Había días buenos.
Días en los que T/N sentía que lo estaba logrando.
Que estaba avanzando.
Que estaba dejando atrás lo que tanto le había dolido.
Pero también…
había días como este.
Se despertó sin ganas.
Sin energía.
Sin esa pequeña paz que había comenzado a aparecer en su vida.
Se quedó en la cama más tiempo del necesario.
Mirando el techo.
Pensando.
Y sin darse cuenta…
volvió.
A los mismos pensamientos.
A las mismas preguntas.
A lo mismo que creía haber superado.
—¿Y si sí significaba algo…? —susurró.
Cerró los ojos con fuerza.
Molesta consigo misma.
—No… ya habías superado esto…
Pero no era tan fácil.
Nunca lo fue.
Porque soltar no es borrar.
Se levantó lentamente.
Arrastrando los pies.
Como si el simple hecho de empezar el día fuera demasiado.
Todo se sentía pesado otra vez.
Las calles.
La gente.
El ruido.
Y dentro de ella…
todo se sentía más fuerte.
Recordó momentos.
Pequeños.
Simples.
Pero suficientes.
Las conversaciones.
Las miradas.
Las palabras.
Y eso…
hizo que doliera otra vez.
—¿Por qué no puedo simplemente olvidarlo…? —murmuró.
Pero en el fondo sabía la respuesta.
Porque no solo era él.
Era todo lo que había sentido.
Todo lo que había empezado.
Todo lo que había cambiado dentro de ella.
Y eso…
no desaparece tan fácil.
Ese día no quiso ir a la iglesia.
Y esta vez…
no fue duda.
Fue decisión.
—No quiero… —dijo en voz baja.
No quería sentir.
No quería pensar.
No quería enfrentarse a todo eso otra vez.
Se quedó en su apartamento.
En silencio.
Pero el silencio…
ya no era su refugio.
Era un eco.
De todo lo que estaba evitando.
Se sentó en el suelo, abrazando sus piernas.
Su mirada perdida.
—Tal vez esto no es para mí… —susurró.
La frase salió más fuerte esta vez.
Más real.
Porque cuando el dolor vuelve…
también vuelven las dudas.
Cerró los ojos.
Intentando no llorar.
Pero no pudo.
Las lágrimas cayeron.
Lentas.
Silenciosas.
—Yo solo quería estar bien… —murmuró.
No estaba pidiendo demasiado.
Solo paz.
Solo claridad.
Solo… no sentirse así.
Pasaron los minutos.
O tal vez horas.
El tiempo no importaba.
Porque dentro de ella…
todo estaba detenido otra vez.
Hasta que, en medio de ese dolor…
algo apareció.
Un pensamiento.
Pequeño.
Pero claro.
La iglesia.
Ese lugar.
Ese momento.
Esa paz que había sentido.
Negó ligeramente con la cabeza.
—No… no quiero pensar en eso ahora…
Pero el pensamiento no se fue.
Se quedó.
Persistente.
Como si algo dentro de ella…
no quisiera soltarlo.
Respiró hondo.
Limpiándose las lágrimas.
—¿Por qué sigo volviendo a eso…?
Y en el fondo…
sabía la respuesta.
Porque ahí…
había encontrado algo real.
Incluso si ahora no lo sentía igual.
Se levantó lentamente.
Caminó hacia la cama.
Y se dejó caer sobre ella.
Mirando el techo.
Otra vez.
—No entiendo… —susurró.
Pero esta vez…
no intentó forzar una respuesta.
Solo se quedó ahí.
Cansada.
Y en medio de ese cansancio…
cerró los ojos.
No para orar.
No para pensar.
Solo…
para descansar.
Y aunque ese día no fue fuerte…
no fue valiente…
no fue “perfecto”…
Fue real.
Porque a veces…
caer también es parte del proceso.