amor.

—Escucha a Mattias, amor —susurró—. Vamos a hacer esto juntos. Y si la prensa empieza a hablar, que hablen. Nosotros sabemos la verdad.

Astrid asintió, respirando hondo para calmarse.

—Estoy tan cansada, Mattias —admitió, su voz quebrándose—. Más de lo que pensé que era posible.

Mattias sonrió, su expresión suavizándose.

—Y eso es normal —dijo, inclinándose hacia ella—. Has pasado por un parto complicado, dos bebés, un desmayo y la presión de ser una Valdemar. Pero estás en buenas manos, Astrid. Vamos a cuidarte.

Mattias se despidió poco después, dejando a Astrid y Christian en el silencio de la sala. Christian la atrajo hacia su pecho, abrazándola con fuerza mientras ella cerraba los ojos, permitiéndose por primera vez en días relajarse sin culpa.

—Vamos a salir adelante, mi amor —susurró Christian, besando su cabello—. Todos nosotros. Juntos.

Astrid asintió contra su pecho, su voz apenas audible.

—Gracias por no dejarme sola —susurró.

Christian rió suavemente, apretándola más.

—Nunca, amor —dijo—. Somos un equipo, ¿recuerdas?

Esa tarde, la familia real llegó para una visita, trayendo un poco de vida a la calma del palacio. Ingrid, Felix y Alexander entraron con una bandeja de galletas caseras y una caja de juguetes para Oscar, que corrió a saludarlos con entusiasmo. Su preocupación por Christian, Astrid y los niños era evidente, aunque intentaban mantener el ambiente ligero.

—¡Oscar, pequeño guardián! — exclamó Ingrid, levantando al niño en un abrazo—. ¿Ya estás entrenando para cuidar a tus hermanitas?



#6736 en Novela romántica

En el texto hay: amor, realeza

Editado: 31.01.2026

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