Amor real entre tradiciones

Capítulo 59: Refugio en el lago

La cabaña del lago – Mañana soleada

La cabaña del lago, enclavada entre pinos y con vistas al agua cristalina, era un santuario de paz. La luz de la mañana se filtraba por las grandes ventanas, bañando la sala en tonos dorados. El canto de los pájaros y el suave murmullo del lago contrastaba con el bullicio del palacio, ofreciendo a la familia Valdemar un respiro del protocolo real. En la cocina, Astrid y Christian preparaban el desayuno: pan recién horneado, mermelada casera y un montón de frutas frescas. Oscar, sentado en el suelo cerca de las ventanas, jugaba con un pequeño bote de madera, pero su mirada se desviaba constantemente hacia las cunas donde dormían Isabelle y Victoria, sus hermanas gemelas.

Astrid, removiendo una jarra de jugo de naranja, notó la expresión pensativa de su hijo. Dejó el jugo en la mesa y se acercó, secándose las manos en un delantal.

—Oscar, mi pequeño guardián, ¿qué tienes en la cabeza? —preguntó, sentándose a su lado y revolviéndose el cabello.

Oscar levantó la vista, sosteniendo su bote con fuerza. Sus ojos, normalmente llenos de chispa, estaban nublados por la preocupación.

—Es tranquilo aquí, mami —dijo, su voz baja—. Me gusta. Pero… cuando papi sea rey, ¿nos vamos a tener que quedar siempre en el palacio? ¿Y las cámaras? ¿Siempre van a estar ahí?

Christian, que estaba cortando manzanas al otro lado de la cocina, dejó el cuchillo y se acercó, secándose las manos en un paño. Se arrodilló junto a Oscar, su expresión suave pero seria.

—¿Te está gustando este lugar, campeón? —preguntó, intentando aligerar el ambiente.

Oscar asintió, pero su rostro seguía tenso.

—Es tranquilo, papi —respondió, mirando hacia el lago—. Pero… no quiero que todo cambie. Si eres rey, ¿todos nos van a mirar siempre? No solo a ti, sino a mí también. Y no quiero ser el centro de todo. Solo quiero jugar sin que me sigan.

Astrid intercambió una mirada con Christian, su corazón apretándose ante la sinceridad de su hijo. Se arrodilló junto a él, tomando sus manos pequeñas con firmeza.

—Te entiendo, mi amor —dijo, su voz cálida y reconfortante—. A veces, yo también pienso que a papi le gustaría ser solo él, sin la corona ni las cámaras. Pero lo más importante es que, no importa lo que pase, siempre estaremos juntos. Tú, papi, las gemelas y yo. Siempre tendrás un lugar seguro con nosotros, Oscar.

Oscar frunció el ceño, todavía inseguro.

—¿Entonces no voy a estar solo? —preguntó, su voz apenas un susurro—. Porque a veces siento que todos esperan que sea… no sé, como un adulto. Y solo quiero ser yo.

Christian puso una mano en el hombro de su hijo, apretándolo suavemente.

—Nunca estarás solo, pequeño —dijo, su tono firme pero lleno de cariño—. Ser rey cambiará algunas cosas, es verdad. Habrá días en los que tendremos que hacer cosas que no nos gustan, como hablar con la prensa o asistir a eventos. Pero eso no cambia quiénes somos. Somos una familia primero, y siempre estaré ahí para ti, en cada paso, cada momento.

Oscar miró a su padre, sus ojos brillando con una mezcla de alivio y duda.

—¿Entonces el ser rey no va a cambiar lo que somos nosotros? —preguntó, su voz más esperanzada.

Astrid sonrió, acariciando su mejilla.

—No, cariño —respondió—. La corona puede cambiar lo que hacemos fuera de casa, pero no cambia lo que somos aquí —señaló su corazón—. Somos una familia que se quiere, que ríe junta, que come malvaviscos en la chimenea. Eso nunca cambiará.

Oscar se quedó pensativo, mirando el lago a través de la ventana. Luego, levantó la vista hacia Christian, un brillo tímido en sus ojos.

—¿Puedo seguir siendo yo mismo, aunque seas rey? —preguntó.

Christian rió suavemente, levantando a Oscar y sentándolo en su regazo.

—Claro que sí, campeón —respondió, abrazándolo—. Nadie te pedirá que seas diferente. Eres Oscar, el superhermano, el mejor capitán de barcos de madera y el que hace reír a sus hermanitas. Eso es lo que importa.

Astrid se unió al abrazo, envolviendo a ambos con sus brazos.

—Y sabes qué, pequeño guardián —añadió, besando su frente—. Siempre que sientas que las cosas se ponen difíciles, ven con nosotros. Hablaremos, jugaremos, o simplemente nos sentaremos a mirar el lago. ¿Trato?

Oscar sonrió, asintiendo con entusiasmo.

—¡Trato! — exclamó, extendiendo su manita para sellarlo.

En ese momento, un balbuceo fuerte rompió el silencio. Isabelle, o tal vez Victoria, había despertado y estaba intentando alcanzar una cinta de cabello que colgaba de su cuna. La cinta azul de Victoria ya estaba en el suelo, y la roja de Isabelle no tardó en seguirla. Las gemelas, con sus ojos grandes y curiosos, parecían observar a todos con una intensidad que hacía reír a Astrid.

—Oh, pequeñas rebeldes —dijo, levantándose para acercarse a la cuna—. ¿Otra vez quitándose las cintas? Creo que lo hacen solo para molestarnos.

Christian rió, levantando a Victoria, que inmediatamente intentó agarrar el botón de su camisa.

—Estas dos tienen un talento especial para el caos —bromeó, esquivando las manitas de la bebé—. Creo que están conspirando con Oscar para mantenernos alerta.

Oscar corrió hacia la cuna, riendo mientras veía a sus hermanas.

—¡Son traviesas! — exclamó, inclinándose para recoger las cintas—. Pero son mis hermanitas, así que está bien. Aunque… mami, ¿por qué siempre quieren meterse todo en la boca?

Astrid sonrió, tomando a Isabelle, que había encontrado un sonajero y lo agitaba con entusiasmo.

—Es su manera de explorar el mundo, pequeño —explicó, besando la frente de la bebé—. Pero creo que también lo hacen para hacernos reír.

Orilla del lago – Más tarde ese día

Después del desayuno, la familia salió a la orilla del lago, donde el sol brillaba con fuerza y el aire olía a pino y agua fresca. Oscar corría por la hierba, sosteniendo su bote de madera como si fuera un tesoro, mientras Astrid y Christian caminaban detrás, cada uno con una gemela en brazos. Isabelle y Victoria, despiertas y curiosas, no paraban de moverse, intentando agarrar las hojas que colgaban de los árboles cercanos o cualquier cosa que estuviera a su alcance.



#6736 en Novela romántica

En el texto hay: amor, realeza

Editado: 31.01.2026

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