Amor real entre tradiciones

Capítulo 54: Un amanecer real

Los jardines centrales del Palacio de Frederiksborg resplandecían bajo la luz dorada del atardecer, adornados con emblemas reales bordados en oro y arreglos de flores otoñales que perfumaban el aire. La ceremonia, aunque discreta, estaba cargada de simbolismo, con la prensa nacional e internacional alineada en filas ordenadas, sus cámaras listas para capturar el momento histórico. El rey Frederik, tras décadas de servicio, había convocado a la nación para anunciar su retiro y la ascensión de su hijo, Christian Valdemar, como el próximo rey de Dinamarca.

En el estrado principal, Christian sostenía la mano de Astrid Møller, su esposa, quien aún se recuperaba de su insuficiencia tiroidea posparto. Su rostro, aunque pálido, reflejaba una serenidad forjada por el amor y la responsabilidad. Oscar, inquieto pero valiente, se mantenía cerca de sus padres, vestido con un traje azul que lo hacía parecer un pequeño caballero. Las gemelas, Isabelle y Victoria, de cuatro meses, descansaban en los brazos de dos cuidadoras de confianza, resguardadas en una zona apartada para protegerlas de los flashes y el bullicio.

El rey Frederik se levantó con solemnidad, su figura imponente envuelta en un uniforme ceremonial. Su voz resonó clara y firme, silenciando los murmullos de la multitud.

—Ha llegado el momento —declaró, sus ojos recorriendo a los presentes con una mezcla de orgullo y serenidad—. Después de largos años al servicio de esta nación, cedo el título y la responsabilidad al príncipe heredero, mi hijo Christian. Confío en su juicio, su carácter y, sobre todo, en la fortaleza que su familia le otorga. El pueblo conocerá en él a un rey preparado, cercano y firme.

Los periodistas comenzaron a registrar cada palabra con fervor, mientras los flashes iluminaban el estrado. Christian, vestido con su uniforme ceremonial, se inclinó respetuosamente ante su padre, su rostro reflejando una mezcla de honor y humildad. Astrid apretó su mano, su mirada llena de apoyo, mientras Oscar, confundido por la solemnidad del momento, susurró:

—¿Papi es rey ahora? —preguntó, mirando a Astrid con ojos muy abiertos.

Astrid sonrió, inclinándose para besar su frente.

—Pronto, pequeño guardián —susurró—. Pero siempre será tu papi primero.

El rey Frederik, al escuchar a Oscar, dejó escapar una rara sonrisa, acercándose para revolverle el cabello.

—Eres un buen superhermano, Oscar —dijo, su tono cálido—. Y algún día, ayudarás a tu papá a cuidar de este reino.

Oscar infló el pecho, su expresión seria pero orgullosa.

—¡Puedo hacerlo! —declaró, haciendo reír a los presentes más cercanos.

Más tarde, en una terraza privada del ala oeste del palacio, la familia se reunió para un momento de calma tras la intensidad de la ceremonia. El cielo estaba salpicado de estrellas, y los primeros fuegos artificiales comenzaban a iluminar la noche, celebrando el anuncio oficial del próximo rey. Astrid, sentada en un sillón acolchado, sostenía a Isabelle y Victoria, que estaban más despiertas y activas de lo habitual. Frente a ella, una mesa tenía una bandeja con dulces que había preparado esa mañana: galletas de avena, pequeños pasteles de manzana y bombones de chocolate. Aunque Mattias, su médico, le había recomendado evitar esfuerzos, comer algo dulce le daba un pequeño consuelo en medio del caos.

Christian, aún con su uniforme ceremonial, se acercó, sentándose junto a ella y tomando un bombón de la bandeja.

—¿Cómo estás, amor? —preguntó, su voz suave mientras observaba a las gemelas, que ahora intentaban alcanzar los dulces con sus manitas.

Astrid suspiró, ofreciendo una sonrisa cansada pero sincera.

—Abrumada, pero feliz —respondió, ajustando a Isabelle, que empezaba a moverse inquieta—. Todo esto… es mucho. Pero verte ahí, en el estrado, con tu padre… estoy tan orgullosa, Christian.

Christian tomó su mano, besando sus nudillos.

—No podría haberlo hecho sin ti —dijo, su tono lleno de amor—. Eres mi fuerza, Astrid. Siempre lo has sido.

Antes de que ella pudiera responder, Isabelle soltó un llanto fuerte, seguido casi de inmediato por Victoria, como si estuvieran sincronizadas en su protesta. Astrid, a pesar del dolor que aún sentía en su cuerpo, actuó con rapidez, meciendo a Isabelle con suavidad mientras extendía una mano para calmar a Victoria. El movimiento le provocó una punzada en el abdomen, y su rostro se contrajo ligeramente, pero no dejó que se notara.

—Shh, pequeñas rebeldes —susurró, su voz tranquilizadora—. Mamá está aquí. ¿Qué pasa? ¿Demasiadas emociones hoy?

Christian, alarmado por el llanto, tomó a Victoria, meciéndola con cuidado.

—Creo que quieren robarse la atención otra vez —bromeó, aunque su mirada seguía fija en Astrid, notando su leve incomodidad—. Amor, ¿estás bien? No hagas esfuerzos, recuerda lo que dijo Mattias.

Astrid asintió, respirando hondo para calmar el dolor.

—Estoy bien —respondió, forzando una sonrisa—. Solo un poco adolorida. Pero estas pequeñas no me dan descanso, ¿verdad?

Ingrid, que había estado conversando con Jens Møller cerca de la baranda, se acercó al escuchar el llanto, su rostro lleno de preocupación.

—¿Necesitas ayuda, Astrid? —preguntó, inclinándose para tomar a Isabelle—. Estas dos están decididas a ser el centro de atención, ¿eh?

Astrid rió, entregándole a Isabelle con cuidado.

—Definitivamente —respondió—. Creo que sienten toda la energía del día. Gracias, Ingrid.

Jens, el padre de Astrid, se acercó, llevando a Oscar de la mano. El niño, aún con su traje azul, parecía más relajado ahora que estaban lejos de las cámaras.

—Mi niña, estás haciendo demasiado —dijo Jens, su tono lleno de cariño pero con un toque de reproche—. Mattias fue claro: reposo. Deja que nosotros ayudemos con las pequeñas.

Astrid sonrió, tomando un bombón y ofreciéndole uno a Oscar, que lo aceptó con entusiasmo.

—Lo sé, papá —respondió, su voz suave—. Pero no puedo evitar querer estar con ellas. Y con todo lo que está pasando… siento que necesito estar presente.



#6736 en Novela romántica

En el texto hay: amor, realeza

Editado: 31.01.2026

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