Vivo en Villa Carlos Paz, en Córdoba. Un lugar turístico lleno de personas amables.
Mientras afuera llueve todos los días, me encuentro en mi habitación, ordenando mis cosas del servicio militar. Armas de fuego, uniformes y medallas.
Estuve un año sirviendo a mi país. Ahora tengo un enfoque y gustos distintos.
Después de ser entrenado para defender a los demás, siento un vacío en mi interior, como si no tuviera corazón. Me volví muy rígido y cerrado.
Me hice muchas preguntas: ¿Como hago para defenderme a mí mismo?, ¿Como pago mis impuestos?, ¿Que otras formas hay para defenderme a mí y a los demás?
Mientras saco mis cosas del bolso, encuentro una foto con mis padres. Mis ángeles guardianes. Valen mucho para mí.
Acomodo mi pelo marrón y rizado mientras me levanto con dificultad.
No soy un chico muy atractivo. Parezco alguien sacado de una caricatura.
Soy un chico demasiado delgado. Todavía estoy curándome de la anorexia. Siento mis costillas tirar contra mi piel.
Sin embargo, esto no me detiene. Servi a mi país. Termine la secundaria, y ahora voy a ir a la universidad.
Me miro al espejo con mi torso descubierto. Me da impresión ver mis costillas sobresaliendo, y mis huesos tocando mi piel.
Soy alguien poco atractivo. Pensé que aprender artes marciales mejoraría mi físico, pero no funciono.
Siempre salgo muy lastimado del dojo al pelear contra los sujetos más fuertes, me superan en todo ámbito. Ser flaco no me beneficia.
Sin embargo, soy muy bueno con los niños. Son como pequeños angelitos que dios nos manda al mundo. Son traviesos pero muy tiernos.
Mi alimentación no es buena, y no puedo comer más de lo que mi cuerpo me permite.
Soy un infeliz...
Mis padres tocan la puerta de mi habitación.
-¿Podemos pasar? - dicen ellos
-Si- Respondo luego de ponerme la remera.
Ellos entran. Mis padres Harry y Silvia, un ingeniero eléctrico y una profesora de artes.
Me miran con curiosidad.
-¿Que vas a estudiar?, ¿Lo decidiste? - Dice Harry de buena manera.
-Voy a estudiar Abogacía- Digo sonriendo falsamente para no preocuparlos.
Mi madre me abraza con amor y ternura.
-¡Mi hijo, un abogado! ¡Que emoción!
Soy alguien que sonríe poco, pero mi madre me hace reír cuando me abraza.
Las madres y los padres son una de las mejores cosas que nos da la vida.
La semana pasada tuvieron que internarme por mi falta de peso. Siempre me ponen bolsas de hielo cuando salgo del dojo. Son lo mejor que tengo por ahora.
Desearía amar a alguien más y desearía que me amen...
...
Pronto, Pabloe el colectivo para ir a la gran ciudad de Córdoba Capital, a la universidad nacional.
Di mi número de documento y me senté en el asiento treinta y tres como siempre. El vehículo arranco rumbo a mi nuevo destino.
Al llegar baje mi equipaje junto a mi mochila, y camine por las instalaciones de la terminal de colectivos.
El lugar era enorme, lleno de gente y seguridad. Pocas veces estuve en una ciudad tan moderna.
También vi a gente vulnerable pidiendo limosnas. Reflexione sobre que tal vez yo no vivo tan mal como ellos.
Deciden vender o pedir sin miedo, mientras que yo estoy caminando rumbo a un departamento con calefacción y aire.
Subí las escaleras para llegar a la zona de la terminal de colectivos vieja, de donde salían la mayoría de los vehículos, y donde más gente habia.
Pude ver algo que me llamo mucho la atención. Era una chica, pálida, de pelo corto hasta los hombros teñido de marron oscuro, con ojos del mismo tono. Caminando por la terminal usando una ropa deportiva muy ajustada que dejaba ver su cuerpo atractivo, más delgado y pequeño como el mío.
Llevaba una caja de alfajores con ella. De esta forma les vendía golosinas a los pasajeros para poder sobrevivir.
Me congele por un segundo ante su belleza, tenía mi edad. Alrededor de dieciocho años.
Ella me vio, y se acercó a mí, pero hubo algo diferente. Ella y yo conectamos...
Sentí un clic en mi mente, y un ardor en el corazón como si hubiera encontrado a mi alma gemela. Creo que ella sintió lo mismo, ya que se sorprendió al verme.
Ambos recobramos la conciencia. Ella se peinó el cabello, mientras que yo intentaba mirar para otro lado, pero su belleza etérea y tierna me lo impedía.
Ella era muy tímida e introvertida. Parecía muy cerrada.
-Hola, estoy vendiendo alfajores para mantener a mi hija, pagar la comida y el alquiler. Si pudieras darme una colaboración, te lo agradecería- Dijo ella con una sonrisa, ladeando su cabeza de manera adorable.
En ese momento yo pensé.
-¿Hija?, pero si tiene mi edad -
Yo le hago una pregunta, sin intención de molestar.
-¿Cuantos años tienes?
Ella respondió.
-Tengo dieciocho años. Sucede que tengo un pasado con el alcohol y las adicciones, y estoy saliendo de eso. No pienses mal de mí, por favor...
Me sorprendí al escuchar su historia, pero igualmente sonreí para no ofenderla.
-No me molesta ni me parece raro. Dame tres alfajores, por favor.
Ella sonrió al escucharme.
-Claro, aquí tienes-
Metió su mano en la caja, dándome tres alfajores con sabor a maní. Mis favoritos.
-Te agradezco, ¿vendes siempre por aca?- pregunte
-Si, siempre estoy por la terminal vieja, desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde- Responde ella
-Qué bueno, así puedo comprarte alfajores cada vez que pase-
-Eso sería genial, ¿cuál es tu nombre? -
-Soy Adam De Rosas, es un placer- Respondo
-Soy Catalina Evans, un gusto conocerte- Dice ella
-¿Me puedes dar tu número?, es que me pareciste alguien interesante- Pregunto con cautela.
Pensé que estaba cometiendo un error.
Ella contesta.
-Claro... tengo un teléfono viejito, pero puedo anotar tu número-
Intercambiamos números correctamente. Veo la hora y decido retirarme.