Amor real entre tradiciones

Capítulo 62 : Equilibrio entre coronas y amor

Jardines Reales – Conferencia de prensa

El cielo despejado de Copenhague brillaba con un azul vibrante, y los jardines del Palacio de Frederiksborg, adornados con flores blancas y banderas con el escudo real, vibraban con expectación. Los medios de comunicación, nacionales e internacionales, se agolpaban tras un cerco cuidadosamente dispuesto, sus cámaras y micrófonos listos para capturar cada momento. El anuncio del día era doble: el inicio oficial de los preparativos para la coronación de Christian y una breve presentación de las gemelas Isabelle y Victoria, las hijas menores de los príncipes.

Christian salió primero, impecable en un traje gris claro que contrastaba con la solemnidad del momento. A su lado, Astrid, vestida con un sencillo pero elegante vestido azul, sostenía una manta blanca donde dormían las gemelas. Los flashes de las cámaras estallaron en un frenesí, pero la pareja mantuvo su compostura, ofreciendo sonrisas cálidas pero contenidas.

—Buenas tardes —comenzó Christian, su voz firme y resonante, proyectando la autoridad que pronto llevaría como rey—. Hoy marca el inicio oficial del proceso de transición que culminará con la coronación, programada para el próximo año. Pero más allá de las formalidades, mi esposa y yo queremos compartir un momento personal. Queremos presentarles a nuestras hijas, Isabelle y Victoria, no como un espectáculo, sino como lo que son: parte de nuestra familia, nuestro mayor tesoro.

Astrid bajó con cuidado la manta, revelando a Isabelle, que dormía plácidamente, y a Victoria, que abrió los ojos en ese preciso momento. Victoria frunció el ceño, sacó la lengua en un gesto torpe y agitó los brazos, arrancando risas entre los periodistas y algunos asistentes. Las cámaras capturaron el momento, y Astrid no pudo evitar sonreír, inclinándose hacia la pequeña para ajustar su cinta azul, que ya colgaba suelta.

—Como ven, no les gusta mucho ser el centro de atención —bromeó Astrid, su voz cálida mientras intentaba volver a colocar la cinta en el cabello de Victoria—. Aunque parece que tienen su propia manera de hacerse notar.

Isabelle, no queriendo quedarse atrás, despertó y, con un movimiento rápido, se quitó su cinta roja, lanzándola al suelo con un balbuceo que sonó como una protesta. La multitud rió de nuevo, y Astrid suspiró, resignada, mientras las gemelas parecían deleitarse en su pequeño acto de rebeldía, sus risas llenando el aire.

Christian rió suavemente, inclinándose hacia Astrid.

—Creo que estas dos ya están robando el espectáculo —susurró, guiñándole un ojo.

Astrid negó con la cabeza, sonriendo mientras recogía la cinta de Isabelle.

—Siempre lo hacen —respondió, su tono lleno de cariño—. Pero no las cambiaría por nada.

Detrás de ellos, Nikolaj y Helena observaban desde una distancia discreta, junto a Emil, Freja, y los hermanos de Christian: Felix, Henrik, y la adolescente Sofía. Nikolaj se inclinó hacia Helena, susurrando con una sonrisa traviesa.

—Definitivamente, heredaron el carácter de Astrid —dijo, señalando a las gemelas.

Helena rió bajito, cubriendo su boca para no llamar la atención.

—Y esa expresión de desaprobación es puro Christian —respondió, mirando a Victoria, que ahora miraba a la multitud con una ceja levantada, como si estuviera juzgando a los fotógrafos.

Emil, a su lado, se cruzó de brazos, sonriendo.

—Esas pequeñas van a ser un problema cuando crezcan —bromeó, mirando a Freja—. ¿Crees que podremos seguirles el paso?

Freja rió, ajustándose el chal que llevaba sobre los hombros.

—Con Astrid y Christian como padres, y Oscar como hermano, creo que tendremos que entrenar para mantenernos al día —respondió, guiñándole un ojo a Sofía, que estaba ocupada tomando fotos con su teléfono.

Sofía alzó la vista, sonriendo.

—Esas bebés son más cool que todos nosotros juntos —dijo, mostrando una foto de Victoria sacando la lengua—. Esto va a ser viral en dos minutos.

Felix, siempre el más relajado de los hermanos, rió y le revolvió el cabello a Sofía.

—No las animes, Sofía —dijo—. Ya tienen suficiente con Oscar como su agente de caos.

Salón privado – Después del evento

Más tarde, en el salón privado de la residencia real, Astrid y Christian estaban sentados frente a una mesa cubierta de documentos, planos y muestras de telas para la coronación. En una esquina, una maqueta del salón de coronación, aún en construcción, mostraba detalles minuciosos de arcos y columnas. Las gemelas, ahora despiertas en su cuna doble, balbuceaban y jugaban con sus manos, intentando una vez más quitarse las cintas que Astrid había insistido en volver a ponerles.

Astrid, revisando su teléfono, soltó una risa suave.

—¿Sabías que nuestras hijas hicieron tendencia con ese gesto de la lengua? —dijo, mostrándole la pantalla a Christian, donde una captura de Victoria sacando la lengua ya tenía miles de compartidos.

Christian alzó una ceja, fingiendo indignación.

—¿Tendencia? ¿No se supone que esto era un evento serio? —bromeó, inclinándose para besar la frente de Astrid—. Me temo que las nuevas estrellas de la familia real son ellas.

Astrid rió, relajada por primera vez en el día, y se acercó a la cuna para ajustar la cinta azul de Victoria, que ya estaba a medio camino de caer.

—Prefiero eso a una polémica —respondió, sonriendo mientras Victoria, feliz con su pequeña victoria, soltó un balbuceo alegre—. Aunque no sé por qué insisto con estas cintas. Siempre se las quitan, y luego se ríen como si supieran que me están volviendo loca.

Christian se acercó, levantando a Isabelle, que inmediatamente intentó quitarle su propia cinta roja. Él rió, sosteniéndola con cuidado.

—Creo que es su manera de decirnos que no necesitan etiquetas para ser únicas —dijo, besando la mejilla de la bebé—. Aunque admito que sigo confundiéndolas.

Astrid sonrió, resignada, mientras dejaba que Victoria se saliera con la suya y se quitara la cinta por completo.



#6736 en Novela romántica

En el texto hay: amor, realeza

Editado: 31.01.2026

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