Amor real entre tradiciones

Capítulo 70 : Un nuevo comienzo bajo velas

Dormitorio real – Mañana del cumpleaños

Los jardines del Palacio de Frederiksborg resplandecían bajo un sol pálido de invierno, con miles de flores recién abiertas adornando los caminos y pérgolas. El palacio bullía con preparativos para la ceremonia de coronación pública que tendría lugar esa tarde, un evento que había atraído a medios de todo el mundo. Pero dentro de la suite real, la mañana comenzó con una calma íntima. Astrid se despertó con el aroma de flores silvestres, un ramo cuidadosamente colocado junto a su cama, envuelto en una nota con la letra desordenada de Oscar:

"¡Feliz cumpleaños, mami! No te preocupes, ya escondí la rana. Te queremos, Oscar (y Victoria e Isabelle también… aunque no escriben)."

Astrid soltó una carcajada suave, abrazando las flores contra su pecho. Christian entró en ese momento, cargando una bandeja con café, croissants y un pequeño jarrón con lavanda fresca, su sonrisa cálida y amorosa.

—No es un pastel gigante, pero es un buen comienzo —dijo, dejando la bandeja en la mesita de noche—. Aunque, debo confesar, el pastel gigante sí existe. Está escondido en la cocina.

Astrid alzó una ceja, divertida.

—¿Sorpresa? —preguntó, inclinándose para oler las flores.

Christian se encogió de hombros, sentándose a su lado.

—Ya no tanto —admitió, riendo—. Oscar no pudo resistirse a contarme que quería ayudarte a soplar las velas.

Astrid lo besó suavemente, sus ojos brillando de gratitud.

—Gracias por hacerme sentir siempre amada, incluso entre tanta formalidad —susurró—. Entre coronaciones y ceremonias, esto… esto es lo que importa.

Christian tomó su mano, mirándola con ternura.

—Hoy celebramos muchas cosas —dijo—. La coronación, tu cumpleaños, nuestra familia. Pero tú… tú eres mi favorita.

Astrid rió, apoyando la cabeza en su hombro.

—No dejes que Oscar te oiga decir eso —bromeó—. Podría ponerse celoso.

Christian rió, besando su frente.

—No te preocupes, ya le prometí un pastel extra para compensar —respondió, guiñándole un ojo.

Vestidor real – Más temprano

Esa mañana, antes de los preparativos finales para la coronación, Oscar se había colado en el vestidor real, donde Astrid y Christian se probaban sus atuendos ceremoniales. Astrid, frente a un espejo de cuerpo entero, modelaba un elegante vestido marfil bordado con hilos dorados, mientras Christian ajustaba su uniforme ceremonial, una capa azul oscuro cayendo con majestuosidad sobre sus hombros. Oscar, sentado en un taburete, los observaba con una mezcla de asombro y aburrimiento infantil.

—¿Por qué tienen que usar ropa tan elegante? —preguntó, balanceando las piernas—. Parece incómoda.

Astrid rió, girándose para mirarlo mientras una costurera ajustaba el dobladillo de su vestido.

—Es parte de la ceremonia, pequeño guardián —respondió—. Es como disfrazarse para un cuento, pero este cuento es muy importante.

Christian, luchando con el nudo de su capa, sonrió.

—Y créeme, Oscar, no es tan cómodo como parece —dijo, haciendo una mueca—. Pero cuando seas mayor, tendrás tu propio traje de gala.

Oscar frunció el ceño, cruzando los brazos.

—No quiero un traje de gala —protestó—. Quiero un traje de caballero, con una espada para luchar contra los dragones.

Astrid rió, acercándose para revolverle el cabello.

—Trato hecho —dijo—. Pero hoy, solo por unas horas, serás nuestro príncipe valiente, ¿sí?

Oscar suspiró, pero una sonrisa se asomó en su rostro.

—Está bien —respondió—. Pero solo si después puedo jugar con Anja y las gemelas.

Christian asintió, ajustando finalmente su capa.

—Prometido —dijo—. Y hablando de las gemelas, creo que están planeando robarse el espectáculo otra vez.

Salón dorado – Ceremonia de coronación

El salón dorado estaba repleto de nobles, diplomáticos y familiares, todos vestidos con elegancia para la ocasión. Ingrid, Franco, y Alexander ocupaban los asientos de honor junto a Emil, Freja, Nikolaj, y Lars, el abuelo de Oscar y exrey. Astrid, radiante en su vestido marfil, sostenía a Victoria, que a sus recién cumplidos doce meses estaba hipnotizada por un pequeño gatito de peluche que sostenía en sus manitas. Isabelle, en brazos de Nikolaj, dormitaba plácidamente, su collar de perlas sorprendentemente intacto, como si supiera que era un día especial. Por primera vez, las gemelas no habían intentado quitarse los collares, lo que Sofie, la niñera, consideraba un pequeño milagro.

Nikolaj, con cuidado de no mover a Isabelle, susurró a Ingrid:

—No puedo creer que esta pequeña esté tan tranquila —dijo—. Normalmente ya estaría intentando comerse mi corbata.

Ingrid rió, ajustando el gatito de peluche de Victoria, que lo agitaba con entusiasmo.

—Es el día de la coronación —respondió—. Hasta las gemelas saben que deben comportarse.

Franco, sentado junto a Alexander, sonrió, tomando una foto discreta con su teléfono.

—Victoria parece una reina en miniatura —bromeó—. Mira esa cara, como si estuviera evaluando a todos.

Alexander rió, inclinándose para mirar a Isabelle.

—Y esta es la reina del drama —dijo—. Aunque hoy parece que solo quiere dormir.

Lars, sentado junto a Oscar, puso una mano en el hombro de su nieto.

—Pronto terminará todo esto, pequeño —susurró, su voz cálida—. Cuando tus padres acaben, iremos a pasear por los jardines. ¿Qué dices? Podemos buscar más ranas.

Oscar sonrió, sus ojos brillando.

—¡Sí, abuelo! —respondió, su voz baja para no interrumpir—. Pero no le digas a mami. No le gustan las ranas.

Lars rió, guiñándole un ojo.

—Será nuestro secreto —prometió.

El sonido de trompetas llenó el salón, y una voz solemne resonó por los altavoces:

—¡En nombre de la corona, el consejo y el pueblo, presentamos al nuevo soberano de esta nación… Su Majestad, el Rey Christian I! —anunció el maestro de ceremonias.



#6736 en Novela romántica

En el texto hay: amor, realeza

Editado: 31.01.2026

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