Amor sin correspondencia

Capítulo 11: Distancia

No fue una decisión.
No fue algo que T/N planeara una noche y al día siguiente simplemente hiciera.
Fue… más lento.
Más silencioso.
Como todo lo que estaba pasando dentro de ella.
Los días comenzaron a sentirse diferentes.
No más fáciles.
Pero sí… más claros.
Ya no esperaba tanto.
Y eso…
dolía.
Porque antes, sin darse cuenta, siempre lo buscaba.
Con la mirada.
Con la atención.
Con el corazón.
Ahora…
intentaba no hacerlo.
No porque ya no le importara.
Sino porque entendió algo que no quería aceptar:
No podía seguir esperando algo que no sabía si existía.
Un día, al llegar a la iglesia, respiró hondo antes de entrar.
Como si se preparara para algo.
Y en cierta forma…
lo estaba.
Entró.
Se sentó.
No muy atrás.
No muy adelante.
En medio.
Un lugar neutral.
Sus ojos recorrieron el lugar por reflejo.
Y sí…
lo encontró.
Daniel.
Estaba ahí.
Como siempre.
Pero esta vez…
no se quedó mirándolo.
Solo un segundo.
Y luego…
apartó la mirada.
Ese pequeño gesto…
le costó más de lo que imaginaba.
—Esto es lo correcto… —se dijo.
Aunque su pecho no estuviera de acuerdo.
La música comenzó.
Y esta vez…
T/N cerró los ojos.
Pero no para escapar.
Sino para concentrarse.
En lo que sentía.
En lo que estaba pasando dentro de ella.
No fue fácil.
Porque su mente intentaba distraerse.
Volver a lo mismo.
A él.
A lo que no tenía.
Pero no lo permitió.
Respiró hondo.
Una vez.
Y otra.
—Esto no es por él… —murmuró en su mente.
Y por primera vez…
esas palabras no sonaron como una mentira.
Algo dentro de ella se acomodó.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Al terminar, no se levantó rápido.
Se quedó.
Sentada.
En silencio.
Como si estuviera aprendiendo a estar ahí…
sin depender de nada más.
Ni de nadie.
Cuando salió, no lo buscó.
No lo esperó.
Y eso…
fue nuevo.
Caminó sola.
Sintiendo el aire frío.
Escuchando sus propios pasos.
Y aunque una parte de ella quería girarse…
mirar…
ver si él venía…
No lo hizo.
Porque entendió algo importante:
A veces, avanzar…
se siente como perder.
Esa noche, el apartamento estaba en silencio otra vez.
Pero esta vez…
no se sintió vacío.
Se sentó en la cama, con una calma extraña.
No era felicidad.
No era tristeza intensa.
Era… algo en medio.
—Estoy soltando… —susurró.
Y decirlo en voz alta…
lo hizo más real.
Más difícil.
Pero también…
más necesario.
Cerró los ojos lentamente.
Llevó su mano al pecho.
Su corazón latía más tranquilo.
No porque ya no doliera.
Sino porque…
estaba dejando de resistirse.
—Dios…
Su voz fue suave.
—Si esto es lo que tengo que aprender…
Una pequeña pausa.
—Ayúdame a hacerlo bien.
Silencio.
Pero esta vez…
no dolió tanto.
Porque ya no estaba esperando una respuesta inmediata.
Solo…
estaba confiando.
Se recostó.
Mirando el techo.
Y por primera vez desde que todo empezó…
no pensó en él antes de dormir.
Y eso…
aunque pequeño…
lo cambió todo.



#1121 en Fantasía
#4859 en Novela romántica

En el texto hay: cristiano, amor adolescente

Editado: 28.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.