Esa noche… todo fue distinto.
No había ruido.
No había distracciones.
Solo el silencio.
T/N estaba sentada en su cama, con la espalda contra la pared y las piernas recogidas, abrazándose a sí misma como si intentara sostener algo que se estaba desmoronando por dentro.
Sus ojos estaban rojos.
No de llorar mucho.
Sino de aguantar.
—No quiero sentir esto… —susurró.
Pero el sentimiento no se fue.
Cerró los ojos con fuerza.
Respiró hondo.
Y lo intentó otra vez.
—Dios…
Su voz salió más firme que antes.
Pero también más cansada.
—No entiendo qué está pasando.
Silencio.
—No sé si esto viene de ti…
No sé si me estoy equivocando…
Su respiración se volvió un poco inestable.
—Pero si no es correcto…
Si esto no es lo que quieres para mí…
Tragó saliva.
Su corazón latía con fuerza.
—Entonces… quítalo.
Silencio.
Nada.
No hubo respuesta.
No hubo paz inmediata.
No hubo esa sensación cálida que había sentido antes.
Y eso…
la rompió un poco más.
Abrió los ojos lentamente.
Mirando el vacío de su habitación.
—¿Por qué no dices nada…? —murmuró.
Su voz no era fuerte.
No era exigente.
Era… herida.
Porque no estaba pidiendo mucho.
Solo claridad.
Solo un poco de dirección.
Pero lo único que tenía…
era silencio.
Se levantó de la cama y comenzó a caminar por el pequeño espacio.
Sus pasos eran lentos.
Pesados.
—Antes se sentía diferente… —dijo en voz baja.
—Antes era más fácil…
Se detuvo frente a la ventana.
Mirando la ciudad.
Las luces seguían ahí.
La vida seguía.
Pero dentro de ella…
todo estaba en pausa.
—¿Hice algo mal…? —susurró.
La duda llegó.
Fuerte.
Directa.
Porque cuando no hay respuestas…
la mente empieza a inventarlas.
Se abrazó a sí misma.
Sintiendo el frío.
—Tal vez esto no es para mí…
La idea le dolió.
Porque aunque no entendía todo…
no quería perder lo poco que había encontrado.
Esa paz.
Esa sensación.
Ese algo que no sabía explicar.
Volvió a la cama y se sentó.
Mirando sus manos.
—No quiero alejarme… —murmuró.
Y esa frase…
fue la más sincera de todas.
Porque a pesar del dolor…
a pesar del silencio…
a pesar de la confusión…
No quería irse.
Cerró los ojos otra vez.
Pero esta vez…
no dijo nada.
No pidió.
No habló.
Solo…
se quedó.
En silencio.
Y en ese silencio…
aunque no hubo respuesta clara…
hubo algo.
Muy leve.
Muy pequeño.
Pero real.
No era paz completa.
No era claridad.
Era…
una sensación de no estar completamente sola.
Como si, a pesar de todo…
alguien estuviera ahí.
Sin hablar.
Sin intervenir.
Solo…
presente.
T/N abrió los ojos lentamente.
Respirando más calmada.
—No entiendo… —susurró.
Y esta vez…
no sonó desesperada.
Sonó… rendida.
Pero no en derrota.
Sino en algo distinto.
En soltar.
Se recostó lentamente.
Mirando el techo.
El dolor seguía ahí.
Pero ya no la consumía igual.
Y en medio de todo…
una pequeña verdad empezó a formarse dentro de ella:
No siempre iba a sentir.
No siempre iba a entender.
Pero tal vez…
eso no significaba que estaba sola.
Cerró los ojos.
Y por primera vez en días…
logró descansar.