Eran las ocho de la mañana, con el sonido de la lluvia todavía en mi mente.
Salí a una clase de introducción al derecho a la mañana, la materia mas importante.
En el camino me cruce con ella, parada en la puerta intentando salir con su caja de alfajores. Catalina Evans.
-Catalina- Dije sorprendido.
-Hola Adam… Buen día- Dice ella
-Pensé que trabajabas desde las seis.
-Hoy decidí ir a esta hora para quedarme a desayunar con mi hija. Estos días estuvo lloviendo mucho, y yo necesito mis dos manos para cargar la caja de alfajores. Se me dificulta llevar un paraguas.
-Yo puedo acompañarte, solo mantente muy cerca de mi para que no te mojes.
-No será mucha molestia?
-Para nada, la facultad y la terminal me quedan cerca.
-Gracias Adam… Eres un buen chico.
Ella corre a mi lado, debajo de mi paraguas negro, poniéndose demasiado cerca de mi. Su cuerpo choca con el mío mientras busca ocultarse de la lluvia.
Esmeralda y Agata salen a ver. La primera me mira con desconfianza.
-Hola Adam… le conté a mi hermana que querías conocerla mas.
Conteste.
-Oh, bueno, espero que todo este bien.
Catalina contesta por ella.
-Todo esta mas que bien… vámonos Adam.
Ambos nos retiramos juntos. Catalina se pega mas a mi cuerpo. Yo siento mucho calor al estar cerca de ella, y mi corazón se acelera.
Ella se da cuenta de eso y yo no puedo ocultarlo.
-Se que te gusto, Adam- Dice ella con tranquilidad.
Yo confieso.
-La verdad es que me pareces una chica muy linda, me gustaría que nos conociéramos mas.
Ella miro al piso mientras caminaba.
-Adam, yo no tengo tiempo para una relación por ahora. Tengo una hija, tengo un trabajo, y tengo muchos tramites para hacer. Cobro varios planes sociales para mantener a mi hija porque no me alcanza el dinero. Es complicado y la paso mal…
-Tienes derecho a tener amigos, tienes derecho a divertirte.
-No es solo eso Adam… yo vuelvo muerta del trabajo, y me gusta pasar ese tiempo con mi hija. La veo solamente a la noche.
-Igualmente no debes hablar de relaciones por ahora… nos conocemos hace unos días.
-No lo se… esto es muy confuso.
Llegamos a la terminal, y ella camina hasta la entrada, sin alejarse mucho de mi.
-Gracias por ayudarme a venir, Adam. La lluvia siempre se detiene a la noche en el momento en el que salgo- Dice ella
-Catalina, te buscaría las veces que sean necesarias-
-Adam… eres muy amable pero, ¿Qué hacemos?
-Solo dejemos que todo fluya. No te pido que dejes a tu hija, solo te pido compartir algunos momentos juntos, cuando vos quieras. No hace falta que sea todos los días.
-Esta bien, Adam. Creo que puedo llevar a Agata a la heladería esta noche después de la cena. ¿También puedes ir?
-Claro… no me lo perdería.
Nos despedimos formalmente con un beso en la mejilla.
Antes de empezar a trabajar, escucho que ella susurra algo para ella.
-Adam… a mi también me pareces un chico lindo.
…
Después de las clases en la facultad de derecho, me senté a Pabloar un café con medialunas junto a mi amigo Pablo.
Nos pusimos a conversar.
Pablo me miró por encima de su taza de café.
-¿Y cómo te fue esta mañana?
-La acompañé a la terminal bajo la lluvia.
Se quedó en silencio un segundo.
-¿Sera correcto esto que hacés, bro?
-¿A qué te referís?
-No sé… la acompañás, le pagás helados, y apenas la conocés. ¿No estás yendo muy rápido?
Agarré mi medialuna sin responder enseguida.
-Solo la acompañé a caminar, Pablo.
-Ya, pero se nota que te gusta. Y vos sos de los que se meten de lleno en las cosas sin pensar.
No le respondí nada porque tenía razón.
-¿Y con lo que hizo en el pasado?- continuó él. -Adicciones, una hija a los dieciocho… ¿No te genera dudas eso?
-El pasado es el pasado.
-Claro, pero el pasado forma a las personas, bro. No digo que sea mala chica. Digo que apenas la conocés. No sabés cómo reacciona bajo presión, no sabés cómo es cuando las cosas se ponen difíciles.
Pabloé un sorbo de café.
-Nadie sabe eso de nadie al principio.
-Cierto. Pero la mayoría no empieza conociendo a alguien con tanto peso encima desde el día uno.
Me quedé mirando la mesa.
-¿Entonces qué me decís que haga?
Pablo se recostó en la silla.
-No te digo nada. Solo te pregunto si vos estás bien primero. Porque me contaste que estuviste internado hace poco. Que salís lastimado del dojo. Que todavía estás recuperándote. ¿Estás en condiciones de meterte en algo así?
Esa pregunta me pegó más de lo que esperaba.
-No lo sé- respondí con sinceridad.
Pablo asintió despacio.
-Eso al menos es honesto, bro.
Terminamos el café sin hablar mucho más. Pero sus preguntas se quedaron dando vueltas en mi cabeza todo el camino de vuelta.
Pablo apoyó la taza y se puso serio, como si de repente fuera otro.
-Mirá, el amor no aparece de la nada. Es una construcción. Los dos tienen que poner de su parte, todos los días. No es solo sentir mariposas.
-Oh, pero yo no siento amor todavía- aclaré. -Siento atracción. Y la escuché decir que también le parecía lindo.
Pablo me miró con una sonrisa de costado.
-Por favor… los dos se mueren por el otro y apenas se conocen. Se nota a kilómetros.
Me reí un poco.
-Puede ser.
-Pero cuidado- agregó, poniéndose serio de nuevo. -Conózcanse bien antes de cualquier cosa. Porque después de la atracción vienen los celos, las inseguridades, los malentendidos.
-Debe de haber pasión- dije yo.
Pablo frunció el ceño.
-¿Pasión? ¿Y qué hay de la confianza? ¿El respeto? ¿La comprensión? La pasión sola no sostiene nada, bro.
Me quedé callado un momento.
-Tenés razón.
-Siempre la tengo- dijo él, Pabloando el último sorbo de café con cara de satisfecho.