Amor sin correspondencia

Capítulo 1: La llegada

El avión descendía lentamente, atravesando un cielo cubierto de nubes grises que parecían no tener fin.
T/N miraba por la ventana sin parpadear, como si en ese paisaje pudiera encontrar una respuesta… o al menos una señal de que todo iba a estar bien.
Pero no había nada.
Solo un cielo desconocido.
Suspiró.
Su reflejo en el vidrio le devolvió una imagen que no reconocía del todo. No era la misma chica que había subido a ese avión horas atrás.
Había algo distinto.
Tal vez el miedo.
Tal vez la incertidumbre.
O tal vez… el peso de haber dejado todo atrás.
—Ya no hay vuelta atrás… —murmuró en voz baja.
Sus manos se aferraban al borde de su asiento con una fuerza casi inconsciente.
Su hogar.
Su familia.
Sus amigos.
Todo eso ahora era solo… distancia.
El anuncio del aterrizaje la sacó de sus pensamientos. Las personas a su alrededor comenzaron a moverse, a prepararse, a hablar entre ellas con naturalidad.
Ella no.
Ella se sentía fuera de lugar incluso antes de bajar.
Cuando el avión finalmente tocó tierra, un pequeño estremecimiento recorrió su cuerpo.
No era solo el impacto.
Era la realidad.
Había llegado.
El aeropuerto era un caos ordenado.
Gente caminando rápido, maletas rodando, voces mezclándose en un idioma que T/N apenas comprendía.
Intentaba seguir el ritmo, pero todo parecía ir demasiado rápido.
Demasiado ajeno.
Demasiado… distante.
—Tranquila… tú puedes —se dijo a sí misma, aunque su voz interior no sonaba muy convencida.
Apretó el asa de su maleta y avanzó, guiándose por señales que apenas lograba descifrar.
Cada paso era una pequeña batalla.
Cada mirada ajena… un recordatorio de que no pertenecía ahí.
Cuando finalmente salió del aeropuerto, el aire frío golpeó su rostro.
Se quedó quieta unos segundos.
Observando.
Sintiendo.
Ese lugar no tenía nada de lo que conocía.
Los edificios.
Las calles.
Incluso el cielo parecía diferente.
—Este es mi nuevo hogar… —susurró.
Pero la palabra “hogar” no encajaba todavía.
El trayecto hasta su apartamento fue silencioso.
Miraba por la ventana del auto, viendo pasar la ciudad como si fuera una película en la que aún no sabía cómo participar.
Todo se movía… menos ella.
Al llegar, el edificio era más pequeño de lo que imaginaba.
Subió las escaleras lentamente, como si alargar ese momento pudiera retrasar lo inevitable.
La puerta.
Sacó las llaves.
Dudó.
Y finalmente abrió.
El apartamento estaba vacío.
No completamente.
Había muebles básicos.
Una cama.
Una mesa.
Una silla.
Pero faltaba algo.
Vida.
Dejó su maleta en el suelo y cerró la puerta detrás de ella.
El sonido del cierre resonó más de lo esperado.
Como si marcara un final.
O un comienzo.
Caminó unos pasos dentro del lugar.
Cada movimiento hacía eco.
Se sentó en la cama.
Miró alrededor.
Y por primera vez desde que llegó…
el silencio la envolvió por completo.
No había risas.
No había voces familiares.
No había nadie.
Solo ella.
Y ese espacio que aún no se sentía suyo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero no las dejó caer.
No todavía.
—Todo va a estar bien… —susurró, más como un deseo que como una certeza.
Se recostó lentamente, mirando el techo.
Blanco.
Vacío.
Como sus pensamientos en ese momento.
Cerró los ojos.
Y en medio de ese silencio…
una sensación extraña apareció.
No era tristeza exactamente.
Era algo más profundo.
Más difícil de nombrar.
Soledad.
Esa noche no durmió bien.
Se despertó varias veces, desorientada, olvidando por segundos dónde estaba.
Y cada vez que la realidad regresaba…
su corazón se sentía un poco más pesado.
A la mañana siguiente, la luz entró por la ventana sin pedir permiso.
T/N abrió los ojos lentamente.
Miró el techo.
Y todo volvió.
El viaje.
La ciudad.
La soledad.
Se sentó en la cama, pasando una mano por su rostro.
—Un nuevo día… —dijo sin emoción.
Se levantó.
Se preparó.
Y salió.
No porque quisiera.
Sino porque quedarse era peor.
Las calles estaban llenas de vida.
Personas caminando, hablando, riendo.
Todo seguía.
Todo funcionaba.
Todo… menos ella.
Caminaba sin rumbo, observando, intentando encontrar algo familiar en medio de lo desconocido.
Pero no lo había.
Después de un rato, se detuvo.
No sabía dónde estaba exactamente.
Solo sabía que estaba cansada.
No físicamente.
Sino emocionalmente.
Suspiró, mirando alrededor.
Y fue entonces…
cuando lo vio.
A lo lejos.
De pie frente a un edificio.
Rodeado de algunas personas.
Riendo.
Pero no era una risa cualquiera.
Era tranquila.
Sincera.
Diferente.
T/N no sabía por qué…
pero sus ojos se quedaron en él un segundo más de lo normal.
Como si algo dentro de ella…
la obligara a prestar atención.
Desvió la mirada rápidamente.
—Qué tonta… —murmuró.
Y siguió caminando.
Pero sin darse cuenta…
algo había cambiado.
Algo pequeño.
Pero suficiente.
Porque esa noche…
cuando volvió a su apartamento…
el silencio ya no se sentía exactamente igual.



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En el texto hay: cristiano, amor adolescente

Editado: 28.03.2026

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