Amor sin diagnóstico

2

Luego de aquel bello momento, hablaron relajadamente durante el resto de la sesión. Minjae se desahoga, encontrando en el pelinegro un soporte inesperado. Le era imposible no notar la forma en la que el piercing de su labio brilla cuando Yeonguk habla, y cómo se tensan sus músculos cada vez que cambia de postura. Por su parte, el mayor mantiene una mirada intensa y profunda, causando más nerviosismo en el peli-rosa y creando una atmósfera de tensión completamente palpable.

Sentía que podía pasar horas hablando con su psicólogo y no se aburriría. Además, no podía desaprovechar cada oportunidad de sentir eso tan bonito que transmitía Yeonguk, a pesar de distraerse inevitablemente con sus marcados músculos y el tentador piercing de su labio.

El sonido del temporizador rompe el silencio de la habitación. El menor parpadeó, saliendo del trance. No se había dado cuenta de que el tiempo había pasado tan rápido; parecía haber ingresado hace apenas unos minutos.

—Bueno, eso es todo por hoy —dijo Yeonguk poniéndose de pie.

El peli-rosa se levantó del sofá, sintiendo de pronto un vacío en el estómago. No quería irse.

—Muchas gracias, doctor —susurró, mirando al suelo con nerviosismo.

—No hay de qué. Te veo la próxima semana —respondió el mayor con esa voz profunda que le ponía la piel de gallina.

El más pequeño caminó hacia la puerta y la abrió. En cuanto puso un pie en la sala de espera, sus padres se levantaron de un salto, como si estuvieran esperando una señal. Tenían caras de preocupación, pero de esa preocupación falsa que solo buscaba salvar las apariencias.

—¿Y bien, doctor? —preguntó su madre, acercándose al pelinegro, quien acababa de salir detrás del peli-rosa—. ¿Cómo le fue a mi hijo? ¿Hay alguna esperanza?

Su padre se cruzó de brazos, mirando fijamente al psicólogo. El menor apretó los puños, temiendo que Yeonguk fuese a decir algo que los hiciera enojar o sospechar.

Sin embargo, el mayor cambió por completo su actitud. Su postura se volvió mucho más formal y profesional, aunque Minjae pudo notar una clara chispa de diversión en sus ojos.

—El joven Minjae ha cooperado muy bien el día de hoy —dijo el pelinegro con total calma, mirando a los señores—. Entiende la situación y está dispuesto a cooperar. Pero es un proceso largo. Necesitaremos vernos seguido para avanzar con el tratamiento.

—Ay, menos mal… Sabíamos que usted era el indicado. Muchas gracias.

Antes de dar la vuelta para regresar a su consultorio, Yeonguk miró fijo al menor. Fue una mirada rápida, cómplice, que nadie más notó, pero que hizo que al peli-rosa se le acelerara el corazón por completo.

—Vayan con cuidado —se despidió el psicólogo.

Minjae caminó hacia la salida del edificio siguiendo a sus padres, quienes ya iban murmurando cosas entre ellos en el pasillo. Mientras cruzaban la puerta hacia la calle, el peli-rosa se tocó el pecho. El miedo con el que había entrado se había esfumado por completo; ahora, lo único que sentía eran unas ganas inmensas de que pasara rápido la semana para, por fin, volver a encerrarse en ese consultorio.



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En el texto hay: amor prohibido, bts, jikook

Editado: 15.07.2026

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