Amor sin correspondencia

Capítulo 2: Un encuentro inesperado

No fue casualidad.
O al menos… eso fue lo que T/N intentó convencerse mientras caminaba por la misma calle otra vez.
Sus pasos eran lentos, casi medidos, como si en el fondo estuviera buscando algo sin querer admitirlo.
O a alguien.
—Solo estoy caminando… —murmuró para sí misma.
Pero su mirada se movía más de lo normal.
Buscando.
Recordando.
Esperando.
El sonido lejano de voces la hizo levantar la vista.
Y entonces lo vio.
Ahí estaba.
En el mismo lugar.
Frente al mismo edificio.
Rodeado de algunas personas, como el día anterior.
Pero esta vez… no se sintió igual.
Porque ahora lo estaba mirando con intención.
Él reía, pero de esa forma tranquila que ya había notado. No parecía alguien que necesitara llamar la atención. Era como si su paz fuera suficiente.
Y eso… la descolocaba.
T/N sintió ese pequeño nudo en el pecho otra vez.
Ese que no dolía…
pero incomodaba.
Desvió la mirada rápidamente y siguió caminando, intentando parecer natural.
“Solo pasa de largo”, pensó.
Pero justo cuando estaba a punto de lograrlo—
—Hola.
Su voz la detuvo.
Fue simple.
Suave.
Pero directa.
T/N se congeló por un segundo.
Su corazón dio un pequeño salto, como si no estuviera listo para ese momento.
Giró lentamente.
—¿Yo? —preguntó, señalándose con una leve confusión.
Él sonrió.
Y por alguna razón… esa sonrisa no se sintió pesada.
No se sintió incómoda.
Se sintió… tranquila.
—Sí, tú —respondió con naturalidad.
T/N dudó un segundo antes de acercarse un poco más.
No demasiado.
Solo lo suficiente.
—Te he visto pasar por aquí —continuó él—. ¿Eres nueva?
Su voz no tenía curiosidad invasiva.
Era más bien… amable.
Eso hizo que T/N bajara un poco la guardia.
—Sí… llegué hace poco.
Él asintió, como si ya lo supiera.
—Se nota.
T/N frunció ligeramente el ceño.
—¿Se nota?
Él soltó una pequeña risa.
—Un poco… —respondió—. Miras todo como si estuvieras tratando de entenderlo.
Ella no supo qué decir.
Porque tenía razón.
Y eso la dejó… expuesta.
Bajó la mirada por un segundo, jugando con el borde de su suéter.
—Supongo que sí…
Hubo un pequeño silencio.
Pero no era incómodo.
Era… extraño.
Como si ninguno de los dos quisiera romperlo del todo.
—Soy Daniel —dijo finalmente, extendiendo la mano.
T/N miró su mano unos segundos.
No por desconfianza.
Sino porque ese gesto se sentía… importante.
—T/N —respondió, tomando su mano.
El contacto fue breve.
Pero suficiente.
No hubo electricidad.
No hubo nada exagerado.
Solo…
calma.
Y eso la confundió más de lo que quería admitir.
Soltaron sus manos.
Pero la sensación… se quedó un segundo más.
—¿Te gusta este lugar? —preguntó Daniel, mirando alrededor.
T/N siguió su mirada.
—No lo sé… todavía no me acostumbro.
—Es normal —dijo él—. Cambiar de lugar nunca es fácil.
Sus palabras no eran profundas.
Pero se sentían sinceras.
Y eso… las hacía pesar más.
T/N levantó la mirada hacia el edificio detrás de él.
—¿Es una iglesia?
—Sí.
No hubo duda en su respuesta.
No hubo vergüenza.
Solo seguridad.
Eso la tomó por sorpresa.
—¿Vienes mucho? —preguntó ella, sin pensar demasiado.
Daniel asintió.
—Sí… es un lugar importante para mí.
T/N lo miró unos segundos.
Había algo en la forma en que hablaba…
como si no estuviera tratando de convencer a nadie.
Solo… diciendo la verdad.
—¿Y tú? —preguntó él suavemente—. ¿Crees en Dios?
La pregunta cayó directo.
Sin rodeos.
Sin presión.
Pero directa.
T/N sintió cómo algo dentro de ella se movía.
No era incomodidad.
Era… inseguridad.
Bajó la mirada.
—No lo sé…
Y por primera vez en mucho tiempo…
no sintió la necesidad de fingir una respuesta.
Daniel no reaccionó como esperaba.
No intentó corregirla.
No insistió.
Solo asintió ligeramente.
—Está bien no saber.
Otra vez esas palabras.
Simples.
Pero…
reconfortantes.
Desde dentro de la iglesia comenzó a escucharse música.
Suave.
Armoniosa.
Personas cantando.
T/N levantó la mirada hacia la puerta.
La luz cálida que salía desde dentro contrastaba con el aire frío de afuera.
Se veía…
acogedor.
Daniel también miró hacia la entrada.
Luego volvió a verla.
—Voy a entrar —dijo—… pero si algún día quieres pasar, eres bienvenida.
No fue una invitación insistente.
No fue incómoda.
Fue libre.
Como si realmente pudiera elegir.
T/N dudó.
—Tal vez…
No estaba segura.
Pero tampoco quería cerrar la puerta.
Daniel sonrió levemente.
—Nos vemos, T/N.
Y sin decir nada más…
entró.
Ella se quedó ahí.
De pie.
Mirando la puerta.
Escuchando la música.
Sintiendo algo en el pecho que no lograba entender.
No era solo curiosidad.
No era solo por él.
Era algo más.
Algo que la hacía querer quedarse…
y al mismo tiempo salir corriendo.
Después de unos segundos, dio media vuelta.
Y empezó a caminar.
Pero esta vez…
sus pensamientos no estaban vacíos.
Esa noche, al llegar a su apartamento, dejó las llaves sobre la mesa y se quedó de pie en medio del lugar.
En silencio.
Otra vez ese silencio.
Pero diferente.
Se sentó en la cama, mirando al suelo.
—“Está bien no saber…” —repitió en voz baja.
Y por primera vez…
no le molestó no tener respuestas.
Porque tal vez…
no las necesitaba todavía.
Se recostó lentamente.
Mirando el techo.
Y sin darse cuenta…
una pequeña paz se instaló en su pecho.
Suave.
Casi imperceptible.
Pero real.



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En el texto hay: cristiano, amor adolescente

Editado: 28.03.2026

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