Esa noche no fue como las demás.
El apartamento estaba en silencio, como siempre… pero algo había cambiado.
T/N estaba acostada en la cama, mirando el techo, con las manos sobre su pecho como si intentara calmar algo que no entendía.
No podía dejar de pensar.
En la calle.
En la iglesia.
En él.
Cerró los ojos con fuerza.
—Ya, basta… —susurró.
Pero su mente no obedecía.
La escena se repetía una y otra vez.
Su voz.
Su sonrisa tranquila.
Y esas palabras…
"Está bien no saber."
T/N abrió los ojos lentamente.
—¿Por qué eso me afecta tanto…?
Se sentó en la cama, pasando una mano por su cabello.
No era la primera vez que alguien le hablaba.
No era la primera vez que conocía a alguien amable.
Pero esto…
esto era distinto.
No sabía por qué.
Y eso era justo lo que más la inquietaba.
Se levantó y caminó descalza por el pequeño apartamento.
El piso frío la hizo estremecerse ligeramente, pero no se detuvo.
Necesitaba moverse.
Necesitaba distraerse.
Pero todo la llevaba al mismo lugar.
Sus pensamientos.
Se detuvo frente a la ventana.
La ciudad seguía viva.
Luces encendidas.
Autos pasando.
Personas que probablemente tenían una vida clara, un lugar al que pertenecer.
Y ella…
solo estaba ahí.
Observando.
Sintiendo.
—¿Qué estoy haciendo aquí…?
La pregunta salió más sincera de lo que esperaba.
No había enojo en su voz.
Solo cansancio.
Cerró los ojos un momento, apoyando su frente contra el vidrio.
Frío.
Real.
A diferencia de todo lo que estaba pasando dentro de ella.
Recordó la iglesia.
La música.
La luz cálida que salía desde dentro.
Ese lugar que ni siquiera conocía… pero que por alguna razón no le parecía ajeno.
—Es solo curiosidad… —se dijo.
Pero su voz no sonó convincente.
Porque en el fondo sabía que no era solo eso.
Era algo más profundo.
Algo que no sabía cómo explicar.
Volvió a la cama y se sentó, abrazando sus piernas.
Por primera vez en mucho tiempo…
no se sentía completamente vacía.
Y eso debería haberla hecho sentir mejor.
Pero no.
La confundía.
Porque no entendía de dónde venía esa sensación.
—¿Será por él…?
La pregunta salió casi en un suspiro.
Y al decirla… algo dentro de ella reaccionó.
Su corazón latió un poco más rápido.
Pero no de emoción.
Sino de duda.
Negó suavemente con la cabeza.
—No… no puede ser solo eso.
Y ahí estaba.
Otra vez.
Esa palabra.
Solo.
Se recostó lentamente, mirando el techo.
Todo estaba en silencio.
Pero ya no era ese silencio pesado que la aplastaba.
Era distinto.
Más… suave.
Como si algo invisible estuviera ahí.
Acompañándola.
Y eso…
la hizo sentir aún más extraña.
—Estoy pensando demasiado… —murmuró.
Cerró los ojos.
Intentando dormir.
Intentando apagar su mente.
Pero justo antes de quedarse dormida…
un pensamiento cruzó su mente.
Uno que no pudo ignorar.
—¿Y si vuelvo…?
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Miró hacia la nada.
Como si esperara que alguien respondiera.
Pero no hubo respuesta.
Solo su respiración.
Su corazón.
Y esa inquietud…
que ahora no la dejaba en paz.
A la mañana siguiente, despertó más temprano de lo normal.
Se quedó en la cama unos minutos, sin moverse.
Pensando.
Sintiendo.
La misma sensación seguía ahí.
No había desaparecido.
Y eso…
la sorprendió.
Se sentó lentamente.
—Ok… —dijo en voz baja—. Esto ya es raro.
Se levantó y comenzó su rutina, pero todo lo hacía en automático.
Su mente estaba en otro lugar.
En la calle.
En la iglesia.
En esa puerta que no había cruzado.
Todavía.
Horas después, mientras caminaba por la ciudad, sus pasos comenzaron a desacelerarse sin que se diera cuenta.
Miró alrededor.
Y entonces lo notó.
Estaba cerca.
Muy cerca.
Su corazón latió más rápido.
No sabía si era emoción…
o nervios.
Se detuvo.
Mirando hacia la esquina.
Podía ver el edificio a lo lejos.
La iglesia.
Tragó saliva.
—No vine por esto… —murmuró.
Pero sus pies no se movían.
Se quedó ahí.
Observando.
Dudando.
Sintiendo cómo algo dentro de ella la empujaba suavemente hacia adelante.
No con fuerza.
No con presión.
Solo…
invitándola.
Respiró hondo.
Y dio un paso.
Luego otro.
Y otro.
Hasta que estuvo frente a la puerta.
La misma de la otra vez.
La misma luz cálida escapando desde dentro.
Su mano se levantó ligeramente…
pero se detuvo antes de tocarla.
Su corazón latía con fuerza ahora.
—¿Qué estoy haciendo…?
Susurró.
Pero esta vez…
no retrocedió.
Se quedó ahí.
En silencio.
Frente a algo que no entendía.
Pero que… empezaba a llamar su atención más de lo que quería admitir.