Amor sin correspondencia

Capítulo 6 : Lo que empezó a cambiar

Ya no era como antes.
T/N lo notó una mañana cualquiera, mientras caminaba por la ciudad sin rumbo fijo.
Las calles seguían siendo las mismas.
La gente también.
El ruido, los edificios, el aire frío…
Todo seguía igual.
Pero ella no.
Había algo diferente.
Algo que no podía ignorar.
Se detuvo frente a una vitrina, mirando su reflejo sin realmente enfocarse.
—¿Desde cuándo…? —susurró.
No terminó la frase.
No sabía cómo hacerlo.
Porque no era un cambio visible.
No era algo que otros pudieran notar.
Era interno.
Profundo.
Silencioso.
Sus pensamientos ya no giraban solo en torno a su soledad.
Ahora había algo más.
Algo que se había colado poco a poco…
sin pedir permiso.
La iglesia.
Las palabras.
Las canciones.
Y sí…
también Daniel.
Suspiró y siguió caminando.
Pero esta vez, sus pasos tenían dirección.
Aunque no quisiera admitirlo.
Cuando llegó, no dudó tanto como la primera vez.
Ni siquiera se detuvo demasiado frente a la puerta.
Simplemente entró.
Como si ya supiera que ese lugar… de alguna forma, la estaba esperando.
Se sentó.
Y esta vez…
no observó tanto.
No analizó.
No cuestionó cada cosa.
Solo… se quedó.
Presente.
La música comenzó.
Y sin darse cuenta…
cerró los ojos.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Su respiración se hizo más lenta.
Más profunda.
Como si su cuerpo ya reconociera ese momento.
Las palabras de la canción no eran del todo claras para ella.
Pero algo en ellas… le hablaba.
No a su mente.
Sino a algo más adentro.
Algo que no sabía cómo explicar.
Por un instante…
todo lo demás desapareció.
La ciudad.
El ruido.
La soledad.
Incluso sus dudas.
Y en ese pequeño espacio…
sintió paz.
Una paz suave.
Real.
No perfecta.
Pero suficiente.
Abrió los ojos lentamente.
Y por primera vez…
no buscó a Daniel.
Eso la sorprendió.
Porque significaba algo.
Algo importante.
Al terminar, se quedó sentada un momento más.
Pensando.
Sintiendo.
Intentando entender lo que acababa de pasar.
—¿Te sientes diferente, verdad?
La voz la sacó de sus pensamientos.
Levantó la mirada.
Daniel.
De pie frente a ella.
Tranquilo, como siempre.
T/N lo observó unos segundos.
—Sí… —admitió en voz baja.
No intentó ocultarlo.
No esta vez.
Caminaron juntos al salir.
El aire frío los envolvió otra vez.
Pero ya no se sentía tan incómodo.
—¿Qué es esto…? —preguntó ella de repente.
Daniel la miró, sin apuro.
—¿A qué te refieres?
T/N dudó.
Buscando las palabras correctas.
—Aquí… —dijo, señalando su pecho—. Esto que siento.
Su voz era sincera.
Vulnerable.
Daniel no respondió de inmediato.
Como si quisiera que ella misma explorara un poco más.
—No lo sé… —continuó ella—. No es como antes… no es vacío… pero tampoco lo entiendo.
Él asintió suavemente.
—No todo se entiende de inmediato.
Esa respuesta…
no la frustró.
Como antes.
Esta vez…
la calmó.
Caminaron unos pasos más en silencio.
Hasta que T/N habló otra vez.
—¿Tú cómo empezaste?
Daniel sonrió levemente.
—Con dudas.
Ella lo miró, sorprendida.
—¿En serio?
—Sí —respondió—. No siempre tuve respuestas… pero seguí acercándome.
T/N bajó la mirada.
Pensativa.
—¿Y eso fue suficiente?
Daniel la miró.
Directo.
Pero sin presión.
—Sí.
Esa noche…
algo cambió.
T/N estaba en su apartamento, sentada en la cama, con las luces apagadas.
El silencio estaba ahí.
Como siempre.
Pero ya no la incomodaba tanto.
Miró sus manos.
Inquietas.
Pensativas.
Su mente no dejaba de dar vueltas.
A lo que sentía.
A lo que no entendía.
A lo que estaba empezando.
—¿Y si intento…?
La frase salió sin que la planeara.
Se quedó en silencio unos segundos.
Como si esperara una señal.
Pero no hubo nada.
Respiró hondo.
Cerró los ojos.
Y sin saber muy bien cómo…
habló.
—Dios…
La palabra se sintió extraña.
Nueva.
Pero no incómoda.
Hubo un pequeño silencio.
Como si no supiera qué más decir.
—No sé si estás ahí…
Su voz era baja.
Casi tímida.
—No entiendo nada de esto…
Una pequeña pausa.
—Pero… si esto que siento viene de ti…
Tragó saliva.
Su corazón latía más rápido.
—Entonces… ayúdame a entender.
Silencio.
No hubo respuesta.
No hubo voz.
No hubo nada visible.
Pero algo pasó.
Algo pequeño.
Pero real.
Su respiración se calmó.
Sus hombros se relajaron.
Y esa misma paz…
la envolvió otra vez.
T/N abrió los ojos lentamente.
Mirando la oscuridad de su habitación.
—¿Eso fue…? —susurró.
No terminó la pregunta.
Pero en el fondo…
sabía.
Se recostó.
Lentamente.
Sintiendo cómo su corazón latía más tranquilo.
Y por primera vez…
no se sintió sola en ese cuarto.



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En el texto hay: cristiano, amor adolescente

Editado: 28.03.2026

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